Leonel Escalante Aguilar*
De carácter siempre afable, inquieto, de excelente buen humor y siempre pensando en concretar proyectos que generaran el crecimiento de Valladolid, su tierra natal, don Alfonso Sánchez Arzápalo fue, sin duda, uno de los hombres más visionarios de su tiempo.
Hace ya medio siglo muchos empresarios le apostaron, con fuertes inversiones al desarrollo de lo que hoy es el polo turístico de Cancún, sin imaginar seguramente en lo que más adelante se convertiría: el centro vacacional más importante del Sureste mexicano que recibe hoy en día a más de 14 millones de turistas al año, según datos de la Secretaría de Turismo.
Nuestra ciudad con su tranquila cotidianidad era un importante motor de la economía en el plano comercial y agrícola e incipiente aún en el plano de recepción de huéspedes, agentes de ventas y algunos visitantes. Existían ya nacientes hoteles y centros de hospedaje, pequeños hostales que brindaban espacio a aquellos foráneos que veían a Valladolid como una importante plaza comercial en la que era imprescindible pasar la noche y retornar al día siguiente por autobús o ferrocarril a su ciudad o pueblos de origen, después de hacer labores de compra-venta en el comercio local.
El Hotel María de las Luz, financiado con recursos familiares y con la dirección arquitectónica del Ing. Ricardo Méndez Baeza, abrió sus puertas el 31 de enero de 1970 en el lugar donde hubo una antigua casona en la calle 42 por 39, en frente del parque principal de Valladolid. Sus veintidós nuevas y confortables habitaciones recibían a aquellos que solían visitar en esos días a nuestra ciudad que estaba de fiesta y romería por las celebraciones a la Virgen de la Candelaria.
Don Alfonso dio siempre un trato especial a cada uno de sus clientes y huéspedes; su bonhomía, agradable carácter y una buena taza de aromado café, compartida con sus comensales, eran motivo también para hospedarse en tan moderno centro de hospedaje. El restaurante El Castellano, que servía –como hasta la fecha- deliciosos platillos de nuestra gastronomía, las agradables noches de bohemia en el Bar Rubens, su fresca y espaciosa piscina y agradables jardines, lo hacía un hotel con verdadera calidez y era referente en el excelente servicio gracias al trato siempre especial de su propietario y de su inseparable esposa, doña Argelia González Vidal.
La carretera a Puerto Juárez fue modernizada precisamente esa misma década y era la vía más importante que unía a nuestra ciudad con el naciente y floreciente Cancún. Con el paso de los años Valladolid se convirtió en la puerta de entrada al mundo colonial para todos aquellos visitantes extranjeros que, además, venían a conocer el centro ceremonial y arqueológico de Chichén Itzá.
En esa misma dinámica, la ciudad fue avanzando y creciendo con pasos muy ágiles y la visión de don Alfonso creció también, al ir mejorando los servicios y de esa manera la calidad turística fue acrecentada con nuevas habitaciones –hoy son setenta y dos-, dotándolas de aire acondicionado, servicio de alimentos a las habitaciones, música en vivo en el ya desaparecido Bar Rubens y la siempre inigualable anfitrionía familiar.
Hoy, con una solemne misa en el festivo barrio y junto a la imagen de la Virgen de Candelaria y con un suculento desayuno ofrecido por tan importante celebración, la familia Sánchez González dio gracias por el cincuenta aniversario del Hotel María de la Luz y agradeció también por el pilar de tan destacados empresarios hoteleros: don Alfonso Sánchez Arzápalo, quien sembró en sus hijos la semilla que hoy da frescos frutos y que los mantiene unidos trabajando sin descanso siguiendo la hermosa y fecunda tradición de hospitalidad, esfuerzo y disciplina que es imborrable legado de su inolvidable padre.
*Cronista de la ciudad