Entre el eco de los barrios tradicionales y a paso lento, la voz de Luis Kim resuena por las calles de la ciudad colonial de San Francisco de Campeche.
De origen yucateco, él no anuncia ofertas modernas ni promociones relucientes, sino un oficio casi olvidado: el de estañador, lañador o remachador, conocido como el arte de dar una nueva vida a las ollas del hogar campechano.
Con caminar pausado y manos curtidas por los años, Luis recorre los barrios tradicionales como Santa Lucía, San Francisco, Guadalupe y otros en la capital campechana, cargando herramientas y un sinfín de historias de alguien que conoce cada una de las calles de la ciudad.
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Aunque nació en el vecino Estado, encontró en Campeche su hogar desde hace 50 años, tiempo suficiente para ver cómo su oficio pasó de ser indispensable a resistir, casi en silencio, el avance de lo desechable y la tendencia a consumir lo más nuevo o moderno.
“La cosa no va tan bien como uno espera”, confesó sin perder la serenidad, mientras acomodaba una sartén sin mango sobre sus rodillas para repararla, y sus manos buscaban entre sus cosas las herramientas para realizar la labor.
Señaló que cada día logra realizar algunos servicios, cobrando 30 pesos por remache, lo que consideró suficiente para seguir adelante y no abandonar el oficio que conoce desde hace medio siglo y que ya es parte de su vida.
A su lado camina Nehemías Kim, su hijo, quien aprende cada movimiento y cada truco de este arte metálico; esto, mientras Luis adapta pequeños pedazos de hierro y devuelve la funcionalidad a ollas y sartenes que parecían condenados al olvido, otorgándoles una segunda oportunidad en la intimidad de las cocinas.
Así, entre el sonido del martillo y la esperanza heredada, Luis Kim mantiene vivo un oficio que se niega a desaparecer, recordando que en Campeche todavía hay manos que reparan, conservan y resisten el paso del tiempo.