Como cada carnaval, los tradicionales “pochobes” inundan las calles de esta “ciudad de los cantares” vestidos de mujeres para ofrecer diversión y buen humor a los habitantes. Bloquean el paso de vehículos hasta que pagan una cuota voluntaria, pero esta tradición genera preocupación: involucran a menores desde pequeños, convirtiéndola en un negocio que antes no existía y que se financiaba solo con donativos que entregaban las familias al ser visitadas en los domicilios.
Noticia Destacada
Depresión y problemas personales terminan en suicidio en La Concepción, Calkiní
El origen se remonta a un grupo del escuadrón local, cuya “reina” era “Pexita”, un adulto mayor solitario dedicado a tejer brazos de hamacas. Se disfrazaban con ropa de mujer para bailar en las calles y pedir propinas a los dueños de las casas, pero disfrutando el carnaval y sin molestar a nadie.
Hoy, las nuevas generaciones han transformado a los “pochobes” en un obstáculo al tránsito vehicular, ya que si no cooperas pueden dañar tu automóvil, especialmente este martes de pintadera, cuando las familias evitan salir para no arriesgarse.
Disfrazados y con rostros cubiertos, los ciudadanos afirman que representan un peligro más que diversión. Piden inculcar su verdadero sentido a los niños y reducir el temor entre la población.
Integrantes de las familias Pisté Mukul y Sosa Pech coincidieron en que el carnaval ya no es 100% divertido, ya que los “pochobes” no respetan a quienes no participan.
Hasta el cierre de esta edición no hubo incidentes reportados, se espera que continúen sin novedades.
Las autoridades fijaron horarios de 10:00 a 18:00 horas para su recorrido, aunque algunos grupos los ignoran, sobre todo si consumen bebidas alcohólicas, y se prolongan hasta una hora más en avenidas principales, afectando el tráfico.
JGH