Pilar Faller Menéndez
“La angustia es el vértigo de la libertad”.-
Kierkegaard
La angustia, condición humana que nos provoca un estado de intranquilidad o inquietud intensa, el cual es causado por algo desagradable o por alguna amenaza de peligro o desgracia, puede convertirse en una crisis frecuente, que anualmente prevalece en el 11 % de los adultos, la cual puede desaparecer sin tratamiento, o desarrollar un trastorno psicológico de la angustia.
Este tema no es nuevo, y fue el motivo de estudio de Søren Aabye Kierkegaard, filósofo y teólogo danés, nacido en 1813 (Copenhague 1813–1855). Recibió una severa educación religiosa por parte de su padre, motivo por el cual estudió teología. Durante su estadía en Berlín, fue alumno de Schelling, filósofo alemán, uno de los máximos exponentes del idealismo.
Tuvo una vida, según sus propias palabras, dominada por angustias que llegaban casi a la obsesión, las cuales estaban relacionadas con alguna circunstancia familiar que desconocía pero a la que aludía repetidamente, lo que probablemente lo llevó a que esta experiencia personal lo indujera a centrar en ella su obra.
Kierkegaard vivió durante el final de la guerra napoleónica, en la cual Dinamarca perdió el territorio de Noruega, lo cual la sumió en una gran crisis, tanto económica como política. Este período de depresión de Dinamarca provocó un desarrollo excepcional de la literatura, época en la cual Kierkegaard desarrolló su filosofía existencialista en la cual habla de la angustia.
Sostiene que la angustia no se determina desde un plano racional ni biológico, sino que surge de los elementos y circunstancias que vivimos, las cuales nos son imposibles de controlar ya que suceden de una forma inesperada e inevitable, y que provocan consecuencias que no pueden conocerse o precisarse
Nuestra vida es una constante toma de decisiones en la cual debemos elegir qué actividades son prioritarias, ya que no podemos realizar todas al mismo tiempo. Esta toma de decisiones nos obliga a renunciar a otras actividades, lo cual nos crea una angustia de lo que pudiera acontecer, en un mundo en el que nos sentimos vacíos y solos. Estas decisiones son importantes, lo que nos provoca un miedo a equivocarnos, origen de la famosa frase: “La angustia es el vértigo de la libertad”.
Kierkegaard sugiere que aceptemos esta libertad, la cual lleva un peso, por el sentido de responsabilidad que lleva implícito, es necesario disfrutarla y poder atreverse a dar ese salto que no resulta nada fácil, pero es necesario tomar decisiones y tener fe en el camino que hemos elegido, así como afrontar esta angustia de la libertad la cual debemos aceptar y llevar con nosotros.
Kierkegaard sugiere que debemos vivir una vida auténtica, a pesar de la angustia que ésta conlleve, porque vale la pena hacerlo en vez de llevar una vida falsa y alejada de nuestro verdadero ser, ya que vivimos en un mundo en el que no estamos determinados, lo cual nos lleva a la angustia.
Kierkegaard reconoce que cada ser humano es único, y que está sometido a lo que le ocurre en la vida cotidiana, por lo que cada existencia es única, por lo que para describir y analizar a una persona en particular, es necesario estudiar su persona y su propia vida.
En su libro “El concepto de la angustia”, publicado en 1844, conceptualiza la existencia humana como una paradoja, ya que considera que el hombre se encuentra suspendido entre su finitud e infinitud, lo cual de alguna manera se le revela, y ante la imposibilidad de resolver esta paradoja surge la angustia.
La filosofía de Kierkegaard es una de las principales precursoras del existencialismo, la cual influyó notablemente en filósofos como Heidegger, Jaspers, Sartre y Unamuno.