Opinión

Camilo, el cura guerrillero que murió en combate sin disparar un tiro

“Camilo pertenecía a lo que suele considerarse la aristocracia bogotana (aunque el término cabe muy estrechamente en un país sin monarquía)”.

Camilo, el cura guerrillero que murió en combate sin disparar un tiro
Camilo, el cura guerrillero que murió en combate sin disparar un tiro

Casi 60 años después de su muerte, el pasado viernes el Ejército de Liberación Nacional (ELN), grupo guerrillero en el que militó y murió el sacerdote colombiano Camilo Torres Restrepo (1929-1966), anunció mediante un comunicado que había encontrado e identificado sus restos mortales y que pedía que fueran sepultados en la Universidad Nacional, de la cual fue capellán y fundador de la Facultad de Sociología. Lo primero que sorprende es que un grupo guerrillero sin gran capacidad logística haya podido localizar e identificar los restos. El lugar de la tumba era un secreto que guardaba celosamente el general Valencia Tovar, ya fallecido, quien comandaba la Quinta Brigada, a la cual pertenecía el escuadrón al que se enfrentó Camilo y la compartió sólo con Fernando, su hermano. Hasta ahora no se sabe que alguien más tuviera ese dato. El expresidente Juan Manuel Santos, luego de que firmó el Acuerdo de Paz con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se comprometió a recuperar los restos de Camilo, pero no se sabe que lo hubiera logrado. ¿Cómo identificó el ELN los restos? No se tiene noticias de que contara con equipos técnicos para hacerlo.

La Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas ha dicho que, después de dos años de búsqueda, han llegado a la casi certeza de que identificaron el cadáver. Pero es algo que no tiene ninguna relación con las supuestas actividades del ELN y su afirmación de que ellos lo habían encontrado.

Camilo pertenecía a lo que suele considerarse la aristocracia bogotana (aunque el término cabe muy estrechamente en un país sin monarquía); le gustaba el cine, la canción francesa, el teatro, los conciertos y reunía en actividades a los muchachos de la Nacional y la Javeriana, la Universidad de los Jesuitas donde estudiaba la elite. Era hijo de una mujer adelantada a su tiempo que siempre lo acompañó en todas las elecciones que asumió en su vida: como sacerdote, como luchador popular y luego como guerrillero. Cuando fundó el Frente Unido, como un intento de unidad, y creó el periódico del mismo nombre para difundir su plataforma política, ahí estaba Ia muy burguesa Isabelita voceándolo por las calles para venderlo.

Eso era en la época en que Camilo ya se había convertido en figura política. Antes de eso había estudiado en Lovaina (Bélgica), donde gestionó becas para colombianos iniciando así lo que luego devendría en un cuerpo de investigadores académicos que han nutrido los argumentos de organizaciones populares. A su regreso al país, fue nombrado capellán de la Universidad Nacional, la principal universidad pública del país y de su capilla, donde no aplicaba censura, acudían ateos o simplemente indiferentes en el tema de la religión a casarse o bautizar a sus hijos, argumento que utilizó el arzobispo para echarlo de la capellanía (bautizó al hijo mayor de Gabriel García Márquez, entre muchos otros). Después, como Camilo seguía en sus labores académicas que la iglesia oficial consideraba no muy ortodoxas, lo retiró de sus funciones sacerdotales y pasó a ser simplemente laico, lo cual no impidió que continuara su actividad en los barrios populares, pero no haciendo caridad, sino organizando, con instrumentos técnicos como encuestas, con ayuda de sus alumnos, obras para mejorar la vida de sus habitantes. La Fundación Ford le ofreció financiación para hacer investigación en Europa, pero él prefirió quedarse en Colombia para continuar su labor social.

Realizó una gira por las principales ciudades del país donde era recibido por multitudes. Pero, paulatinamente los espacios legales se le fueron cerrando: la Iglesia lo echó de su seno, el establecimiento lo rechazaba por revolucionario -cuando su propuesta hasta ese entonces podía considerarse socialdemócrata- y los cuerpos de Seguridad empezaron a acosarlo. El ELN había designado a algunos de sus cuadros universitarios para que lo acompañaran en todo momento y todo parece haber confluido para que llegara a la convicción de que se le habían cerrado todos los caminos dentro de la legalidad y que no le quedaba otro remedio que incorporarse a la guerrilla.

Así lo dijo en el comunicado que lanzó “desde las montañas de Colombia” en que anunciaba que había ingresado a esa guerrilla. Personas que lo conocieron de cerca en aquel entonces dicen que la lucha armada le generaba problemas éticos como cristiano. En ese comunicado pareció haber zanjado esas contradicciones con la teoría del amor eficaz: el amor al prójimo, si es verdadero, debe ser eficaz y sólo puede serlo si conduce a una vida digna, con justicia social que solo puede lograrse mediante las armas porque el sistema capitalista y sus oligarquías no van a ceder voluntariamente.

En el grupo guerrillero el jefe le notificó que allí todos eran iguales, que la notoriedad que tenía en la ciudad no lo hacía diferente de los demás compañeros y que el verdadero guerrillero era el que tenía un fusil porque se lo había recuperado al enemigo. Con solo días en la guerrilla, en su primer encuentro con la tropa, armado apenas con un revólver que no había tenido tiempo de aprender a manejar, al ir a recoger el fusil de un soldado caído fue alcanzado por una bala certera.

Julio César Cortés y Jaime Arenas, dos de los jóvenes del ELN que lo acompañaron en sus giras de campaña cayeron abatidos por las balas de sus propios compañeros.