El Carnaval de Campeche, una de las fiestas más antiguas de México, ha transformado sus escenarios a lo largo de los siglos, pasando de las empedradas calles del Centro Histórico a los amplios paseos del Malecón. Esta celebración, que combina tradiciones coloniales con expresiones locales, no solo representa un derroche de color, música y baile, sino también un reflejo de los cambios urbanos y sociales de la ciudad. Con más de 444 años de historia, el carnaval sigue siendo un evento emblemático que atrae a miles de participantes y espectadores cada año.
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Orígenes en la Época Colonial
La historia del Carnaval de Campeche se remonta a 1582, cuando el gobernador español Guillén de las Casas autorizó su realización en la entonces Villa de San Francisco de Campeche. Esta tradición, traída por los conquistadores europeos, se celebraba en los días previos a la Cuaresma y consistía en bailes con máscaras, disfraces y desfiles de carruajes tirados por caballos.
Los recorridos iniciales se concentraban en el Centro Histórico, donde se libraban “batallas de flores” y se observaban comparsas de grupos étnicos como negros, indígenas y enmascarados que desfilaban por las principales calles. En esa época, el carnaval era una fiesta restringida, limitada a espacios públicos céntricos como plazas y vías principales del casco antiguo, que permitían una interacción cercana entre participantes y espectadores.
Durante siglos, el Centro Histórico permaneció como el corazón de la celebración. Sin embargo, a medida que la población crecía y el evento se popularizaba, los espacios se volvieron insuficientes. Hasta la década de 1940, el carnaval evolucionó hacia una fiesta más pública, con la coronación de los primeros Reyes en 1941, lo que marcó un cambio en su estructura y participación. Aun así, los desfiles seguían anclados en el centro de la ciudad, aunque algunos eventos se realizaban en estadios como el Venustiano Carranza o en cines.
La transición hacia espacios abiertos y el malecón
Un punto de inflexión ocurrió en la década de 1980. En 1981, durante el gobierno de Abelardo Carrillo Zavala, el cronista Enrique Castilla Magaña impulsó una transformación significativa: el carnaval salió de los cines y se celebró al aire libre en el estadio Venustiano Carranza. En 1987, se trasladó a la Concha Acústica del Centro Cívico Héctor Pérez Martínez, lo que permitió un formato más masivo y público.
El cambio definitivo hacia el Malecón llegó en 2003, cuando, debido al crecimiento demográfico y la necesidad de espacios más amplios, el carnaval se reubicó en el Foro Ah Kim Pech, ubicado a un costado del Malecón. Esta área costera, con sus tres kilómetros de extensión, se convirtió en el epicentro de las actividades, permitiendo desfiles con carrozas alegóricas iluminadas, comparsas y bailes que interactúan con el público.
Eventos clave como el “Funeral del Mal Humor” comienzan en el Monumento a Don Justo Sierra; el Corso Infantil sale del Monumento Asta Bandera; el Sábado de Bando parte del Monumento 4 de Octubre; y la Ronda Naval realiza un circuito circular regresando al Monumento a Don Justo Sierra. Otros eventos, como la Algarabía Campechana, salen del Parque IV Centenario, en San Martín, integrando elementos folclóricos regionales.
Modificaciones Recientes por Obras Urbanas
En los últimos años, el carnaval ha enfrentado ajustes debido al desarrollo urbano. Para la edición de 2025, el Ayuntamiento de Campeche modificó las rutas del Corso Infantil, la Ronda Naval y el Sábado de Bando por obras de construcción del Tren Ligero en el Malecón.
Los recorridos se reubicaron para iniciar en el Parque de Moch Couoh y dirigirse hacia el poblado de Lerma, con el punto final aún por definir en ese momento. Esta adaptación buscaba mantener la esencia festiva sin interrumpir el flujo urbano, aunque representó un desvío temporal del tradicional Malecón.
Hasta la fecha actual, en 2026, no se han anunciado cambios adicionales, pero el carnaval continúa adaptándose a las necesidades modernas mientras preserva sus raíces. Eventos como la Quema de Juan Carnaval cierran la fiesta, simbolizando el fin del “mal humor” y el regreso a la cotidianidad.
El Carnaval de Campeche no solo es una celebración; es un testimonio vivo de la resiliencia cultural. De las angostas calles coloniales a los amplios paseos costeros, esta fiesta sigue uniendo a la comunidad en un estallido de alegría, recordándonos que las tradiciones evolucionan sin perder su alma.