Opinión

Un Revolucionario Día de la Mujer

Hugo Carbajal Aguilar

En Resumen Latinoamericano encuentro y comparto estas notas de Ester Kandel que nos sitúan en el debate. Afirma la investigadora que las trabajadoras están con las manos doblemente atadas y que “La división en clases sociales se expresó, asimismo en el movimiento feminista: “Igualdad de derechos”, clamaban las mujeres pertenecientes a la burguesía, en cambio la primera consigna de las obreras fue: “Derecho al trabajo”.

“Desde los años 1850, las obreras lucharon por las reivindicaciones siguientes:

1. Acceso a los sindicatos en las mismas condiciones que los colegas masculinos. 2. A trabajo igual, salario igual. 3. Protección del trabajo femenino (esta reivindicación apareció a finales del siglo XIX. 4. Protección general de la maternidad.

En “Los fundamentos sociales de la cuestión femenina”, Alejandra Kollontay, se refiere a la igualdad política: “Las feministas buscan la igualdad en el marco de la sociedad de clases existente, de ninguna manera atacan la base de esta sociedad.”

Este debate continúa y se expresa en las organizaciones y en las calles de nuestro país. Por ello, el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, no se celebra, se conmemora. No estamos celebrando a las mujeres por ser mujeres ni queremos felicitarlas por ser lindas, tiernas, amorosas, sumisas, aguantadoras, luchonas, buenas madres, buenas esposas o buenas hijas.

Este día se conmemora la muerte de 140 jóvenes mujeres trabajadoras, en un incendio en una fábrica de Nueva York, hecho que colocó en la agenda internacional los derechos de las mujeres trabajadoras.

En todo el mundo cada día millones de mujeres son discriminadas, maltratadas física y psicológicamente, violadas, mutiladas, torturadas y asesinadas por el hecho de ser mujeres.

México es uno de los países con más casos de discriminación y violencia contra la mujer cada año.

Tenemos que evaluar la condición y posición de las mujeres en cada país, en cada estado, en cada población. Exigir al Estado que cumpla con los compromisos internacionales de derechos humanos de las mujeres, para exigir que rindan cuentas de los avances, los logros, los retos y los retrocesos.

Celebrar como si fuera una festividad oculta las desigualdades que viven millones de mujeres, de las que los gobiernos no quieren hablar, ni informar, ni rendir cuentas. Se trata de difundir los derechos humanos de las mujeres, cuestionar, exigir, luchar y sobre todo apoyar los movimientos para la igualdad de los derechos.

Termina su reflexión con esta agenda que debe ser permanente:

–No perder de vista la relación de la economía, el desarrollo social y cultural y la inserción laboral de las mujeres.

–La doble opresión, clase y género.

–La relación entre la producción y la reproducción.

–El sentido de las tareas domésticas y el cuidado de los infantes.

–La relación clase-género o la contradicción entre los sexos.

Exigiendo políticas efectivas a favor de: * Trabajo digno. *Atención a la primera infancia. * Educación sexual para decidir. * Anticoncepción para no abortar. * Aborto legal, seguro y gratuito para no morir.

Y en contra de: * El acoso sexual en el trabajo * La violencia familiar, laboral y obstétrica * La violencia sexual * La trata de mujeres y niñas.

Nuestra admirada Rosario Castellanos ya se dolía del trato recibido en los años cincuenta por su contraparte masculina:

“Sé por ellos, decía, que la esencia de la feminidad radica fundamentalmente en aspectos negativos: la debilidad del cuerpo, la torpeza de la mente, en suma, la incapacidad para el trabajo. Las mujeres son mujeres porque no pueden hacer ni esto ni aquello, ni lo de más allá”.

Esta no tan suave ironía, esta finísima queja para echarnos en cara el trato que se le suministraba a la mujer dio pábulo para que en urgente autocrítica, nuestra sociedad emprendiera con suficientes argumentos el camino necesario para entender, para recuperar con toda seriedad y objetividad el importante papel desempeñado a lo largo de la historia por el género humano femenino.

Encontramos, en esta fecha conmemorativa, una feliz coincidencia. Precisamente este 8 de marzo se cumple el 45 aniversario de la Primera Conferencia Internacional de la Mujer realizada justamente en nuestro país en 1975 así como los 25 años de la Cuarta Conferencia Mundial realizada en Pekín en 1995. En estos eventos importantes se han contraído compromisos muy serios:

“…el compromiso sin reserva para promover el adelanto y la potenciación de las mujeres y las niñas en todo el mundo; a defender los derechos y la dignidad humana intrínseca de las mujeres y los hombres incluido el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia, de religión y de creencia; el reconocimiento de que la mujer ha avanzado en algunos aspectos, aunque el progreso no ha sido homogéneo y esta situación se ha visto agravada por una pobreza cada vez mayor”.

Esta plataforma de acción suscrita por 189 gobiernos los ha comprometido a impulsar estrategias para eliminar la discriminación contra la mujer, para erradicar la pobreza y para adoptar medidas a fin de que un número decisivo de ellas ocupe puestos estratégicos. Como se ve no se trata sólo de reivindicar el papel de la mujer en la actualidad, sino de hacer valer en la práctica dichos compromisos suscritos. No se trata tampoco de cuotas de poder o de porcentajes electoreros sino de una real participación equitativa –con todo lo que esto implica– en los espacios de decisión.

Celebremos pues los 45 años de la Primera Conferencia en México, celebremos también los 25 años de Pekín… conmemoremos asimismo este Día Internacional de la Mujer. Pero más que conmemoración, estos eventos tienen que ser oportunidad para reafirmar nuestra vocación de lucha por lograr el advenimiento de una sociedad donde el respeto a la libertad de conciencia, a la dignidad e igualdad plenas de las mujeres sean aspectos que constituyan nuestra cotidiana forma de vivir.