NOS CUENTAN TAMBIÉN que el senador Jorge Carlos Ramírez Marín analiza seriamente una ruta jurídica contra el criterio que obligaría a que la candidatura a la gubernatura de Yucatán sea para una mujer.
Pretende apoyarse en resoluciones de la Suprema Corte sobre paridad en San Luis Potosí y Duran go. Pero quienes saben de derecho electoral advierten que ahí está el primer tropiezo: no son casos idén ticos. Cada resolución tuvo circuns tancias, normas y argumentos pro pios, y trasladarlas en automático a Yucatán es bastante más complicado de lo que algunos imaginan. Aun así, el verdadero riesgo quizá no esté en los tribunales, sino en la política.
Embestir una disposición creada para garantizar la postulación de una mujer podría leerse, dentro y fuera de Morena, como una afrenta a la participación política femenina.
Y las cuentas tampoco cuadran fácil: con la paridad que deberá observarse en las gubernaturas en disputa, las dirigencias nacionales tendrán que repartir candidaturas entre hombres y mujeres.
Aunque una impugnación prosperara y cayera ese candado, Morena seguramente postularía a una mujer por sus propios crite rios políticos y de paridad, que en el 2027 quedaron en 10 mujeres y 7 hombres, con las plazas competi tivas para el género femenino. Ahí está la paradoja: Ramírez Marín podría ganar la batalla jurídica y perder la guerra política.
QUIEN ESTÁ MONTADA en su burro y sin intención de bajarse, nos cuentan, es la diputada María Esther Magadán. Según versiones de su gente cercana, ya habría avisado que no aceptará premio de consolación alguno: quiere la candidatura a la alcaldía de Progreso.
Su argumen to sería sencillo: lleva años trabajando el municipio, ha construido estructura y cree haber hecho méritos de sobra. Nos aseguran que advirtió que no to lerará lo que considera una eventual imposición de Lila Frías y que defen derá hasta el fi nal lo que asegura haber sembrado en Progreso.
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