Edgar A. Santiago Pacheco
Es indiscutible la importancia de la Fototeca Guerra resguardada por la Universidad Autónoma de Yucatán a través de su Facultad de Ciencias Antropológicas, hace sólo unos cuantos meses, en marzo, el “Fondo Guerra” fue reconocido como Memoria del Mundo México-UNESCO, distinción que exhibe su importancia como patrimonio documental y memoria social de Yucatán.
Todavía tenemos presente en la memoria la encomiable labor que realizaron el Mtro. Waldemaro Concha Vargas por más de 30 años y el Dr. Carlos Magaña Toledano en pro de este acervo, sin quitar que otros hayan invertido su tiempo y esfuerzo en ella. Revisando los informes de la Biblioteca Central Universitaria, nos encontramos con los reportes que narran la adquisición de este valioso acervo, hoy joya para presumir a propios y extraños, en ellos nos encontramos con nombres de personajes de nuestra historia contemporánea, cuya aportación no debe quedar olvidada.
De la existencia del acervo fotográfico, tuvo noticia el entonces director de la Biblioteca Central Universitaria el abogado Rodolfo Ruz Menéndez, quien siempre visionario en las cosas históricas sugirió su adquisición al Rector Dr. Alberto Rosado G. Cantón. El abogado Ruz en el año de 1969, informaba “se compraron los antiguos negativos de cristal que formaban parte del archivo de la Fotografía Guerra [60,000 aproximadamente], que abarcan la historia fotográfica de la península en el último tercio del siglo pasado y primeras dos décadas del actual”. Vemos aquí la inversión de presupuesto universitario para la conservación del patrimonio e investigación.
No obstante los deseos de aprovechar de la mejor forma este acervo, en 1972 se hacía saber a la sociedad través de la Revista de la Universidad que: “Los varios miles de placas o negativos de cristal, adquiridos de la Fotografía Guerra, hace ya algún tiempo, han sido acondicionados en estantería metálica y clasificados por tamaño, en el depósito-bodega del primer piso del edificio, muy próximo al local de la Biblioteca Manuel Crescencio Rejón de la Escuela de Jurisprudencia, por absoluta falta de espacio en el propio local de la Biblioteca Central Universitaria. (…) En la medida de nuestras posibilidades, se comenzará el estudio y clasificación sistemática de estas placas”.
Al año siguiente -1973- se retomó el tema y vemos la aparición en escena del Dr. Alfredo Barrera Vásquez, y la mención de un problema, hasta hoy no saldado en la Fototeca, la clasificación sistemática del acervo, con criterios disciplinares de profesionales del área de la organización de la información; por ello se pide al entonces director de la Escuela de Ciencias Antropológicas que a través del servicio social “Pasantes de su Escuela que tengan especial interés en la Historia y Antropología Social de la época que abarcan estos negativos, así como también del estado en que se encontraban las ruinas mayas que reproducen” realicen la clasificación. Las circunstancias impidieron que el Dr. Barrera Vásquez cumpliera con la petición, pues ese año renunció a la dirección de la Escuela.
Corresponde al siempre bien recordado Salvador Rodríguez Losa, ya director de la escuela, responder en 1975 a la petición de Ruz Menéndez, enviando al entonces pasante de arqueología, Alfredo Barrera Rubio, coordinador general por esos años y durante varía décadas, del Boletín de la Escuela de Ciencias Antropológicas, “para realizar los trabajos de selección y clasificación de los varios miles de placas o negativos de cristal, que se adquirieron, por compra, a la Fotografía Guerra en 1969”, labor que realizó al menos durante tres años. En 1979, bajo la surrealista figura de “préstamo permanente” el archivo fotográfico se traslada a la Escuela de Antropología, gracias a las gestiones de Salvador Rodríguez Losa y Alfredo Barrera Rubio. En las Actas del Consejo Técnico de la Escuela de Ciencias Antropológicas, del miércoles 21 de febrero de 1979 se escribe sobre el tema “También se informó [por el Director de Antropología], del proyecto de rescate de unas placas fotográficas a cargo de Alfredo Barrera R. y tres estudiantes de arqueología”.
Sin embargo, todavía faltaba un último esfuerzo económico por parte de la Universidad, en 1987, durante la gestión del rector Ing. Alvaro Mimenza Cuevas, del director de la escuela antropólogo Carlos Bojórquez Urzaiz y estando al frente de la Fototeca Waldemaro Concha Vargas, se adquirió el resto de la colección fotográfica, con un presupuesto especial de cinco millones de pesos. De esa manera la Fototeca Guerra completa, quedó en propiedad de la UADY, eso sí, no puede dejar de mencionarse la voluntad de la Sra. Josefina Gual de Castellanos, quien eligió a nuestra Universidad como compradora, por encima de instituciones o particulares extranjeros.
Hoy 2019, la Fototeca Pedro Guerra, es un área de oportunidad para la investigación y lugar de preservación de la memoria social de los yucatecos, muestra de la labor histórica de la Universidad a favor del patrimonio. Abierta a toda la ciudadanía gracias a los esfuerzos de universitarios y Universidad siempre ocupados en servir con calidad.