Luis Carlos Coto Mederos
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Los efectos de la gripe
La gripe tiene temblando, señores, al mundo entero, y allá por el extranjero me han dicho que está acabando. Hoy estuve estornudando y un malestar me sentí, pero en seguida cogí y un cocimiento arreglé con miel de abejas, café, sábila y bejuco ubí.
Yo creo que a la mujer la gripe la afecta más y de ese virus jamás se ha sabido defender. Cuando a ella le empieza a hacer mal efecto la ronquera, estornuda como quiera y si una inyección se empuja lo que quiere es que la aguja no se la metan entera.
A Chucha, una amiga mía, esa gripe la atacó, tres termómetros rompió y ninguno resistía. Cuando su fiebre subía aquello era demasiado. Figúrense, que a su lado le puse un plátano crudo, y al tiempo de un estornudo me dejó el plátano asado.
Yo estuve agripado ayer y el médico, doctor Sosa, me mandó a hacerme una cosa que yo no me quise hacer. Cuando yo vi a mi mujer con linaza en un cacharro que luego vació en un jarro con una goma enganchada, me alcé y dije: ¡De eso nada, déjenme con mi catarro!
Chanito Isidrón 324
Cuando un hombre está fatal
Salí al campo a visitar a un querido amigo mío sin pensar en el gran lío que al fin me pude buscar. Tenía que atravesar por las malezas de un cerro sin llevar siquiera un hierro para poder defenderme: salió furioso a morderme al medio del trillo un perro.
Cuando vi que me fajó cogí por un platanal y aquel maldito animal por el rastro me siguió. Oí a un hombre que voceó al perro y caso no hacía, al oír mi gritería le decía: Pasa, bulle, y creí que decía “huye” y yo entonces más corría. El perro detrás de mi siguió por el platanal, detrás de una palma real que había, me guarecí. Al momento que lo vi que seguía por el trillo en un alto mamoncillo me fui a subir y no pude: llega el perro y me sacude furioso por el fondillo. Me suelta, subí a la mata al mirar que no se iba y casi llegando arriba me agarró por una pata. Yo gritaba. ¡Que me mata! y el dueño aligera el paso diciendo: Vas a hacer caso. Y jaló por el machete: me suelta el perro y me mete sin querer a mi el planazo. Todo esto fue sin llegar donde iba a la visita, dije: Qué suerte maldita, ahora tengo que virar. No dejaba de temblar, me puse verde, amarillo, cambiando a un color sin brillo lo mismo que un camaleón, y a todo esto el pantalón ripiado por el fondillo.
Pensé volver para casa mirando que ya iba mal y dije: Al hombre fatal de todo esto le pasa. Y sentí en forma de guasa que me voceaba un chiquillo, diciéndome el muy “sencillo” en tono medio burlón: ¿Cómo es que tan grandulón paseas sin calzoncillos?
Miguel Puertas Salgado