SAN ANTONIO TZACALA, comisaría de Mérida.– El Dr. Sebastián Díaz y Díaz y su esposa Etelvina Nicoli fueron quienes mandaron construir la hacienda San Antonio Tzacalá en 1915, durante la época de bonanza henequenera.
–La época de oro se construyó con la explotación de campesinos mayas, como Gregorio Chan Uit, ya fallecido, señala su hijo Albertino Chan Narváez, de 83 años de edad.
Cuando murieron el doctor y su esposa, la hacienda pasó a sus hijos Remigio y Antonio Díaz, quienes luego la vendieron a otras personas.
Hace aproximadamente medio siglo, muchas haciendas de Yucatán fueron abandonadas porque el henequén dejó de ser un buen negocio.
Todavía quedan partes de la casa grande de la antigua hacienda, así como las ruinas de una capilla católica.
Sin embargo, habitantes de esta comunidad llevaron a cabo una colecta para levantar un nuevo edificio donde asisten a misa.
Una época muy bonita
“Unos 40 hombres trabajaban en el tren de raspa; fue una época muy bonita, muy chévere; recuerdo que los dos hermanos Díaz eran los que manejaban todo lo del henequén y se vendía el sosquil, pero 40 ó 50 años después se acabó todo; yo vivía aquí en la hacienda con mi papá Gregorio Chan Uit y mi mamá Delfina Narváez”, nos dice don Albertino.
“Apenas empezaba a clarear el día y tenías que ir a buscar soga para ir al plantío y cortabas el henequén, y el mayacol (capataz) pasaba y veía cuánto trabajo habías hecho para pagarte el día sábado; yo iba con mi papá Gregorio desde que tenía 8 años; él cortaba las pencas y yo le quitaba las espinas con un cuchillo”, señala.
Yo quería ser maestro
“Ya cuando era la una de la tarde, yo me quitaba de los plantíos porque entraba a las tres de la tarde a la escuela y salía a las 7 de la noche; yo saqué buen punto cuando llegué a sexto año; no había secundaria entonces; me dieron mi calificación buena para que yo sea profesor, pero me tenía que ir a recibir a Tekax; en esa época las mamás apreciaban mucho a sus hijos y como yo fui hijo único, mi mamá me dijo: “Si te vas no vas a volver”, y no me dejó ir; si no yo hubiera sido profesor, yo quería ser maestro, pero mi mamá me entregó a una sastrería para que aprendiera y fui sastre, hasta los 60 años lo dejé, ya estaba yo grande”, nos refiere este viejecito.
“Hasta hoy veo muy bonita la hacienda; en la casa mayor vivían los patrones; lástima que la abandonaron porque sigue estando hermosa, ya lleva 50 años sola y se está deteriorando; los dueños actuales deberían aprovecharla y es que la gente del pueblo hizo una junta de dinero y le hablaron a los albañiles y construyeron la capilla; había una chiquitita, pero se fue cayendo; ahora cada vez que veo la ex hacienda se me acuerda la época antigua; aquí jugábamos pesca-pesca, guarda-guarda; fue hasta 1967 cuando llegó la corriente; jugábamos con Laureano, Mariano, Bernardino, Leonardo, Pancho Macías, Pedro Chan y Juan; ya algunos murieron y otros aún viven en el pueblo, expresó”.
Impulso turístico
Finalmente dijo que le gustaría que los niños y jóvenes conocieran la historia de la ex hacienda, que los dueños hicieran algo, un museo, una biblioteca o algo que ayude a que San Antonio Tzacalá sea visitada por el turismo que genera fuentes de empleo.
Cabe señalar que San Antonio Tzacalá se encuentra a unos 30 kilómetros al Sur de Mérida; esta ex hacienda cuenta con un parque, una capilla católica, un kínder y una primaria; por la falta de oportunidades de trabajo los jóvenes tienen que emigrar; sólo cuatro ejidatarios tienen sembradíos de tomate, chile habanero, coco y limón; desde hace más de 20 años han solicitado un camino saca-cosechas, pero no han tenido éxito.
(Texto y fotos José Luis Díaz Pérez)