Para comprender la interacción de la fauna con los cultivos agrícolas y reducir los conflictos con los productores, se utilizan estrategias como cercos electrificados, luces, bocinas e incluso espantapájaros, explicó Fernando Contreras Moreno, oficial del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).
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Detalló que una de las acciones del organismo no gubernamental es ahuyentar a los animales silvestres para que regresen a la selva, evitando un choque entre humanos y fauna. Para ello, exhibió diversos métodos de aplicación, destacando las cámaras trampa, utilizadas en investigación científica de especies.
Las cámaras trampa son dispositivos fotográficos modificados para resistir agua y sol. Equipadas con sensores de calor y movimiento, permiten obtener datos sensibles sobre la presencia y comportamiento de la fauna.
Además de su uso en aguadas, sartenejas y bebederos artificiales, estas cámaras ayudan a monitorear milpas, sistemas de producción y apiarios. Gracias a los registros fotográficos, es posible identificar especies, cantidad de individuos y su interacción con los cultivos.
Históricamente, desde las épocas prehispánicas, los humanos han interactuado con la fauna silvestre. Sin embargo, cuando esta relación se vuelve nociva, la gente puede reaccionar de forma negativa, afectando a los animales, algo que WWF busca evitar.
Aún no se comprende por completo la relación entre fauna y producción agrícola, aunque ya existen indicios sobre ciertas especies que se alimentan de árboles frutales. Algunas quiebran arbolitos pequeños para consumir sus hojas, lo que genera inconformidad en los productores.
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Para ahuyentar a los animales sin dañarlos, se emplean estrategias como cercos electrificados, luces, bocinas, distractores físicos y espantapájaros, asegurando que el impacto en la fauna sea mínimo y efectivo.