En nuestros tiempos escolares, nuestros profesores tachaban una lección mal dada o un ejercicio mal hecho de “chabacano/a”, palabra novedosa para nosotros entonces.
Dice el DRAE:
CHABACANO, A Adj. Grosero de mal gusto.
No lo incluye el diccionario de Edgar Rodríguez. Tampoco el del Dr. Güémez Pineda. ¿Será que estos últimos consideran tal término anticuado o en desuso?
Pero realmente sí existe chabacano y tiene el uso a que hemos hecho alusión.
Veamos un ejemplo:
En el Moncho’s llega el Barrigas con un feo tucho del que presume de su hechura.
-¿Tú lo hiciste, Barrigas?
-Yo mero. De la cabeza a los pie, Gas.
-No lo creo.
-Pues velo creyendo. Con estas propias manos.
-¿Hasta el colorete y todo lo demás?
-Hasta donde quieras mirarlo.
-Oye, no te lo creo.
-¿Y por qué?
-¡Hombe! Está muy chabacano…
-¡Ya sabía que te gustaría!
Poesía Joven de Yucatán
Por Juan Manuel Góngora Briceño
I
Tus senos resplandecientes,
es visión maravillosa,
como oler una rosa,
temperaturas crecientes.
Me siento como un macho
cabrío, guiado por instinto,
una obra de arte yo pinto
que despierta al populacho.
Tenerte tanto fue un error,
mi mundo entero cayó
en una espiral, bebió
de tu manantial con fervor.
Tantas escenas de ensueño,
de inolvidables detalles
rebosan hasta las calles
de la vida, que es sueño.
Y para no olvidarte voy
tras de ti en pensamientos,
evitando ya los vientos
que nos desaparecen hoy.
Roldán Peniche Barrera
(Continuará mañana)