Entre el 70 y 80 por ciento de los aproximadamente 150 cenotes ubicados en zonas urbanas y periféricas de los municipios del norte de Quintana Roo presentan algún grado de contaminación, una situación que pone en riesgo directo al acuífero subterráneo, del que depende al 100% el abastecimiento de agua en la región, sostuvo Epigmenio Cortés, del Colegio de Biólogos de Benito Juárez.
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Con el objetivo de conocer el estado real de estos cuerpos hídricos, el colectivo de ciencia ciudadana Cenotes Urbanos desarrolla un proyecto de monitoreo a largo plazo para analizar la calidad del agua y dar seguimiento a los impactos del crecimiento poblacional, la extracción intensiva y el aumento de fuentes de polución, como descargas residuales, fosas sépticas y escurrimientos urbanos.
De acuerdo con datos oficiales, en 2022 el 49.8% del agua de los pozos monitoreados en el estado presentaba contaminación por materia orgánica, cifra que expertos consideran no ha disminuido. “Creemos que la polución de estos cuerpos ha aumentado”, advirtió Cortés.
En la zona norte del estado se concentra una alta densidad de cenotes: en Benito Juárez hay más de 60 identificados, en Playa del Carmen alrededor de 40, en Puerto Morelos al menos 20, y en Tulum más de 70, varios de ellos en áreas de expansión inmobiliaria y turística. La cifra total en Quintana Roo supera los mil cuerpos de agua subterráneos, aunque no todos están mapeados ni protegidos, y en muchos casos son explotados como atractivos turísticos.
La organización destacó que la importancia de los cenotes va más allá de su valor turístico, pues son ventanas directas al acuífero, funcionan como filtros naturales, hábitat de especies endémicas y corredores biológicos subterráneos, además de ser puntos clave para la recarga de agua dulce. “Su contaminación implica un riesgo inmediato para la calidad del agua que llega a todos los hogares”, advirtió Cortés.