El siglo XIX representó un momento muy importante en la vida económica, social y cultural, no solo para México, sino también para Yucatán. Es en el tiempo conocido como Porfiriato cuando se presenta una manera diferente de ver la vid o, mejor dicho, de vivirla, ya que las estructuras sociales se vieron envueltas en una vorágine en donde los cambios se presentaban de manera rápida e inmediata y repercutieron en forma directa en la vida de los mexicanos y yucatecos, de manera especial.
Con la aparición de la prensa, la oferta laboral pareció crecer de forma muy notoria. Si bien es cierto que costaba un buen dinero el poder anunciarse en esta, también representaba una buena inversión a corto y largo plazo, ya que además de llegar a un mayor número de personas, permitía describir de manera muy clara las características de sus profesiones y oficios.
Los anuncios podían ser muy sencillos, en donde se diera a conocer el nombre de la persona, su profesión u oficio y su dirección, o bien muy elaborados, en donde se daban a conocer al respetable las características y ventajas de la contratación del servicio que ofrecían. De esta manera podíamos ver y leer anunciados en los periódicos de la época profesiones conocidas y otras que se empezaban a dar a conocer. También la gran diversidad de oficios eran bienvenidos en las páginas de los periódicos decimonónicos.
Nuestra sociedad de aquellos años reclamaban una serie de actividades que solamente eran realizadas por algunas pocas personas y en el mayor de los casos estas profesiones se reproducían de padres e hijos. Eran profesiones que si bien es cierto no requerían estudios profesionales, sí se necesitaban para poder realizarlos una serie de habilidades y destrezas que solo se podía obtener por medio de la práctica y de la observación diaria.
En estas ocasión haré una descripción de algunos de los anuncios que se publicaron en La Revista de Mérida, en el período de 1875 a 1900, conocido como el Porfiriato, y en donde nos daremos cuenta de la diversidad de profesiones y oficios que se publicitaban en ese entonces. De tal suerte que los anuncios eran tanto de hombres como de mujeres, nacionales, locales o bien extranjeros, que en algunos casos estando de paso por nuestra ciudad aprovechaban publicitarse para darse a conocer y, por qué no, ganarse algunos pesos en su estancia en esta ciudad.
Entre las profesiones y oficios que podemos encontrar en las páginas de La Revista de Mérida en el período antes mencionado podemos citar: médico cirujano, cirujano dentista, médico botánico, médico homeópata y alópata, abogado, tenedor de libros, agrimensor, ópticos, profesoras de partos y profesores (en muy variadas categorías y especialidades). Entre los oficios: retratista, pailero, mecánico, sastre, vendedor de ganado, estatuario, marmolista-escultor, marmolista lapidario, zapatero, panadero, confiterista, pintor, relojero, talabartero, mueblista y fabricante de cajas para cadáveres, modista, modista, etcétera.
Como hemos visto y leído, tanto los hombres como las mujeres tenían la oportunidad de ofrecer sus servicios por medio de la prensa, que en este momento se presentaba como la mejor forma de promocionarse y hacer propaganda de sus conocimientos para, por una parte, servir a la sociedad y, por otra, tener un ingreso que les permitiera una vida de comodidades.
En primera instancia haré una descripción de algunos de los anuncios en donde los diversos profesionistas aprovechaban las páginas de La Revista de Mérida para anunciarse. En el caso de los médicos cirujanos, en los anuncios que estos pagaban por publicitarse en la prensa, llama la atención el aspecto humanitario al brindar consultas gratis a los pobres, tal y como podemos ver en el siguiente anuncio:
Pedro Capetillo Álvarez
Licenciado en Medicina y cirugía, participa al público y á sus amigos particularmente, que ha fijado ya su domicilio en esta capital, donde se dedicará al ejercicio de su facultad. Las personas que deseen favorecerlo con su confianza, lo tienen á sus órdenes en la 4.ª calle de Progreso Sur número 3. Consulta á los pobres de 2 á 4 de la tarde, gratis. (Martes 26 de junio de 1884, p. 1).
Los pobres recibían también otros calificativos, como lo podemos leer en el siguiente anuncio en donde se les hace un llamado a aquellos que necesiten de alguna consulta por padecer algún tipo de dolencia o enfermedad:
Bernardino Méndez
Médico-Cirujano
Consultas de 10 de la mañana á 1 de la tarde. Gratis á los pobres de solemnidad.
Cuarta calle de Progreso Norte, número 32, frente al Parque “Unión”. (Jueves 26 de octubre de 1884, p. 1).
Las mujeres profesionistas en la medicina también ocupaban algunas páginas de La Revista de Mérida. En estos ejemplos ofrecen sus servicios una dentista y una obstetra:
Mme. Duval
Cirujana Dentista de la Facultad de París
Se ofrece al público en general, para todos los ramos de su profesión. Empastaduras, Orificaciones, Dientes artificiales, Limpiezas, Extracciones sin dolor, etc. Especialidades de la boca. 2.ª Calle de Cepeda Peraza, Núm. 9. (Martes 7 de agosto de 1883, p. 4).
Cristina Lavalle Avilés
Profesora de Partos de la Facultad de Yucatán, ofrece sus servicios profesionales á cualquier hora del día ó de la noche para dentro y fuera de la ciudad. (Domingo 4 de diciembre de 1898,p. 6).
Los abogados se anunciaban de forma muy sencilla, solo hacían alusión a su deseo de ofrecer sus servicios en el ramo de su profesión, tal y como lo podemos observar en el siguiente anuncio:
Eligio A. Rosado
Abogado
Ofrece al público sus servicios profesionales en esta Capital. (Martes 7 de marzo de 1882, p. 3).
En cuanto a la diversidad de anuncios de los oficios que se ofrecían en las páginas de La Revista de Mérida, se pudo encontrar una gran diversidad de estos, en donde el ingenio y la descripción pormenorizada de sus actividades hacían de estos muy ágiles y fáciles de leer.
Bibian Díaz Rodríguez
Maestro pailero
Ofrece sus servicios al público en general, con especialidad en composiciones de calderas de vapor, así como en construcción de tanques y demás trabajos concernientes á su ramo. Su casa habitación frente al taller de fundición.(Jueves 12 de junio de 1884, p. 1).
Uno de los anuncios que llama la atención por la claridad de los productos que estos ofrecían fue el de la panadería y chocolatería Ayuso y Suárez:
Tenemos el gusto de ofrecer al R. público este establecimiento en el cual nos proponemos elaborar el pan con todo el esmero y aseo, usando los mejores materiales, pues nuestro objeto es que queden complacidos nuestros favorecedores, contamos con inteligentes operarios que desean también lucir sus habilidades.
Serán atendidos los encargos de favor especiales: Chocolates, leche, café, etc., se servirá á satisfacción del consumidor desde las 4 de la mañana á las 9 de la noche. 2ª. Calle de Porfirio Díaz, Poniente, ó sea calle de Santiago, esquina denominada popularmente “El Tigre”. M. Ayuso Escobedo y J. Suárez Villamil. (Miércoles 19 de marzo de 1884, p. 1).
El viaje a la última morada era una preocupación de familiares y deudos ante la posibilidad de muerte de algún conocido o miembro de la familia. Para este momento, se contaba en la ciudad con personas que se dedicaban a la fabricación de cajas para cadáveres, entre estos destaca el siguiente anuncio:
Bernabé García
Mueblista y fabricante de cajas para cadáveres
Bajada del Castillo. Mérida De Yucatán
Tengo el gusto de ofrecer al público de venta Cajas para cadáveres, desde la más sencilla, hasta la más lujosa, no excediendo éstas en valor de $25, aunque vayan forradas de para y adornadas de níquel, para alquiler. Mi despacho está abierto á todas horas y todos los días, incluso los feriados sin alterar el precio por hacer el servicio de noche. (Domingo 8 de agosto de 1886, p. 1).
Y para finalizar esta nota, mis caros y caras lectoras, como ustedes han de saber, no hay nada que quede en el recuerdo de los dolientes que una bonita lápida en el sepulcro, para atender esta necesidad, había que contratar al responsable del siguiente anuncio:
LÁPIDAS
Se hacen de muy diversas formas y á precios módicos, en la calle central Oriente, número 18. En la Agencia de Encargos se reciben órdenes. Félix Martín Espinosa.(Jueves 28 de abril de 1887, p. 1).