La reactivación de la Ruta 27 de Turicun, con al menos tres nuevas unidades adaptadas, es considerada por algunos usuarios como un avance en materia de movilidad accesible; sin embargo, también dividió opiniones, ya que esta se dirige a la zona hotelera, un destino históricamente priorizado por los concesionarios, mientras otras áreas con alta demanda continúan sin atención.
Si bien, parte del fraccionamiento Cielo Nuevo (base), pasando por las avenidas Lak’in, José López Portillo, Nichupté, Tulum y bulevar Kukulcán hasta el kilómetro 20, los usuarios aseguraron que hacen falta más unidades, pero en toda la ciudad.
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“Las necesitamos, pero no solo en avenidas principales, urgen camiones en todas las colonias”, dijo Leticia, habitante.
Destacó que Prado Norte carece de rutas, pues solo las “combis” de la 14 o 23 pasan por la zona.
“Mucha gente se queda esperando cuando es horario de trabajo y de noche, tardan mucho”, refirió.
Para algunos ciudadanos, el regreso de esta ruta representa una mejora tangible.
“Tengo un hijo con discapacidad y es la primera vez que veo un camión con rampa funcionando. Es algo que debió implementarse desde hace años”, señaló Isabel López, de la Región 95.
No obstante, otros usuarios consideran que el beneficio es limitado frente a las necesidades de quienes no trabajan en la zona de playas, pero deben llevar a sus hijos a la escuela y trasladarse diariamente al centro o a zonas periféricas.
“Yo vivo en la Región 235, llevo a mis hijos al colegio y luego tengo que ir al centro a trabajar. Esta ruta no me ayuda, seguimos con las mismas carencias”, comentó Juan Manuel Hernández, trabajador de abarrotes.
Aunque la reactivación de la Ruta 27 puede considerarse un paso positivo, resulta insuficiente frente a la magnitud del problema.
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En Cancún, el 99.9% de las unidades de transporte público no están adaptadas, pese a que la Ley de Movilidad obliga a garantizar al menos el 10% de accesibilidad para personas con discapacidad, adultos mayores, madres y padres con hijos pequeños y usuarios con movilidad limitada.
Adultos mayores enfrentan obstáculos. “Los escalones son muy altos y los choferes no esperan; uno termina gastando en taxi”, relató Ernesto, jubilado, que reside en el centro de la ciudad.
Estudiantes y trabajadores señalaron que la falta de transporte inclusivo no solo es una barrera física, sino también económica, al obligarlos a recurrir a opciones más costosas para cumplir con sus actividades diarias.