La pasada contienda electoral colombiana, aunque muy impor tante, fue sin embargo una es pecie de calentamiento para las presidenciales que se llevarán a cabo en el próximo mes de mayo.
En ella quedaron definidas como po sibles ganadoras las fuerzas de ex trema derecha, derecha e izquierda. La extrema derecha ha perdido fuerza ante la derecha, sin que ello quiera decir que no tenga posibilidades de ganar.
Pero el electorado colombiano parece estar inclinado hacia el centro y quienes se presenten bajo esa cobertura tendrán más opciones luego de los éxitos de la justicia transicional que ha descubierto verdades dolorosas del conflicto armado a las que condujeron los extremos de los años aciagos de lo más duro de la confrontación en tre grupos armados irregulares entre sí y de todos ellos contra la pobla ción inerme y los excesos criminales de miembros de la Fuerza Pública.
Quien alcanzó la tercera votación como segundo en la lista que encabezaba la heredera política del expresidente Álvaro Uribe, ha arriado sus banderas de defensa del Acuerdo de Paz y de condena al genocidio del pueblo palestino ante la posibilidad de escalar hasta llegar a vicepresiden te de la República haciendo caso omiso de las declaraciones de la candida ta a presidenta que ha dicho que está en contra de todo eso y además que no aceptaría que una pareja homosexual (preferencia asumida por su posible vice) pudiera adoptar niños.
Así que ahora se repetirá el caso del actual presidente con su vicepresidenta Francia Márquez, una activista social y ambiental de las negritudes, que por falta de enten dimiento con el presidente quedó en un limbo en que no ha podido obte ner ningún resultado político como no sea el de evidenciar el peligro de elegir fórmula vicepresidencial guiándose solamente por el caudal de votos que pueda aportar.
En esto de las presidencias y vicepresidencias recientemente elegidas se nos presenta una circunstancia muy particular: la candidata presidencial de derecha, Paloma Valencia, quien llegó a proponer hace unos años que debería dividirse su departamento -el Cauca- en dos: uno “para que los indígenas hagan sus paros, sus mani festaciones y sus invasiones, y uno con vocación de desarrollo donde podamos tener vías, se promueva la inversión y donde haya empleos dignos para los caucanos”; pertene ciente a la oligarquía blanca, es nieta de Guillermo Valencia quien persi guió a muerte al líder indígena Quintín Lame, luchador por la restitución de tierras de su comunidad encabe zando la primera guerrilla indígena de Latinoamérica.
Y Aida Quilcué, indígena candidata vicepresidencial de la izquierda en fórmula con Iván Cepeda, es biznieta de ese luchador. Pero, a pesar de ese tono aparente mente conciliador, las tesis del expre sidente Uribe -a quien Iván Cepeda venció en litigio- son las de Paloma: su rechazo a la diversidad de género (Uribe no es siquiera capaz de decir la palabra homosexual porque le que ma la lengua y dice en cambio “no heterosexual”) y su combate encar nizado contra el Acuerdo de Paz.
Así que, todo parece indicar que el otro ra intelectual de centro Juan Daniel Oviedo, su candidato a vice, no tendrá ni voz ni voto en esa campaña por que ya la heredera de Uribe dijo que mantendrá sus posturas de derecha y lo que diga Oviedo no tendrá ningún peso, si es que tiene chance de decirlo. Además, sus seguidores no votarán por la derecha. O sea, le la vará la cara a Paloma, pero le apor tará pocos votos.
Aquí no habrá voz ni votos del segundo en la fórmula. Por otra parte, en la cancha de la extrema derecha, su pintoresco can didato a presidente ha presentado como su fórmula vicepresidencial a un académico que más tardó el aparecer como candidato que en recibir el rechazo de sus pares.
El haberse retratado haciendo el saludo marcial junto con el candidato, acabó de ca var su sepultura política. Difícilmen te alguno de sus antiguos colegas de la academia aceptarán esa voltereta política. Ya ha habido manifestacio nes en ese sentido.
No aportará ni voz (cuando dijo que De la Espriella -el candidato- era un demócrata, casi que cosechó solo risas) ni votos. Así las cosas, todo parece indi car que los candidatos a presiden te no aumentarán el caudal de vo tación con sus acompañantes en el tarjetón.
El caso de Iván Cepeda es distinto porque su compañera de fórmula es una luchadora indígena con mucho reconocimiento por sus mé ritos propios, pero sus votantes son los mismos de él. Consolidará políti camente su campaña como una ofer ta coherente pero no le aportará vo tos distintos a los que ya son suyos.
Las otras propuestas para presidente y vicepresidente hasta el momento todo parece indicar que no tienen posibilidades reales de triun far. Aunque nunca nada puede darse por hecho en materia de elecciones. Álvaro Uribe, uno de los presidentes que ganó con más alta votación, tuvo el 2% de intención de voto casi has ta la mitad de la campaña.
Y cuando competían Juan Manuel Santos, quien finalmente resultó elegido, y Antanas Mockus, casi hasta el día mismo de elecciones las encuestas daban a este como ganador.