La pareja formada por María Ramos y Juan Masaba padece muchas carencias al no tener recursos económicos suficientes. Ambos son diabéticos, el señor Juan sufrió una supuesta negligencia médica en el IMSS de la Reg. 510, un procedimiento médico mal hecho le dejó inmóvil el 70% del cuerpo.
La pareja se mantiene del poco trabajo que la señora María puede hacer, como limpiar casas, que en ocasiones no le pagan. Se alimentan de la comida que otros vecinos les regalan, un desayuno para los dos es medio tamal de frijol, café y leche en polvo. Sus hijos les envían recursos, pero hace años no los visitan, mientras tanto el señor Juan requiere pañales, pastillas y medicamentos para la diabetes.
Juan Masaba tiene 68 años, trabajó desde muy joven en su natal Coatzacoalcos, Veracruz. Vendió chicles y también limpió parabrisas, por lo que siempre tuvo sentido de responsabilidad y cultura del trabajo.
Hace, aproximadamente, cinco años cuando trabajaba como guardia de seguridad comenzó a tener lapsus y pérdidas de memoria, sin embargo, los estudios arrojaron que no padecía Alzheimer. Su pérdida de memoria se debía a caídas y por golpes que tuvo en la cabeza.
Por su edad comenzó a tener hernias en la espalda baja, por lo que decidió ir a tratarse al Seguro Social, en este caso en el IMSS regional Núm. 17 conocido como IMSS de la región 510.
Una presunta negligencia médica cometida por un anestesiólogo que le suministró una dosis incorrecta de anestesia, además de hacerlo cerca de la columna vertebral, provocó que su movilidad se viera reducida. Menciona Juan que un 25 de diciembre ya no se pudo poner de pie y su cuerpo no tenía fuerza alguna.
“Fui al Seguro Social para que me tratasen unas hernias que tenía en la espalda y me perjudicaron más. Mírenme como estoy, postrado en una cama, siendo una carga para mi esposa, quien debió encargarse de todo, cuando antes era yo quien hacia todo esto”.
“En mi trabajo como guardia de seguridad prácticamente me corrieron, y de 9 mil pesos que se me debió dar de jubilación solo recibí 4900 pesos al mes”, menciona el señor Juan.
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Su esposa María debió encargarse de las necesidades y responsabilidades del hogar. Ella tiene 65 años y entre lágrimas cuenta su historia. Menciona que tienen tres hijos, y sólo uno los apoya esporádicamente con dinero y despensa. Viven con un nieto, al cual consideran su hijo porque lo criaron desde pequeño y es quien más les ayuda. Sin embargo, su economía es precaria y no tienen dinero para abastecerse.
Ambos son diabéticos, se les complica especialmente la cuestión de la alimentación, ya que pasan hambre y sed constantemente. Cuando van al Seguro Social por sus medicinas obtienen como respuesta: “No hay tal o cual medicina”, lo que les genera aún más tristeza.
El señor Juan requiere constantemente pañales, ya que perdió la movilidad en su cuerpo y no puede ponerse de pie, salvo algunos buenos días cuando logra utilizar su andadera.
“Yo debo trabajar y hacer el quehacer en la casa para poder subsistir. Mis hijos me ayudan poco y casi no nos visitan. Sólo nos quedamos con nuestro nietecito, pero el igual debe ir a trabajar para traer unos centavitos para la casa. Yo trabajé para una señora haciéndole limpieza en la casa, pero no me pagó los tres días que le laboré”, menciona la señora María.
Pasar corajes, hambres, estrés y la constante tristeza hace que María tenga intensos dolores de cabeza y achaques del corazón, sin embargo, debe conformarse con tomar sus pastillas para la presión mientras ve como las tabletas se acaban.
La pareja hace un llamado de auxilio a los vecinos de su comunidad y a la ciudad para que les ayuden con alimentos y recursos, ya que son personas adultas mayores muy vulnerables, con los efectos de la diabetes y parálisis corporales. Agradecen encarecidamente a quien se les pueda suministrar alimentos, medicinas, pañales de adulto y cualquier otro insumo que de buen corazón se quiera otorgar.
Los abuelitos viven en la colonia Invasión Bahía Real, en la esquina de las calles Bahía de Oaxaca y Dailan. Su casa de identifica por tener un patio con plantas, una albarrada con plantas en su exterior y bolsas de pañales colgadas en su reja, señalando la necesidad que tienen.
“Mientras Dios dé razón de conciencia y fuerzas seguiré adelante. Tengo que ver por nosotros y no podemos darnos por vencidos”, afirma la pareja.