A pocos meses de haber sido rehabilitados, varios paraderos del transporte público en la zona hotelera presentan deterioro, situación que generó inconformidad entre ciudadanos, quienes cuestionan la calidad de los materiales y la ejecución de los trabajos.
De acuerdo con lo observado durante un recorrido por el bulevar Kukulcán se identificaron daños evidentes en distintos puntos, incluso, en estructuras con baja afluencia de usuarios. El desgaste prematuro de estos espacios contrasta con la imagen de modernización que se pretende proyectar en uno de los destinos turísticos más importantes del país.
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La inversión destinada a la renovación urbana de la zona hotelera, que incluye la rehabilitación de paraderos, asciende a aproximadamente a 286 millones de pesos. Esta cifra fue dada a conocer por el presidente operativo del Fideicomiso para el Fortalecimiento de la Actividad Turística de Quintana Roo, quien indicó que el paquete de obras contempló mejoras en ascensos y descensos, además de adecuaciones en vialidades.
Uno de los paraderos revisados se ubica en el kilómetro 25, donde los logotipos están prácticamente borrados y la pintura muestra un desgaste notable. En la parte superior, el techo presenta varillas expuestas cubiertas de forma provisional con cinta especial que comienza a desprenderse. Asimismo, las bases de los paneles solares registran corrosión, pese a que el sitio no es concurrido debido a que el transporte público sólo opera hasta el kilómetro 20.
En contraste, el paradero localizado en el kilómetro nueve, una de las zonas más transitadas por la concentración de centros nocturnos y restaurantes, presenta un daño más severo. Las paredes están manchadas y despintadas, algunas secciones muestran grietas visibles y las rejas metálicas bajo los asientos se encuentran oxidadas y flojas. Además, los elementos decorativos tipo madera exhiben tornillos sueltos, fisuras y desniveles que afectan tanto la imagen como la seguridad.
Durante el recorrido también se constató que la mayoría de los paraderos inspeccionados comparten problemáticas similares, como fracturas estructurales, desgaste generalizado, acumulación de basura y escombro que habría quedado tras las obras, sin una limpieza adecuada de las áreas intervenidas.
Amara, trabajadora del sector hotelero, señaló que “da la impresión de que sólo los pintaron sin cuidado. No parece un trabajo bien hecho; luce improvisado”. Añadió que aunque es positivo contar con zonas de resguardo, el estado actual no corresponde a una obra reciente.
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César Santiago, empleado, comentó que por la cantidad de dinero invertida, los paraderos deberían estar en mejores condiciones. “Aquí el sol, la humedad y la salinidad son intensos, y eso debió considerarse desde el diseño”.
Expertos en infraestructura urbana han señalado que el costo de instalar paraderos con materiales adecuados para el clima de la región podría optimizarse con mayor planeación, supervisión y control de calidad, lo que abre el debate sobre la diferencia entre la inversión realizada y el deterioro observado.
Ciudadanos y trabajadores coincidieron en la necesidad de que las autoridades revisen a fondo las obras, refuercen el mantenimiento y transparenten el uso de los recursos públicos para evitar que esta infraestructura continúe deteriorándose en tan corto tiempo.
Ezequiel, empleado de un restaurante de la zona hotelera, comentó que “de lejos parecen nuevos, pero al acercarte notas que ya están dañados. Si así están ahora, no quiero imaginar cómo estarán en un año”. Agregó que durante la temporada de lluvias el agua se filtra y los usuarios deben resguardarse en zonas inseguras.