Desde hace siete años, el joven Joel Adrián Canul Cab mantiene viva una tradición que se ha convertido en símbolo de unión familiar: elaborar una piñata en forma de estrella, decorada con papeles multicolores y rellena con más de 20 kilos de dulces, cacahuates y pepita, para quebrarla la noche del 31 de diciembre junto con sus seres queridos.
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La costumbre, inspirada en la estrella de Belén que guió a los Reyes Magos, se ha arraigado en su familia como una manera especial de recibir el Año Nuevo. “En familia decidimos elaborar la piñata de tamaño grande, aunque resulta difícil conseguir el periódico que forma el cuerpo. Poco a poco reunimos las piezas y la forramos, es un proceso tardado que iniciamos varios días antes”, relató Canul Cab.
El 30 de diciembre, finalmente, la piñata quedó lista y fue decorada por cada integrante de la familia, quienes eligieron los colores de su preferencia para darle vida a la figura. Aunque algunos vecinos han pedido comprarla, Joel aclara que no se trata de un negocio, sino de una tradición que se comparte únicamente en el ámbito familiar.
Entre los participantes destacan Raúl Manuel Canul, su esposa Ilda Mariela Cab, y la abuela Ángela Chuc Kantún, de 83 años, quien pese a su edad siempre se coloca al frente para ser la primera en golpear la piñata. La enorme figura también atrae a curiosos que llegan para tomarse fotografías, convirtiéndose en un atractivo local.
La celebración de este 31 de diciembre incluirá además la quema del muñeco del año viejo y la música de un grupo contratado para amenizar la reunión. Sin embargo, Joel subraya que todo se hará en un ambiente familiar y con moderación: “Se trata de pasarla bien, sin excesos de alcohol, disfrutando juntos la llegada del nuevo año”.
Así, en Tenabo, la tradición de la piñata gigante se convierte en un símbolo de identidad y convivencia, uniendo generaciones en torno a la esperanza y los buenos deseos para el 2026.