Roldán Peniche Barrera
Yucatán Insólito
Siempre escuchábamos la fracesilla esa desde la escuela. La decían los sorbeteros, los panucheros, dulceros y todos los que venden comida en las escuelas a la hora del descanso. Con tal expresión nos indicaban que no tenían entre sus mercancías lo que uno les pedía.
En la tienda Continental, el granizadero Orlando Aguayo (q.d.d.g) tenía el dicho a flor de labio cada vez que le pedían algún granizado de aguacate o cocoyol, en plan de broma.
Revisando los diccionarios, comprobamos que no la registran el DRAE, el diccionario juvenil de Rodríguez Cimé y el de Ramos y Duarte. En cambio, el de Santamaría define:
NO HABER DE PIÑA. expr. fig. fam. No conseguirse una cosa; malograrse algo. (Quise obtener un empleo; pero no hubo de piña) Alude al refresco muy rico que se hace con la fruta.
También la menciona el del Dr. Güémez Pineda:
piña s.f. No hay de piña (Coloq.) Frase de sentido negativo. No rotundo; “Pues no hay nada, no hay de piña”. “Se escucha “pinia”.
Ejemplo:
Llegan a la tienda Continental pegando de gritos y caracajeándose D. Julián, su secre el Yorch, Elmerón y tres o cuatro más “sabios”:
-¡Hey, Orlando! -le grita D. Julián al granizadero- Dame uno de piña.
-No hay de piña -responde secamente Orlando.
-Pues de melocotón.
-No hay de piña.
-Entonces ¿qué hay?
-¡No hay de piña! ¿No entiende Ud. el español? ¡No hay nada!
Wachy Bates
Divulgación
Notre-Dame una tragedia esperada
El pasado día 15 de abril del 2019, todo mundo se enteró del incendio de la catedral Notre-Dame (Nuestra Señora) en París, Francia, este fatídico evento significó un duro golpe a la sensibilidad espiritual de los habitantes del planeta, sin distingo de raza o religión, en el sentido de que se trata de un monumento artístico patrimonio de la humanidad y un icono del acervo artístico y religioso enclavado en el paisaje parisino, una joya arquitectónica del más depurado estilo gótico edificada en el año 1163 y terminada 183 años después en 1345 o sea, tiene más de 800 años de existencia.
Desde antes ya existía el antecedente de una quemazón en ella, se dio en año 1789, que casi la destruyó en la época de la asamblea en plena revolución francesa, cuando el vulgo arremetió contra ella por considerarla un símbolo opresor de la monarquía depuesta, quedó en ruinas y en el año de 1825 la sentenciaron a ser demolida porque los parisinos la consideraban una ruina vulgar que afeaba a la ciudad.
Entonces el gran escritor Víctor Hugo dio la voz de alarma y salió a la palestra para defenderla retrasando la piqueta y escribió una novela publicada en 1831 “Nuestra Señora de París” donde narra la historia de Cuasimodo, quien vivía y cuidaba las ruinas y las campanas de la catedral y estaba enamorado de la gitana Esmeralda. Este libro tuvo un impacto tan favorable en favor de Notre Dame que el público francés clamó por su salvación, orillando al Rey Luis Felipe I a ordenar su restauración. Se filmaron dos películas sobre esta novela, una protagonizada por Anthony Quinn y otra de caricaturas por Walt Disney.
¿Por qué era una tragedia esperada? Pues resulta que a pesar de que estamos viviendo en la actualidad una era de modernización tecnológica a cada instante, existiendo avanzados sistemas digitales de monitoreo y alarmas tempranas de incendio, en Notre-Dame estaban muy atrasados en este renglón, tardaron casi media hora en darse cuenta del incendio que tuvo su origen justo debajo de la emblemática aguja central, esta torre estaba rodeada de un andamiaje de madera por obras de mantenimiento, hasta ese entonces con las llamas creciendo llamaron a los bomberos, quienes por cierto se llevaron la palma cuando lograron la valiente hazaña de salvar todo lo que se pudo salvar del patrimonio artístico y evitaron que a la fachada central la destruyera el fuego. ¡Bravo por ellos!
Pero la quemazón acabó con la torre antes mencionada, el techo y el interior de la catedral quedó arrasado, con muchas obras de arte hechas cenizas, salvo algunas partes que el fuego respetó. A qué se debió todo esto, insisto, el total del entramado interior que sostenía al techo, las escaleras, las vigas de sostén, eran de madera vieja y reseca, sin mencionar que los cables de la instalación eléctrica ya estaban caducos y nunca se renovaron y precisamente en ellos se originó el corto circuito que inició la conflagración, que ¡a la de uno, dos, tres te acabé! El fuego se llevó entre las patas a tanto tesoro artístico ahí acumulado, causando pérdidas irreparables. Pero, obviamente ya se puso en marcha el proyecto de restaurarla y se está juntando un fondo de aportaciones en pro de él que ya tiene cientos de millones de euros depositados. Juran que en cinco años estará lista. ¡Ojalá!
Saludos: wachybatesphoto@gmail.com