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Campeche

Panadería Gallardo’s, una historia de esfuerzo familiar

La historia de la familia Gallardo está ligada al oficio de la panadería desde sus abuelos, tanto maternos como paternos, y cuyo legado echó raíces en la Isla cuando el señor Eliseo Gallardo Rodríguez llegó a operar la maquinaria de la Fábrica de Galletas del Carmen, instalada en la calle 20 frente al paradero de combis y cuyo vestigio aún puede observarse.

Fue entonces cuando el hogar formado por Don Eliseo y la señora María Cristina Lizardi Macedo se mudó al municipio, relata a POR ESTO! su hijo Matías Gallardo, quien aún recuerda a detalle ese día de 1979, desde su arribo a través de la antigua panga hasta su hospedaje en el Hotel Roma.

“Mi papá vino a dar un curso para operar la maquinaria de la fábrica y después la familia López Sosa lo invitó a dirigir el departamento de producción y así empezó aquí nuestra historia”.

La venta de donas, pelonas y hojaldras, que aún se venden con arraigo en las calles del Centro de la ciudad, inició hace 39 años, esta tarea implicaba la participación de todo el núcleo familiar que desde muy temprano iniciaba con la elaboración, dividiéndose las tareas de tal forma que la preparación le tocaba a las hermanas Clemencia, Aracely, María Isabel y Jhazzel; mientras la venta estaba a cargo de los hermanos Matías, Abel y Eliseo.

Primero, recuerda Matías, iniciaron con una charola y así hasta que fueron tres, luego vino el triciclo que por cierto prestaban, hasta que lograron tres pequeños puestos y fue en el 2007 que abrieron al público el expendio que identifica el logo de la hormiguita panadera.

Fue justo el año de la inundación en Tabasco, cuando la familia donó dos mil piezas de pan en apoyo de los afectados por las inundaciones para las brigadas que acudieron en apoyo por parte del municipio. “Mis padres y la familia siempre ha sido muy creyente y a partir de ahí recibimos la bendición de Dios y empezó a levantar el negocio”, agrega Matías.

Ese logro significó el trabajo y esfuerzo de don Eliseo Gallardo que desde su inicio tuvo la visión de ofrecer pan fino de calidad a cierto segmento de la población, y que ahora a sus 73 años continúa asegurándose que se mantenga el sabor y la buena atención.

Clemencia, una de las hijas de don Eliseo recuerda que “todos los días se trabajaba, no había fines de semana y mucho menos días festivos porque esos era cuando más trabajo había”; ahora ella continua atendiendo por las tardes el negocio que administra la más joven de las hermanas, Jhazeel, quien detalla que las temporadas de lluvia y frio son las mejores para las ventas, mientras que en las del calor baja aunque se mantiene.

La familia guarda cientos de anécdotas y valiosos recuerdos de sus padres, desde la grata coincidencia de que estos se conocieron en una panadería donde su madre era dependiente y que les fue suficiente tres días de conocerse para iniciar el noviazgo que duró 15 días y dio como resultado 49 años de feliz matrimonio hasta la muerte de doña María Cristina.

A ella la recuerdan con amor, siempre alegre y pícara, pero ante todo generosa, porque “si alguien necesitaba el pan ella se lo regalaba”, comenta Clemencia y entre risas Matías añade que cuando su madre los acompañaba a la venta de donas, en más de una ocasión terminaba por obsequiarlas todas y el problema era a la hora de dar cuentas a su padre.

Aseguran que su historia de emprendimiento no ha sido fácil pero siempre ante todo han puesto a Dios como guía, prevaleciendo el respeto a sus padres y la ayuda al prójimo.

“Para mi padre siempre ha sido vital la calidad de los insumos, recuerdo un anécdota en que me dio una regañina por intentar cambiar la margarina por una más económica” apunta Matías, quien con orgullo comenta que gracias a sus clientes sus hojaldras han recorrido a Monterrey, México, Sonora, Mérida, y hasta Nueva York, Italia, Estados Unidos.

(Texto: Diana Bravo Carrillo/ Fotos: Carlos Valdemar)