Por Enriquito Núñez, especial para POR ESTO!
Con motivo del 80 aniversario de su debut escénico, fue homenajeada la noche de este martes con una velada artística la queridísima Rosita Fornés, en la Sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, que se repletó de un público que vino a expresarle su cariño a la diva de 96 años. Con el título “Nuestra Rosa de Cuba”, el tributo fue dirigido por Raúl de la Rosa, quien por más de tres décadas realizó los montajes de numerosos espectáculos de la gran vedete cubana.
A su llegada al teatro, y bajo un atronador aplauso y exclamaciones de júbilo, la artista ocupó un palco, y desde allí se dispuso a disfrutar del homenaje que le fuera brindado, pero también se dejó fotografiar largamente por decenas de sus admiradores, que se acercaron a saludarla a su llegada y durante el intermedio. Todos querían verla, acariciarla, besar las manos de su querida Rosita.
Las palabras iniciales del homenaje fueron pronunciadas por el poeta Miguel Barnet, quien destacó que tras el triunfo de la Revolución cubana, y siendo ya una artista internacional, Rosita pudo radicarse en los Estados Unidos, España o México; sin embargo, decidió permanecer al lado de su pueblo, en su Patria, y continuar desarrollando desde allí la inmensa carrera que la ha hecho acreedora del cariño y el reconocimiento de varias generaciones. Fue la figura central en numerosas delegaciones artísticas que viajaron por el mundo a partir de 1960. Cuba le otorgó los Premios Nacionales de Teatro, de Música, de Radio y de Televisión, algo no logrado antes ni después por ningún otro artista cubano. Barnet definió acertadamente a la Fornés como “la novia de Cuba”.
Rosalía Palet Bonavia nació en Nueva York en 1923, de padres españoles. Muy pequeña, y tras la separación de aquellos, se trasladó con su madre a Cuba, donde hizo su debut escénico en 1939, con apenas 15 años de edad. Una belleza física impresionante, unos ojos verdes como dos gemas, su sonrisa y simpatía, pero sobre todo sus naturales condiciones vocales e histriónicas le permitieron a la joven Rosa convertirse en muy pocos años en una gran artista. Habiendo escogido el canto lírico y el teatro de variedades como géneros preponderantes en su quehacer, la bellísima actriz y cantante captó de inmediato la atención de directores de escena y de cine dentro y fuera de Cuba.
Rosita Fornés se convirtió en una estrella de la gran pantalla en México, país en el que residió y trabajó por muchos años, donde se casó por primera vez y tuvo a su única hija, Rosa María Medel, quien estuvo presente anoche en la velada en homenaje a su madre. Su protagonismo en decenas de filmes consolidó su reinado entre toda una generación de grandes artistas antillanos, y le colocaron para siempre en la preferencia de los públicos de Cuba, México y España. La zarzuela española y el musical norteamericano fueron géneros en los que Rosita Fornés brilló de manera especial. Son inolvidables sus interpretaciones en los papeles principales de Luisa Fernanda, La viuda alegre y Hello Dolly.
En Cuba, y después de 1959, la Fornés fue protagonista de cientos de programas de televisión, entre los que destacan algunos shows televisivos especialmente concebidos para ella. Tropicana la tuvo entre sus más destacadas estrellas, así como grandes producciones de otros cabarets la tuvieron como figura central. En un alarde de versatilidad, Rosita Fornés incursionó también en el teatro dramático, donde mostró sus extraordinarias cualidades como actriz. Quien firma estas líneas tuvo el privilegio de trabajar con ella en el Teatro Nacional de Cuba durante la puesta en escena de Confesión en el Barrio Chino –pieza escrita para ella por Nicolás Dorr– y disfrutar del éxito que le consiguió su magistral actuación durante una larga temporada.
El Ballet Nacional de Cuba, el Ballet Español de Cuba, el Teatro Lírico Nacional, la agrupación Vocal Retro, la poetisa Olga Navarro, destacados cantantes, actores, y la Orquesta del Gran Teatro de La Habana, bajo la conducción de Geovanni Duarte, conformaron el elenco que tributó anoche a Rosita Fornés en este 80 aniversario de su carrera. Muchas piezas que fueron éxitos del repertorio de la diva se dejaron escuchar, y fueron muy aplaudidas las actuaciones del comediante Mario Aguirre, quien cantó Balada para un loco, de Maureen Iznaga, con Los mareados, y de Vania Borges, con una poderosa interpretación de Cavaste una tumba.
Sin embargo, fue la Gran Vedette de Cuba quien “se robó el show” desde su palco, pues, al reclamo de más de mil admiradores, se puso de pie a saludar durante el intermedio, y dirigió unas emocionadas palabras para la eternidad. Con voz emocionada pero firme expresó:
“Yo tengo en mi casa una habitación muy grande repleta de todos las distinciones, las medallas, los trofeos y regalos que me han hecho durante mi carrera y mis viajes a muchos países, cosas muy bonitas, recuerdos muy queridos…pero el mejor regalo que he recibido en mi vida es el cariño de mi pueblo”. Una cerrada y larga ovación premió sus palabras. A sus 96 años, Rosita Fornés, “la novia de Cuba”, continúa conquistando nuestros corazones.