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Opinión

Flotilla rompe el cerco: Cuba recibe ayuda mientras el bloqueo energético profundiza la crisis

“A comienzos del 2026, la Administración de Donald Trump endureció aún más el bloqueo, cortando de facto los envíos de petróleo a la isla y amenazando con sanciones a cualquier país”.

Flotilla rompe el cerco: Cuba recibe ayuda mientras el bloqueo energético profundiza la crisis
Flotilla rompe el cerco: Cuba recibe ayuda mientras el bloqueo energético profundiza la crisis

La Habana amaneció ayer con una escena que no se veía desde hace años: una embarcación entrando al puerto cargada no de comercio, sino de resistencia. La flotilla Nuestra América, impulsada desde México y acompañada por activistas de más de 30 países, arribó esta mañana con toneladas de alimentos, medicinas, insumos básicos y paneles solares destinados a hospitales y comunidades.

No es un acto simbólico. Es una respuesta urgente ante una crisis que ya no se puede ocultar. Porque en Cuba hoy falta lo esencial: electricidad, agua, combustible y medicamentos.  Cuba enfrenta una de sus peores crisis eléctricas en décadas. Apagones prolongados, colapsos del sistema y cortes diarios de varias horas han marcado la vida de millones de cubanos en los últimos meses.

A comienzos del 2026, la Administración de Donald Trump endureció aún más el bloqueo, cortando de facto los envíos de petróleo a la isla y amenazando con sanciones a cualquier país que intentara abastecerla. Desde la primera semana de enero, Cuba prácticamente no ha recibido petróleo.

No es una crisis eléctrica: es un bloqueo petrolero. Cuba produce apenas el 40 por ciento del combustible que necesita. El resto dependía históricamente de importaciones, principalmente de Venezuela y México. Pero en el 2026: Venezuela se vio forzada a suspender envíos y México detuvo a finales de enero los suyos ante amenazas arancelarias de Donald Trump. De hecho, solo dos pequeños cargamentos de petróleo entraron en el 2026.

La falta de electricidad ha impactado directamente el acceso al agua. En varias zonas del país, familias han pasado días -e incluso semanas- sin suministro, porque el bombeo depende de energía. La escasez de combustible y electricidad golpea directamente al sistema de salud al generar riesgo en la conservación de medicamentos, provocar fallas en equipos médicos y claro: interrupciones en servicios hospitalarios

Por eso, la parte central de la flotilla que llegó hoy incluye medicamentos esenciales, insumos hospitalarios y paneles solares para garantizar energía en centros de salud. El bloqueo no es un concepto: se mide en los medicamentos que no llegan, en los alimentos que no se cosechan. Y es que sin combustible no se siembra, no se transporta y no se distribuye.

El bloqueo contra Cuba no es una medida reciente. Comenzó el 7 de febrero de 1962, cuando el presidente John F. Kennedy firmó la Proclama 3447, transformando restricciones comerciales en una prohibición casi total de relaciones económicas y financieras. Con el tiempo, se volvió más agresivo: con la Ley Torricelli (1992) que prohibió e comercio de filiales extranjeras de empresas estadounidenses con Cuba y luego cuatro años después con la Ley Helms-Burton, de 1996, que extendió sanciones a terceros países y empresas.

Esto convirtió al bloqueo en una política extraterritorial, que sanciona incluso a quienes no son parte del conflicto. Con el último decreto de Trump, el bloqueo no es bilateral, es un cerco global que pasa por una amenaza de aumentar aranceles a quien venda petróleo a Cuba. Cada año, desde el 1992, la Asamblea General de la ONU ha condenado el bloqueo y siempre por una amplia mayoría. En octubre del 2025, un total de 165 de 193 países votaron contra el bloqueo lo que representan aproximadamente el 92 por ciento de la población mundial. El consenso internacional es claro: se trata de una medida contraria al derecho internacional.

El bloqueo viola la soberanía de los estados, impone sanciones extraterritoriales (Ley Helms Burton y el decreto del 29/01/2026) y busca generar deliberadamente dificultades económicas. Documentos históricos del propio gobierno estadounidense revelan que el objetivo era provocar “descontento y penurias económicas” en la población cubana. Ha sido el mismo libreto durante más de seis décadas.

No es una política comercial: es una estrategia política. A pesar del endurecimiento de las sanciones, el gobierno cubano ha expresado su disposición a dialogar con Estados Unidos. El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, confirmó que existe un “proceso muy sensible” de conversaciones bilaterales. Pero ha sido claro en un punto: Cuba dialoga, ha dicho estar abierta al diálogo, pero no negocia su soberanía ni su dignidad.

La flotilla “Nuestra América” no es un hecho aislado. Es la respuesta de los pueblos ante una política que ha demostrado su impacto directo en la vida cotidiana. Más de 650 personas de 33 países participaron en esta iniciativa que hoy rompe, simbólica y materialmente, el cerco. Cuando los gobiernos bloquean, los pueblos tienden puentes.

Ayer, mientras un barco llegaba con ayuda humanitaria, quedó expuesta una realidad incómoda: Cuba no está aislada por decisión propia, está sometida a un cerco económico, energético y financiero, y en ese contexto cada apagón, cada hospital sin insumo, cada familia sin agua no es casualidad. Porque el bloqueo no es una narrativa política. Es real. Es una crisis diaria que se vive hoy en día en la oscuridad, en la escasez y la falta de insumos médicos. También en la resistencia de un pueblo, que siempre ha defendido su soberanía.