Yucatán

Los ferrocarriles en Temax y sus protagonistas en los siglos XIX y XX

El pasado 20 de agosto ofrecí una plática titulada Los ferrocarriles en Temax y sus protagonistas en los siglos XIX y XX en aquel municipio. El punto de arranque fue el período porfiriano por ser el momento clave del auge del ferrocarril en México y en Yucatán. Como en muchas ocasiones he escrito, la primera vía en el Estado se comenzó a construir en 1875 y culminó en 1881. A partir de ello, los caminos de hierro se extendieron a los municipios, entre ellos, Temax.

La llegada del tren al “Lugar de los monos” se relaciona con un personaje clave en la historia de Yucatán: Francisco Cantón. El vallisoletano fue quien propuso la construcción de una vía que uniera la capital con su ciudad natal. No obstante, en palabras de Manuel Irabién Rosado, la primera propuesta fue que los caminos de hierro corrieran por Conkal, Tixkokob e Izamal y de ahí partiera a la Sultana del Oriente. Empero, esa ruta ya estaba siendo construida por lo que planteó una nueva que partiera de Mérida, se dirigiera a Tixkokob, Motul, Temax y de ahí tocara varios puntos hasta llegar a su tierra natal. La concesión se le otorgó el 31 de enero de 1881 y por cada kilómetro construido se le dio una subvención estatal de $1,000. El ramal hasta Temax de 85 km fue inaugurado el 5 de mayo de 1897 y la línea completa el 15 de septiembre de 1906.

Según los Anales de la Secretaría de Transportes publicados en enero de 1905, esta división tuvo 143 kilómetros y para ese año ya se habían construido nueve tramos: Cholul, Conkal, Tixkokob, Motul, Cansahcab, Temax, Tunkás, Quintana Roo, Dzitás y Tinum. Adicionalmente, la fuente menciona que se colocaron 6,250 metros de riel para conectar las principales haciendas de la región. De hecho, a través de diferentes mapas que localicé en el Archivo General del Estado de Yucatán (AGEY) y que expuse durante la plática, vislumbré la conexión de algunas haciendas como Chenché de las Torres y Chacmay -actualmente perteneciente a Dzoncahuich- con la vía principal. Incluso, la primera hacienda mencionada contaba con una parada de tren que actualmente se encuentra en ruinas.

A través de un documento en el que se expresan los materiales de construcción de las estaciones, pude mencionar que la de Temax se edificó con piedra y tejas -tal vez en un primer momento- y que su costo fue alrededor de $8,000. La fuente también arroja luz sobre “el valor asegurado del contenido del edificio” que era de $1,000. Esta información podría referirse a los muebles y aparatos que “normalmente” tenía una estación como básculas, equipos telegráficos y aparatos de uso cotidiano. Asimismo, el inmueble contó con un molino de viento, una bomba de vapor con su caseta, una caldera y los Anales dicen que los edificios de la línea tuvieron tinacos para el almacenamiento del agua con capacidad de 37,852 litros y depósitos para leña.

En la plática también señalé algunos datos importantes como el costo de un pasaje de Mérida a Temax, la importancia de este medio de transporte en algunos eventos importantes como las ferias y la historia de algunos de sus protagonistas como Hilario Medina, quien fue el jefe de la estación en 1912. Por último, intenté contestar la pregunta ¿Qué pasó con las edificaciones pertenecientes a la compañía ferrocarrilera en Temax? En relación con esta cuestión, es importante señalar que algunos documentos de la gerencia de la empresa fechados en 1967 y firmados por el director Gelasio Luna, apuntan que fueron donados al municipio para construir un parque. Además, personas particulares -tal vez ex trabajadores- pidieron en donación otros predios. Lamentablemente, la información que he consultado hasta ahora no me dejó aquilatar lo sucedido con los demás terrenos pertenecientes a la empresa. Cabe mencionar, sin embargo, que actualmente no hay vestigios de lo que pudo ser la ex estación ni edificaciones relacionadas con los caminos de hierro. Empero, según el trabajo de campo que realicé a la zona en compañía de José Cruz Martín, un temaxeño apasionado de su historia, hay algunos inmuebles que podrían haber sido parte de la época dorada del emisario del progreso porfiriano.

A manera de colofón…

A la plática acudieron personas de todas las edades y los más grandes compartieron anécdotas relacionadas con las vías férreas en su natal Temax. A través de sus recuerdos rescataron lo que pudieron vivir en las épocas doradas del tren. Mencionaron que los vagones no solamente transportaron mercancías, sino todo tipo de material para “surtir” al municipio de diversos recursos. Además, algunos cronistas de entidades vecinas como los profesores Lorenzo Cohuo Ku, Jorge Várguez Eb y Abelardo Tamayo Esquivel, aportaron valiosos comentarios que me permitieron vislumbrar la importancia de la historia de sus localidades y lo descuidada que ha estado por los estudiosos de Clío.

1 Historiador, ricardowanmoguel@colmich.edu.mx