La fondista rarámuri Juana Ramírez volverá a poner el nombre de México en la escena internacional del atletismo al tomar la salida en el Maratón Femenino de Nagoya, en Japón. Su presencia no solo destaca por su rendimiento en largas distancias, sino también por la fuerza cultural que representa cada vez que compite.
Originaria de la Sierra Tarahumara, Juana ha construido su trayectoria en carreras de resistencia, donde la disciplina y la conexión con la naturaleza forman parte esencial de su preparación. Fiel a sus raíces, corre con la vestimenta tradicional de su comunidad: falda amplia y huaraches, sin recurrir a tecnología especializada, lo que la ha convertido en una figura emblemática dentro y fuera del país.
Una rarámuri en la élite del running mundial
Este domingo, Juana será parte del pelotón de aproximadamente 20 mil participantes que disputarán los 42.195 kilómetros en la edición número 15 del Maratón Femenino de Nagoya, considerado el evento exclusivo para mujeres más multitudinario del planeta.
La competencia cuenta con certificación de Guinness World Records como el maratón femenino más grande del mundo y posee la categoría Platinum de World Athletics, distinción reservada para las pruebas de mayor nivel organizativo y competitivo.
Una familia que corre fronteras
Juana forma parte de una reconocida familia de atletas rarámuri que ha llevado la tradición del ultrafondo a escenarios internacionales. Su hermana, Lorena Ramírez, alcanzó notoriedad global tras imponerse en competencias nacionales sin equipamiento técnico, lo que posteriormente la llevó a competir en Europa y protagonizar producciones documentales.
En el caso de Juana, su más reciente logro fue el triunfo en la División Indígena del Maratón Internacional de Ciudad Juárez 2025, resultado que abrió la puerta para su debut en Nagoya. Además, funge como embajadora de la iniciativa “México Imparable”, un proyecto que impulsa el talento deportivo nacional.
Más que una carrera, un mensaje
El Maratón Femenino de Nagoya nació en 2012 como una evolución de la histórica maratón internacional femenina de la ciudad japonesa, certamen que sirvió como clasificatorio para atletas olímpicas de alto nivel. Con el paso de los años, el evento ha superado las 22 mil inscritas y ha sido reconocido por su contribución al impulso del deporte femenino en Japón.
Para Juana Ramírez, cruzar la meta en Japón significará algo más que completar otro maratón: será una nueva oportunidad para mostrar al mundo la fortaleza del pueblo rarámuri, cuya tradición de correr largas distancias es parte de su identidad cultural.
Así, mientras miles de corredoras se alineen en la salida en Nagoya, México tendrá en Juana a una representante que combina resistencia, orgullo indígena y una historia familiar marcada por el amor a correr.