El pasado mes de noviembre, la Educación Indígena cumplió 61 años en Yucatán como parte del Sistema Educativo Mexicano, habiendo transcurrido en su historia un derrotero que ha marcado, en muchos sentidos, el presente de las comunidades mayas en la entidad por los preceptos establecidos en ella y por los programas y proyectos gubernamentales que han tenido su origen desde su implementación. De manera particular, la lengua maya, su valoración, divulgación, enseñanza e institucionalización en la educación nos revela la forma como se ha concebido la educación para los pueblos originarios y cómo esta misma ha impactado en el desarrollo de las comunidades, habiendo, a la fecha, significativos pendientes por atenderse en materia de derechos humanos y de acceso a una educación de excelencia.
En la actualidad, la Nueva Escuela Mexicana (NEM) ha establecido a la interculturalidad crítica como uno de sus siete ejes articuladores con la finalidad de otorgar un nuevo enfoque pedagógico que contribuya a transformar las relaciones desiguales que aún hoy persisten en la sociedad, implementando estrategias que hagan frente a las inequidades de género, etnia, clase, lengua y cultura. Pero bajo esta perspectiva innovadora implementada por la NEM, no se trata sólo del reconocimiento de la diversidad, sino de la búsqueda de la raíz que causa esas inequidades y desigualdades comunitarias, y ese ejercicio pedagógico no acontece en otro lugar sino en la misma comunidad a través de la lectura de la realidad y la problematización que inicia cuando son detectadas las laceraciones sociales, buscando siempre encontrar las causales para así dar pie al desarrollo de proyectos comunitarios que, desde la educación, puedan ayudar a la transformación de las estructuras que aún perpetúan los males persistentes en la actualidad. La Interculturalidad Crítica es un ejercicio de compromiso social por la restauración de la deuda histórica que aún pesa sobre los pueblos originarios.
Las seis décadas transcurridas desde que la Educación Indígena pasó a formar una parte específica del Sistema Educativo Mexicano nos posibilitan realizar una introspección a su desarrollo y dar una mirada a algunos de sus aspectos sobresalientes y, también, a algunos pendientes por seguir fortaleciendo. En ese sentido, presentamos un extracto de la entrevista realizada en 2022 al Doctor en Antropología Social y Cultural, por la Universitat Rovira i Virgili, Tarragona, España, Jesús Lizama Quijano, investigador destacado de la Unidad Peninsular del CIESAS, quien desde hace más de 20 años coordina el Seminario Permanente “El pueblo maya y la sociedad regional. Análisis histórico y contemporáneo”, y ha sido coordinador y coautor de obras como “Escuela y proceso cultural. Ensayos sobre el sistema de educación dirigido a los mayas” (CIESAS, 2008), “Los caminos de la educación intercultural en América Latina. Cuatro ensayos” (Icaria, 2008), “Niños y niñas mayas en la escuela. Medio siglo de Educación Indígena en Yucatán” (SEP, 2018) y recientemente “Panorama de la educación para los mayas en Yucatán. Momentos históricos y situaciones contextuales del proceso educativo” (CIESAS, 2025), entre otros importantes libros.
Algunas de las cuestiones comentadas a continuación en la entrevista forman ya parte de la historia y han sido subsanadas, pero otras, en cambio, permanecen esperando ser atendidas, lo que contribuiría a alcanzar la Interculturalidad Crítica como postula la NEM para el bienestar de Yucatán.
Doctor, para iniciar, ¿podría comentarnos un poco sobre la forma en la que se ha vinculado al trabajo con docentes de Educación Indígena?
En 2003, cuando regreso a Yucatán después de terminar mis estudios de posgrado, inicio un programa de trabajo que se llama “La sociedad maya en tiempos de la globalización”, para conocer qué está sucediendo con el pueblo maya en un contexto de intensos cambios, no solamente económicos sino también culturales y que se evidencian de manera particular en estos pueblos altamente vulnerables. Hice trabajo de campo en Yaxcabá donde tuve contacto con profesores indígenas, ahí conocí más o menos las problemáticas que atravesaban. Esto me hizo proponer un trabajo de campo intensivo, así de las 178 escuelas que había en ese momento de primaria indígena, logramos visitar alrededor de 60 de ellas. Con todo lo observado planteamos un prediagnóstico que después fue un diagnóstico de la Educación Indígena en Yucatán.
No era lo mismo en las escuelas, en las cabeceras municipales que en los poblados o en las comisarías más alejadas, no eran lo mismo en las escuelas completas o unidocentes o bidocentes, no era el mismo impacto que tenía un profesor a cargo de todo y además que tenía que invertir horas de traslado para llegar a sus localidades.
También tenía que ver la formación de los docentes indígenas, es decir, ¿cuál era todo el bagaje cultural y la riqueza que el maestro indígena tenía en ese momento para ayudar en su práctica profesional?, y desde luego que veíamos muchas cosas, una que más nos llamaba la atención en ese momento era que había muchos profesores que no hablaban lengua maya y veíamos también que en las interacciones en el aula, se usaba el castellano como lengua franca en lugar de utilizar la lengua maya. De allá surgieron diversas reflexiones y una de ellas es que los niños están acostumbrados a hablar lengua maya, cuando uno les habla en español, el porcentaje de comprensión que el niño tiene desciende drásticamente, porque es una lengua cuyos términos no los conoce ni los domina, y no llega a la profundización, en cambio si hubiese sido en lengua maya, el niño hubiese estado más cercano a comprender lo que se le explicaba y poderlo asimilar.
Con base en la experiencia que usted tuvo al acercarse a las y los maestros y comunidades, ¿cómo percibió la concepción de la identidad de la cultura maya?
Bueno, cuando se crea la escuela, es con la idea de homogeneización de un México completamente diverso. No había lugar para las lenguas indígenas, ahí sí era el uso del castellano y su implementación como la única lengua posible de habla en México, y todos los esfuerzos de las escuelas fueron destinados hacia eso, entonces es un impacto muy grande, porque es todo el aparato estatal que queda volcado hacia ese ideal de exterminar las lenguas indígenas, vistas como signos de atraso o de decadencia.
Claro que esto va reflexionándose hacia los años 60, más o menos, cuando empiezan algunas luchas por el reconocimiento de la lengua como un elemento importante dentro de los procesos de enseñanza-aprendizaje. Es así como en 1964 se da la cuestión de los promotores indígenas, promotores bilingües que son quienes comienzan la Educación Indígena y esto trae también un marcado peso en cuanto a la identidad.
A partir de los inicios de este siglo XXI, se empieza a dar en Yucatán creo yo, un proceso de reflexión, revaloración, reinterpretación del valor que tiene la lengua y la cultura maya para el estado, pero no como un referente de identidad regional, sino como un referente de identidad de un pueblo que está luchando por mantenerse vigente, vivo y valorado.
¿Cómo fue cambiando esta realidad que usted observó en su trabajo de campo?
Esto tiene que ver con algunos lineamientos que se estipulan por la Segey para poder acceder a las plazas de maestros, ya que antes podía acceder cualquiera que tuviera bachillerato. Pero a partir de 2005 se empieza a exigir que tengan un título profesional y después a solicitar que hablen la lengua maya, y posteriormente se empieza a pedir que el conocimiento que se tenga de la lengua maya sea más profundo que un simple uso básico.
Y así he podido observar a nuevos maestros que vienen con una identidad renovada, con una valoración propia y alta de su cultura y de su lengua, que estos mismos ideales de valoración positiva intentan transmitirlo a los niños a partir del uso de la lengua maya, a partir del rescate de elementos culturales propios del pueblo maya. Además, vemos que en Yucatán algunas escuelas empiezan a pedirles a los niños que para los días de los honores a la bandera asistan uniformados, pero con sus hipiles y con sus trajes de lo que llamamos el traje típico. Esto inicia en el oriente, Dzitnup empieza esta revaloración de la indumentaria, ya que es parte de un simbolismo de la cultura.
Lo que observamos en Yucatán es que a partir de esos cambios se busca que el maestro tenga una formación profesional, que conozca la lengua maya y tenga consideraciones didácticas o pedagógicas, y así se empieza a profesionalizar la educación indígena, y esto tiene que ver y puede comprenderse como un reflejo del mismo proceso de exigencia y revaloración de la lengua y de la identidad maya.
Quiero destacar que lo que observé en 2005 era una identidad minusvalorada, un esconder la lengua, un hablar español, un transmitir una lengua no propia de Yucatán y, desde luego, esto conllevaba problemas porque a fin de cuentas observábamos a niños que no tenían la posibilidad de comprender el significado de los términos que se les daba a través de la educación. Pero de unos años para acá, vemos una revaloración en la Educación Indígena a partir de los maestros que se va dando de manera intensa en los últimos años.
Otro de los rezagos, ya no sólo en la Educación Indígena, sino con la educación en general, es pensar que la educación es una burbuja que no está supeditada por la política, por los problemas económicos o el desarrollo económico, y por los contextos sociales que vivimos; creo que eso es una de las cosas que tenemos que reforzar para poder transformar la educación.
Ese enorme trabajo es acercar la escuela al contexto social o el contexto social hacia la escuela. Hace unos años hice un análisis de qué es lo que se enseñaba en las normales con respecto a la interculturalidad y era sólo una materia. Es decir, que una materia era lo que convertía en diferente las normales urbanas a las normales interculturales, y una materia que no tenía nada que ver con la lengua. No se enseñaba lengua indígena, entonces ¿qué enseñaban? Pues lo mismo que se enseñaba en una normal no intercultural anexándo nada más un eje que a fin de cuentas estaba vacío.
Esto ha ido cambiando paulatinamente, pero todavía hay un gran trabajo por hacer, la interculturalidad no es propia para los indígenas, sino que es necesaria para toda la sociedad. Estos cambios de mentalidad tardan en llevarse a cabo y en poder realizarse, pero sí desde luego la lucha contra la discriminación es algo que debe de hacerse todos los días y desde luego en todos los foros posibles.
Son muchos los proyectos pedagógicos que se desarrollan en la actualidad, para poder llevar a efecto la reivindicación de la cultura, particularmente de la lengua; mencionábamos los libros cartoneros o artesanales. En relación a esto, ¿le gustaría compartir un poco sobre la experiencia que ha tenido conociendo este proyecto, hablando en términos focalizados de algunas actividades que realizan las y los docentes?
Lo de los libros cartoneros me parece que fue una idea que cuajó muy bien, en el sentido de poder acercar, no sólo a la lengua maya hacia las aulas, sino de que los mismos niños tomen el control para poder saber la lengua y escribirla, una de las cosas que siempre se ha dicho es que en Yucatán muy poca gente lee o escribe la lengua.
Los libros artesanales son una contribución muy fuerte al mantenimiento de la lengua y no solo oral, sino que es un avance con respecto a la escritura, algo que no existía hasta hace algunos años. Sí se escribía la lengua, pero por aquellas personas que habían estudiado. Pero ahora, la lengua se puede escribir y leer, no solamente por los especialistas, sino por gente que, a través de los libros cartoneros, se va acercando a la forma en que estas palabras, que expresaban oralmente, pueden ser visualmente observadas. Es decir, las podemos ver y plasmarlas en símbolos que nos dicen o nos hablan de algo.
Eso de los libros cartoneros, además de que es todo un trabajo artístico porque realmente los dibujos son visualmente muy ricos sobre la cultura local, es un ejercicio artístico que se va complementando, y muestra cómo el arte puede ser una ayuda y un instrumento, un vehículo para transmitir las ideas hacia los niños y hacia sus familias, a través de un libro bonito, a través de un libro hermoso poder a lo largo de una historia de las muchas que existen en el pueblo, poder ponerla por escrito y leerla para comunicar algo.
Creo que esto es uno de los programas que han impactado, yo lo he observado más hacia el oriente de Yucatán, y también hacia el sur, pero en el oriente la gente tiene un compromiso con la construcción de los libros cartoneros como una forma de comunicar.
Sin caer en recomendaciones, porque no hay recetas, pero sí pensando en algunas ideas que usted pudiera comentar para trabajarse en la educación indígena con el objetivo de ir superando los resabios.
Recetas no hay, pero una de las cosas es que los maestros han estado implementando estrategias, pero estas tienen que estar muy aterrizadas, no podemos copiar de otros lugares, ya que no suelen funcionar. Una es que el profesor indígena ya tiene un gran paso logrado y es que conoce la cultura a la cual le va a dar clase, la cultura de los niños. Ya de entrada es una ganancia inmensa conocer el contexto y cuáles son las relaciones que existen entre las escuelas y los padres de familia, las relaciones familiares que se dan en la comunidad y ver la manera de poder impactar en esas. Los del oriente lo hicieron a través de los libros artesanales, un programa exitoso para ellos, y esto los hizo motivarse más para seguirlo haciendo de una manera más intensa.
A los profesores siempre les exigimos mucho, pero lo que hemos observado en los últimos años es que son profesores comprometidos con su misma cultura y con su pueblo, entonces lo único que habría que hacer es ver en qué contextos está ejerciendo su profesión y ver la manera en que esos contextos puedan ser retomados para mejores impactos para toda la comunidad; la escuela tiene no solamente al infante que asiste al aula, sino a la familia que manda a esas niñas y niños al aula. Es decir, tiene que ser algo más integrador y de esta manera pueda observar las relaciones comunitarias; qué es lo que pasa en su comunidad, qué es lo que pasa con los niños con los cuales está trabajando el docente y cuáles son las estrategias que pueden poner a la práctica. Una de las cosas es ese compromiso de las y los docentes con su cultura y con su pueblo.
Una de las grandes luchas que no sólo incluye a la educación indígena, sino a la educación en general es la descolonización del currículo, la ruptura epistemológica de muchas concepciones y contenidos implementados en las aulas. Ahí lo maya no ha tenido el lugar necesario, ahí hay un trabajo mucho más complejo.
Creo que una de las cosas es que se ha tenido miedo con el mismo término descolonizar, y no se trata de anatemizar todo, sino solamente se trata de retomar a partir de lo propio; hacer que el individuo pueda realizarse plenamente. En los años 90 del siglo pasado, junto a la rebelión zapatista, la palabra temida era Autonomía. Era una reacción que cuestionaba ¿para qué quieren autonomía? Era una palabra muy fuerte para muchos que no llegaban a comprenderla, lo mismo que con el término de descolonizar, ¿por qué tirar todo a la basura? Pero no es eso, se trata de hablar sobre lo propio, impulsar sobre lo propio para poder llegar a otros espacios comunes.
Es una tarea compleja doctor, pero es importante visibilizar las cosas que se han hecho y lo que aún falta.
Sí, a partir de la discusión podemos abrir nuevos escenarios y no quedarnos en lo mismo.