
Con un diseño sobrio y elegante, como una cortina de remates triangulares, se levanta imponente la iglesia de Santiago Apóstol, uno de los monumentos más representativos del municipio de Cuzamá, enclavado en la famosa ruta de los cenotes.
Este templo centenario, considerado Patrimonio Cultural, forma parte esencial de la identidad de la comunidad. De acuerdo con la historia, la primera edificación religiosa en el lugar fue de origen franciscano; sin embargo, la actual iglesia, con sus frontispicios y acabados es obra del clero secular, que la levantó desde los cimientos durante la segunda mitad del siglo XVIII, dejando sepultada la antigua capilla de doctrina construida con materiales perecederos.
Desde hace más de tres siglos, el pueblo rinde veneración especial a la Virgen de la Natividad, cuya imagen convirtió a la iglesia en uno de los cuatro principales santuarios marianos de esta advocación. La devoción es tan fuerte que la sagrada efigie, conocida popularmente como Nuestra Señora de Cuzamá, es protagonista de leyendas y relatos milagrosos transmitidos de generación en generación. Para los pobladores, este templo es la máxima representación del período colonial.
“La iglesia es un símbolo visible de nuestro pueblo, porque ha permanecido por siglos, ya con carácter patrimonial y cultural. Debemos cuidarla y sentirnos orgullosos de esta obra que levantaron nuestros abuelos, pues se ha vuelto emblema de nuestra comunidad”, expresó el promotor cultural Anuar Chan.
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En cuanto a los antecedentes históricos, se sabe que Cuzamá fue un asentamiento prehispánico y que, tras la conquista, quedó como encomienda de veteranos soldados de Francisco de Montejo.
Hoy en día, la iglesia conserva su precioso frontispicio a dos aguas, coronado con espadaña y campanario. En su interior se resguardan pocas imágenes, pero de gran valor en el arte sacro. Y cada mes de septiembre, Cuzamá se desborda en fiesta para honrar a su patrona, en una celebración que mezcla fe, tradición y orgullo comunitario.