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Opinión

Venezuela. Estrategia de supervivencia

“Convivir con la única potencia continental que es además la primera a escala mundial y que no se ruboriza al proclamar que ejercerá la hegemonía sobre todo el entorno político hemisférico”.

Venezuela. Estrategia de supervivencia
Venezuela. Estrategia de supervivencia

Transcurridos más de 20 días desde la agresión de Estados Unidos contra Venezuela, que culminó con el secuestro y traslado a Estados Unidos del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, la decapitada dirección chavista, al parecer tomada por sorpresa, ha respondido a las exigencias del momento con un comportamiento merecedor del beneficio de la duda. La habilidad para maniobrar, salvar lo que pueda salvarse y preservarse para conducir el país, no carece de méritos.

Cuentan que, durante el golpe de estado contra Hugo Chávez (11-03-2002), cuando pudo mandarle un mensaje, Fidel Castro le aconsejó: “No inmolarse ni renunciar. ¡No firmes nada!”. La cúpula chavista, formada por Delcy Rodríguez, presidenta encargada, su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, y Diosdado Cabello, super ministro del Interior, Justicia y Paz, seguidos a prudente distancia por el menos convincente general Vladimir Padrino, cabeza de lo que pareció ser una poderosa organización militar cuya incapacidad para reaccionar a una “guerra avisada” resultó notoria.

La triada que ejerce el poder nominal, a la vez que (sin exagerar) evoca respetuosamente al presidente cautivo y mantiene una discreta movilización popular en demanda de su libertad, pone en práctica lo que parece ser una “estrategia de supervivencia”, asumida también por la sociedad, las élites, las fuerzas vivas de la política, incluidas la oposición, las autoridades regionales y los mandos militares, incluso los agresores parecen conformes con lo alcanzado.

Más allá de la heroica ofrenda de los militares cubanos y venezolanos, que ofrecieron heroica resistencia, no hubo baños de sangre, las estructuras de poder, el Gobierno y los mandos militares y policiacos no fueron desautorizados, la actividad petrolera no cesó ni un día, los órganos administrativos, las actividades productivas, la industria y el comercio, los servicios de salud y el sistema escolar no dejaron de funcionar. La prensa circuló y la paz social no fue alterada. No se necesitaron estados de excepción ni toque de queda. Los detenidos son mínimos, nadie renunció ni hay exiliados en las embajadas en Caracas.

Una agresión inédita, un secuestro sensacional y una escandalosa violación de la soberanía y la legalidad internacional, fue saldada con el menor daño humano posible. La naturaleza de la operación, minuciosamente diseñada y exhaustivamente ensayada, fue realizada con todas las ventajas del que ataca por sorpresa que fija los objetivos, escoge las fuerzas necesarias, elige la hora, el lugar, los medios y las formas de lucha y, en este caso se propuso un sólo objetivo, alcanzable por tratarse de apresar a una persona y hacerlo al amparo de la noche mientras descansaba. Lo limitado de la operación, la idoneidad de los medios utilizados, la anulación previa de los códigos defensivos y la interrupción de los mecanismos de aviso, favorecieron la sorpresa e impidieron la movilización de apoyos de las fuerzas principales.

La urgente retirada no dio a los agredidos oportunidad de desplegar y usar sus mejores armas y organizar la resistencia. No hubo fuego antiaéreo, no despegó la aviación ni accionaron medios navales. En cuestión de horas todo había terminado. Obviamente, con traición de alcance estratégico u operativo, política o militar o sin ellas, previo a la operación castrense debe haberse ejecutado una vasta y quizás dilatada labor de recolección de información y/o penetración que aportó insumos, no sólo para la realización, sino para el diseño de la estrategia consistente en dejar acéfalo al poder, preservando la institucionalidad, parte del liderazgo, incluso manteniendo ciertas consignas para, asegurar la estabilidad del país por un período razonable y luego, proceder en concordancia con los resultados.

Por extraño que parece, el curso de los acontecimientos, los hechos e incluso la retórica funciona para todas las partes, incluso la presidente encargada Delcy Rodríguez ha presentado un Plan de 100 días que puede funcionar, a pesar de haberse elaborado con prisas y presiones, incluyendo acciones que tal vez, en la víspera del 3 de enero no habían sido consideradas.

El primero de los objetivos del Plan de 100 días es restablecer la convivencia y la paz, suprimiendo el odio y la violencia políticas. Para ello se procederá a un “mapeo de la violencia y los odios políticos”, para identificar de dónde proceden y a quiénes afectan. Un paso clave en esa dirección es la excarcelación de 626 opositores hasta el 26 de presente mes de enero.

Según la presidenta (encargada), el 85 por ciento de los venezolanos aprueban el empeño, subrayando además el objetivo de promover la tranquilidad del país y la paz social que beneficie a todos los sectores. A tales efectos indicó la convocatoria en la Asamblea Nacional de un encuentro de todos los sectores políticos del país, tanto “coincidentes” como “divergentes” con la condición de que sean exclusivamente venezolanos. Un dato de la mayor relevancia y que entraña una reforma fundamental consiste en una reflexión sobre el sistema de Justicia de Venezuela, invitando a pensar en un “modelo de Justicia penal alternativa al existente…” “Estamos aspirando a la convivencia democrática y la paz” como punto común, y se pronunció por una “paz en todas sus dimensiones”.

Sostuvo además que: “…Las acciones y expresiones colmadas de intolerancia” han “comprometido la independencia y soberanía nacional…” Un dato de la mayor relevancia es el anunciado empeño de “Reinstitucionalizar la política venezolana” lo cual supone devolver a las instituciones, el papel que les corresponde, incluidas la oposición, el estado de derecho y la separación de poderes, lo cual como estrategia no solo es correcto, sino vital. La presidenta encargada aseguró haber compartido “visiones” con las personas del Programa para la Convivencia y la Paz, “con un fin común” que es, subrayó, “la paz de Venezuela entendida en todas sus dimensiones”.

Se pueden creer o no los trascendidos que agencias y medios de prensa, entre ellos The Guardian, atribuyen a Delcy Rodríguez acerca de las amenazas de que fueron objeto y sus comportamientos en las horas y días siguientes al ataque, pero lo cierto es que, por su parte, no parecen haber existido vacilaciones. Según la ahora líder del proceso político venezolano, difícilmente homologable con una revolución, lo más importante para ella es: “Preservar la paz de la república y rescatar a los rehenes”, refiriéndose a Maduro y a su esposa.

“Se trata, añadió, de un momento de resistencia y de una batalla que tiene que dar Venezuela”. Debido al viraje que se ha producido en el proceso político venezolano que, por unas u otras razones, se adentra en una nueva etapa en las relaciones con los Estados Unidos, lo cual puede resultar sumamente difícil de administrar.

Convivir con la única potencia continental que es además la primera a escala mundial y que no se ruboriza al proclamar que ejercerá la hegemonía sobre todo el entorno político hemisférico, manteniendo a la vez la soberanía nacional, recuerda a los esfuerzos por cuadrar el círculo. Quien lo logre habrá realizado un aporte a la geopolítica mundial.