Yucatán / Mérida

Restauración de la Catedral de Mérida avanza al 50%; trabajos terminarían en enero

El INAH dio detalles sobre los trabajos de restauración de la Catedral de San Idelfonso de Mérida.

Investigación e innovación, ejes de la restauración de la Catedral de Mérida
Investigación e innovación, ejes de la restauración de la Catedral de Mérida / Cortesía

La restauración más profunda de la Catedral de Mérida en décadas avanza silenciosa pero constante entre torres, andamios, láseres y carpinterías centenarias. Lo que comenzó como una intervención para retirar las pintas realizadas durante la marcha del 8 de marzo de 2023, derivó en un proyecto mayor, una cirugía integral a uno de los edificios más emblemáticos de la Península, la primera catedral construida en tierra firme del continente y la más antigua del país.

Los grafitis en las fachadas norte, este y oeste revelaron algo más que manchas de aerosol: expusieron daños acumulados por años. Humedad profunda, juntas constructivas debilitadas, desprendimiento de aplanados, presencia de sales, áreas de disgregación y vegetación que crecía peligrosamente en zonas elevadas. Para el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el problema no era solo estético; era estructural. La piedra caliza que sostiene casi cinco siglos de historia mostraba signos de desgaste que ya no podían posponerse.

Intervención minuciosa

Así, en febrero de 2024 comenzó una intervención minuciosa bajo la responsabilidad de IG Restauración y Arquitectura, supervisada por especialistas del INAH y financiada con un seguro federal para monumentos históricos. La labor más visible –y la más novedosa– ha sido la limpieza mediante un equipo láser de luz pulsada de 100 watts. Con esta herramienta, los restauradores retiran capa por capa la pintura adherida sin dañar la superficie original. A diferencia de los métodos químicos tradicionalmente usados, el láser permite controlar con precisión cada pulso y evita afectar la cantera, un material delicado muy característico de la arquitectura peninsular.

Noticia Destacada

Catedral de Mérida se llena de fe con la presentación de la escultura "Hijo del Hombre", imagen de Jesucristo

El avance técnico impresiona: cuarenta metros cuadrados intervenidos en la fachada este, doscientos veinte en la norte y un avance del cincuenta por ciento en la portada oeste, la más compleja por su volumen de ornamentos. Sin embargo, conforme avanzaban los trabajos, los restauradores descubrieron daños más profundos. La Catedral requería consolidación estructural: reforzar aplanados originales, fijar zonas en riesgo de desprendimiento, recuperar juntas constructivas elaboradas con cal y mampostería, estabilizar piedra degradada y atender zonas de humedad concentrada.

Nueva vida a las puertas

Las puertas, icónicas para quienes transitan a diario la Plaza Grande, también presentaban un deterioro importante. Las capas de pintura aplicadas en intervenciones anteriores –pinturas plásticas de uso común y nada adecuadas para maderas antiguas– resecaron la superficie, provocaron deformaciones y ocultaron el acabado original.

Hoy, restauradores retiran pacientemente estas capas para rescatar una técnica tradicional que permita devolverles su textura histórica. Tres portones están siendo intervenidos, incluido el de la llamada “Puerta del Perdón”, que deberá quedar lista antes de que concluya el Año Santo. Las otras dos podrían tardar un poco más, explicó el rector de la Catedral, Juan Pablo Moo Garrido.

El sacerdote confirmó que la obra, aunque extensa, avanza conforme a lo programado. Primero se concluyó la limpieza profunda del muro de la calle 61; posteriormente, INAH obtuvo recursos adicionales para atender las puertas principales, las carpinterías y los marcos de cantera labrada. El color azul visible en las etapas actuales no será el acabado final; forma parte del proceso técnico necesario para estabilizar la madera antes de aplicar el tono definitivo.

Protección a futuro

Pero la restauración no sólo responde a daños acumulados o a demandas estéticas. También se inscribe en un debate contemporáneo: ¿cómo proteger el patrimonio sin criminalizar la protesta social? La Catedral es un punto de encuentro en la vida urbana de Mérida: ahí confluyen creyentes, turistas, manifestantes, estudiantes, marchas feministas, gremios religiosos, músicos y miles de personas que cruzan a diario la Plaza Grande.

Noticia Destacada

Yucateca revela cuánto cuesta casarse en la Catedral de Mérida

Su restauración obliga a preguntarse cómo preservar un monumento histórico en un espacio público donde la tensión social y cultural se expresa cada vez con mayor frecuencia.

Para atender esta realidad, el INAH está aplicando recubrimientos de sacrificio que permitirán limpiar futuros grafitis sin dañar la piedra. La institución también desarrolla un proyecto de investigación para evaluar científicamente el impacto del láser en materiales calizos de la región, con miras a establecer protocolos aplicables a otros edificios de Yucatán, Campeche y Quintana Roo.

Responsabilidad compartida

La restauradora Karla Martínez López, perito del Centro INAH Yucatán, subraya que una obra de esta magnitud sólo es posible si se entiende que el patrimonio no es un elemento decorativo: es una responsabilidad compartida. “La restauración debe ser integral”, dijo al explicar que, además de atender las fachadas, se recuperan carpinterías, herrajes de bronce, chapetones, picaportes y elementos metálicos dañados. Insiste en que la participación social es clave para que el edificio no vuelva a caer en deterioro.

La Catedral ha sobrevivido a guerras, saqueos, incendios, humedad, polvaredas, terremotos menores, protestas, abandono institucional y cambios políticos que han modificado su fisonomía. Durante la Revolución, en 1915, perdió su retablo mayor cubierto de oro, su órgano, su púlpito y varias capillas laterales. A mediados del siglo XX recibió reparaciones parciales. En las últimas décadas, apenas algunos mantenimientos superficiales. Su historia es la de un edificio que se levanta y se reconstruye una y otra vez, siempre bajo la mirada de una ciudad que lo ha adoptado como símbolo religioso, cultural y urbano.

Proyecto a mediano plazo

Hoy, la obra se desarrolla entre grúas, andamios y especialistas que trabajan a contrarreloj. Mientras dura la intervención, la entrada principal permanece cerrada y las misas se realizan por accesos laterales. En las alturas, restauradores retiran vegetación que crecía en la torre sur y avanzan en la limpieza profunda de molduras, columnas y cornisas. El proyecto continuará en lo que resta del 2025 y principios del 2026.

Queda claro que el reto no es sólo restaurar, sino conservar lo restaurado. Una vez que concluya la obra, la Catedral seguirá expuesta a la vida urbana: marchas, celebraciones, turistas, transporte, humedad y el incesante movimiento de la ciudad. Su supervivencia dependerá de mantener políticas de cuidado del Centro Histórico, reforzar la educación patrimonial y garantizar recursos constantes para su mantenimiento.