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Unicornio Por Esto: Un imperio en tierras mayas

El Cronista de Hecelchakán, Campeche, Joel Gonzalo Pacheco Berzunza, narra la llegada de los franceses a la Península De Yucatán.

Un imperio en tierras mayas
Un imperio en tierras mayas

Finalizada la cruenta guerra de los “Tres años”, entre liberales y conservadores, México se encontraba en lamentable situación económica. A causa de la penuria del erario, el presidente de la República, Benito Juárez, decretó el 17 de julio de 1861 la suspensión de pagos de la deuda pública, afectando con ello a los países con los que se tenían compromisos monetarios como, España, Inglaterra y Francia, quienes en coalición arribaron al puerto de Veracruz con sus escuadras navales para presionar al gobierno mexicano en la restitución de los pagos.

Después de negociaciones con estas tres potencias europeas, Inglaterra y España deciden retirarse; no así Francia, cuyo emperador, Napoleón III, buscó extender sus dominios en connivencia con los derrotados conservadores mexicanos, partidarios de establecer una monarquía en nuestro país. Ante la inminente intervención, el 12 de abril de 1862, Juárez envió una comunicación al gobernador campechano Pablo García: “[…] ha llegado el momento de probar a Francia y al mundo entero, que somos dignos de ser libres y capaces con nuestros solos recursos, de defender nuestra nacionalidad e independencia”.

En Campeche, el primer pronunciamiento a favor de la intervención de Francia, lo hizo en la Isla del Carmen el general Tomás Marín, de filiación conservadora y proimperialista. En ese lugar desembarcaron 50 hombres del buque “Grenade”, a mediados de 1862. Desde esta estratégica posición, se inició la hostilización a la capital campechana, con los cañoneros franceses “Magellan”, “Brandon”, “Fleche” y “L ‘Eclair”, los cuales perseguían a las embarcaciones campechanas y bombardeaban esporádicamente las murallas de la ciudad de Campeche. En 1863, el contralmirante francés George Charles Cloué, estrechó más el asedio a las fortificaciones campechanas.

En Yucatán, se sublevó el guerrillero Manuel Rodríguez Solís, el 28 de marzo de 1863, declarando jefe del pronunciamiento al general Felipe Navarrete. Imposibilitado de recibir apoyo militar cercano, el gobernador Liborio Irigoyen se vio obligado a capitular en julio, por lo que Felipe Navarrete asumió el mando político y militar del estado de Yucatán, apoyado por un Concejo de Gobierno.

Bloqueado el puerto de Campeche por la escuadra francesa, el único punto para el arribo de mercancías que abastecieran a este lugar era el puerto de Sisal; sin embargo, el autonombrado gobernador de Yucatán, Felipe Navarrete, se negó a esta alternativa, por lo que Pablo García organizó una expedición armada contra la capital yucateca, con tropas bajo el mando del coronel Manuel Cepeda Peraza, quien avanzó hasta Chocholá, donde fue derrotado por las tropas de Navarrete. En noviembre de 1863, las tropas yucatecas, aliadas con las francesas, ocuparon el Partido de Hecelchakán, del estado de Campeche, llegando hasta la capital, donde impusieron un sitio por tierra y por mar desde diciembre de aquel año. El 18 de enero de 1864, el gobernador García recibió una nota del comandante Cloué, jefe de las fuerzas navales que sitiaban el puerto, pidiendo su rendición y amenazando con arrasar la capital campechana de no acceder. Los representantes campechanos firmaron la rendición el 22 de enero a bordo del “Brandon”, ante los invasores Cloué y Navarrete. Liborio Irigoyen, Pablo García y Manuel Cepeda Peraza, fueron expulsados con destino a la Habana, Cuba, el 25 de enero de 1864. En mayo de ese año, llegó Maximiliano de Habsburgo para tomar posesión del Imperio Mexicano; Felipe Navarrete recibió el cargo de Prefecto Político Imperial y el 3 de septiembre de 1864, arribó como Comisario Imperial de la Península, el Ing. José Salazar Illarregui. La Península de Yucatán quedó dividida en tres departamentos (Mérida, Campeche y Carmen), cada uno con un Prefecto Superior Político, un Comandante Superior Militar y un Periódico Oficial.

Primer triunfo republicano en la Península de Yucatán y restauración de ésta

Para 1866, tanto Pablo García, como Manuel Cepeda Peraza, habían regresado de su exilio para retomar la lucha por la restauración de la república. El líder campechano se instaló en la ciudad de Campeche, sin embargo, se vio obligado a huir hacia Tabasco debido al hostigamiento de las autoridades imperialistas; por su parte, Manuel Cepeda inició la conspiración desde una casa ubicada a la vera del Camino Real, a escasos metros de la entrada a la ciudad de Mérida, por el arco de San Juan.

En San Juan Bautista (hoy Villahermosa), Pablo García recibió apoyo económico del gobernador Gregorio Méndez, quien puso a su disposición los contingentes militares de Pedro Celestino Brito; a éstos se le sumaron tropas de Palizada, Carmen, Champotón, los Chenes y Hecelchakán, con los que inició el sitio a la ciudad de Campeche, desde los barrios extramuros, desde el 23 de diciembre de 1866.

En enero de 1867, el 9° batallón de línea de Hunucmá y el destacamento de la Guardia Nacional de Baca, se pronunciaron a favor de la república, proclamando en Halachó, como jefe del movimiento, al coronel Manuel Cepeda Peraza. El primer punto que se consideró atacar fue la villa de Calkiní, en el Partido de Hecelchakán; para ello se dispusieron las tropas del coronel Buenaventura Martínez, sin embargo, éste fue derrotado por los imperialistas, antes que llegara Cepeda Peraza con refuerzos enviados por Pablo García, por lo que tuvo que retroceder a la villa de Hecelchakán, cabecera del Partido.

En este punto en que los republicanos eran atacados por mar y tierra, por las fuerzas del teniente coronel Juan Sixto Ortoll, quien tenía la encomienda del Comisario Imperial de que “usara todos los medios de destrucción para triunfar”, se hacía primordial la unión de fuerzas por parte de Pablo García y Manuel Cepeda Peraza para organizar una estrategia común que pusiera la balanza del triunfo a favor de los republicanos; así lo habían acordado en la reunión que ambos jefes tuvieron en Campeche durante los primeros días de enero de 1867. Después de la derrota en Calkiní el 20 de enero, la suma de contingentes de los dos ejércitos en Hecelchakán, bajo el mando del coronel Manuel Cepeda Peraza para tomar Yucatán, y de Pablo García, para recuperar Campeche, pronto revertiría la situación en la península:

Se detuvo Cepeda Peraza en Pocboc a las tres y media de la tarde del mismo día 20 a dar el parte oficial al gobernador García, reunió en Sacnicté los dispersos y retrocedió a Hecelchakán, donde empezó a fortificarse en espera de Ortoll, pidiendo refuerzos a Campeche. La situación era gravísima: un nuevo descalabro desmoralizaría las tropas, dejaría libre el paso a Ortoll, realizándose en todas sus partes el plan del Comisario, tal vez con éxito funesto para las armas republicanas. Meditó seriamente el asunto García, lo consultó con el general Brito, que a sus órdenes mandaba las fuerzas sitiadoras de Campeche y se resolvió levantar inmediatamente el cantón del barrio de Santa Ana, enviando a marchas forzadas a Cepeda un auxilio de muy buenas tropas: tres compañías del Batallón Libre al mando de los capitanes Miguel Pérez, Luis Acevedo y J. Alejandro Ibarra, una compañía mixta y un piquete de caballería.

Con este refuerzo de más de doscientos hombres y esperando ser atacado de un momento a otro, organizó Cepeda su defensa, fortificando la plaza con trincheras en las bocacalles, la iglesia y las demás alturas. Distribuyó sus tropas, mal armadas con fusiles, escopetas y hasta chuzos, de la manera conveniente, con orden terminante de no hacer fuego desde las trincheras hasta que el enemigo estuviese muy cerca de ellas; porque su parque era tan escaso que no tenía repuesto, habiendo soldados con una sola parada de cartuchos. El 23 estaba listo Cepeda e impaciente por vengar el descalabro de Calkiní, pensaba salir el 24 al encuentro de Ortoll; pero en la madrugada de este día supo que el enemigo había pernoctado en Sacnicté, hacienda distante una legua.

Al fin se presentó Ortoll entre ocho y nueve de la mañana, por el camino real, marchando en formación como para una parada. Sus fuerzas se componían de una parte del Ligero y 9° de línea, vestidos de gala, Rurales de Yucatán, Seguridad Pública de Mérida, cuatro piezas de artillería, tres de batalla y una de montaña, tropas que cuatro días antes habían triunfado en Calkiní, engrosadas ahora con las que habían podido recoger en los pueblos de su tránsito. Eran casi en doble número de las de Cepeda, que apenas contaba unos cuatrocientos hombres. Traía un gran tren de diez y seis carros, con saquillos llenos para levantar trincheras y otros listos para llenar, equipajes, vestuario, municiones, armamento, en fin, cuanto lleva un engreído que había ofrecido a sus soldados, cenar pan de cazón en Campeche, el 26 a la noche.

A unas doscientas varas de la plaza hizo alto la columna, luego se abrió en alas, descubriendo una trinchera formada sobre la marcha con carros y saquillos, y desde allí empezó el fuego de artillería. Enseguida emprendió un ataque vigoroso por su flanco  izquierdo,  tomando  otra  calle  paralela  que  iba  a  salir  sobre  el atrincheramiento de la derecha de la plaza; pero Cepeda, que había previsto esta acometida; apenas presentado el enemigo, destacó por sus flancos dos partidas de gente escogida de la misma población, conocedora del terreno, con orden de que sin ser sentida se remontasen, fuesen a salir a retaguardia del enemigo y lo atacasen imitando la vocería usada entre los indígenas. Cuando la acción estaba ya empeñada, hacían fuego vivo y certero las alturas, y uno u otro tiro las trincheras; tomó Cepeda la reserva de cien hombres al mando del capitán Miguel Pérez, para contener a los que acometían fuertemente con artillería e infantería y casi tocaban ya, la trinchera del costado derecho de la plaza. Rechazado este ataque y oyéndose ya las descargas y la gritería de los que embestían por la retaguardia y los flancos extremos, dio orden Cepeda a sus soldados de saltar las trincheras, echándola abajo, y lanzarse a la bayoneta sobre sus contrarios. Cortada una parte de las fuerzas de Ortoll, sin poder maniobrar el resto por los obstáculos del gran tren, verdadera impedimenta en aquellos supremos instantes, por la artillería revuelta con la infantería, y atacado de frente, por los flancos y la retaguardia, entró el desorden y la confusión, precursores de la derrota. Esta fue completa: prisioneros, artillería, armamento, parque, carros, equipajes, la caja y la papelera, todo lo perdió Ortoll. Los que se salvaron, huyeron desbandados, no parando el jefe imperialista hasta Umán, a cuatro leguas de Mérida, donde reunió sus dispersos y dio parte de su desastre.

Cepeda no perdió tiempo, persiguió los restos de las tropas de Ortoll, salió de Hecelchakán con todas sus fuerzas el 25, y al tercer día intimaba la plaza de Mérida desde Umán. Negándose a todo arreglo el jefe imperialista Hernández, avanzó Cepeda audazmente sobre la capital de Yucatán […] (Aznar, 1896, pp. 88, 89, 90).

El día 25 de enero el comisario imperial José Salazar Ilarregui, envió un oficio al general Juan Espejo, Comandante militar de la plaza de Campeche: “Ortoll ha sido completamente derrotado en Hecelchakán. Obren U.U. como mejor les parezca para evitar la venida a Mérida, pues U.U. pueden cojerlos por retaguardia. Piezas, parque y todo se perdió. Lo digo a U. para que inmediatamente, se venga con toda la fuerza que tenga para esta capital, a fin de tomar mis disposiciones”. (1)

El triunfo de los republicanos en Hecelchakán fue decisivo para la recuperación total de la península; la estrategia que se infiere de la acción, llevada a cabo por Pablo García y Manuel Cepeda Peraza, dio como resultado esta importante victoria. Con ésta, la vital ruta de comunicación del Camino Real quedaba rota para los imperialistas y sólo quedaba la vía marítima por Sisal, por donde salieron casi todas las guarniciones que protegían la ciudad de Campeche, para tratar de evitar que Mérida fuese tomada por las tropas de Cepeda Pereza que la tenían sitiada. Al dejar desprotegido el puerto de Campeche, las tropas de Pablo García tenían amplias posibilidades de triunfo.

El siguiente punto de ataque de las tropas republicanas comandadas por Pablo García, tuvo el objetivo de cortar la comunicación marítima con el resto del Imperio para evitar el envío de recursos: la isla del Carmen, que como se mencionó, fue el primer punto controlado por los imperialistas en 1862. La escuadrilla marítima liderada por Vicente Capmany y Juan Carbó, tomaron por asalto la isla del Carmen y triunfaron el 23 de abril de 1867; poco después los republicanos también controlaron la comunicación total por mar con la toma de Sisal, en Yucatán. El triunfo definitivo en la península sólo era cuestión de tiempo y finalmente se logró con el asalto al recinto amurallado de Campeche en la medianoche del 31 de mayo, con las tropas comandadas por Pedro Celestino Brito, quienes obtuvieron la victoria definitiva el 1° de junio. Reforzadas las tropas de Manuel Cepeda Peraza, quienes tenían en sitio los barrios de la ciudad de Mérida, se logra el triunfo total en la península el día 15 de junio de 1867, con la capitulación hecha por el Comisario Imperial.

Así como Maximiliano de Habsburgo, Tomás Mejía y Miguel Miramón, vieron apagadas sus vidas por el régimen republicano al mando de Benito Juárez, en el “Cerro de las Campanas” de Querétaro, el 19 de junio de 1867; Juan Espejo, Nicolás Dorantes y José Dolores Ponce, principales imperialistas campechanos, fueron fusilados en la villa de Calkiní, Partido de Hecelchakán, el día 13 de junio de 1867, por el régimen republicano del Lic. Pablo García; no así José Salazar Ilarregui, quien fue perdonado por el coronel Manuel Cepeda Peraza, por el acuerdo firmado en la capitulación de Mérida.

El primer triunfo de las armas republicanas en Hecelchakán no ha tenido la relevancia que se le debiera dar en el contexto de la victoria republicana en la Península de Yucatán, sin embargo hoy, gracias a importantes investigaciones de reconocidos historiadores, se puede realzar este importante acontecimiento como parte de una estrategia en conjunto de los líderes republicanos de esta parte del país, como lo señala el Dr. Emilio Rodríguez Herrera en su artículo “Las contiendas republicanas en tierras campechanas para la restauración de la república en la Península de Yucatán. 1866 –1867”:

Los triunfos que los republicanos tuvieron […] ofrecen un panorama estratégico que ilustra el plan para disminuir el poderío imperial, a partir del asedio y ataque de los principales puertos y del espacio donde se transitaba para comunicar a estos con la capital de la península. Así, los puntos donde se realizaron los ataques fueron importantes para debilitar a los imperialistas, la constancia de las embestidas permitió el desgaste y división de las tropas y el momento en que se ejecutaron estuvo condicionado por la disminución de los integrantes de las cuadrillas del enemigo. (Herrera, 2018, p. 76).

Biblioteca virtual de Yucatán. CAIHY. XLVI -1864 -2/3 -067

Fuentes de consulta

Aznar Barbachano, Tomás. “A la memoria del Lic. Pablo García”. Segunda edición. Mérida. Tipografía de G. Canto. 1896. 254 pp.

*(Libro disponible en http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080013167/1080013167.PDF)

Milán López, Alfonso y Rodríguez Herrera, Emilio (Coordinadores). “El Segundo Imperio y la resistencia republicana en el Sur-Sureste de México”. Edición 2018. H. Cámara de Diputados y CEDIP. 262 pp.

Sierra Bravatta, Carlos. “Historia mínima de Campeche”. Fideicomiso Historia de las Américas. El Colegio de México. Fondo de Cultura Económica. 1998.