Síguenos

Última hora

Reportan presunto asalto en Ciudad del Carmen al “El Niño Viajero” de Valladolid

Quintana Roo / Riviera Maya

Actividad chiclera “agoniza" en Felipe Carrillo Puerto; nuevas generaciones tienen menos interés

El legado chiclero en la Península de Yucatán se mantiene vivo gracias a los adultos mayores, quienes consideran esta labor un pilar de sus usos y costumbres.

Tras el acopio, la savia es sometida a cocción al fuego y es reducida hasta obtener la consistencia del masticable natural
Tras el acopio, la savia es sometida a cocción al fuego y es reducida hasta obtener la consistencia del masticable natural / Justino Xiu Chan

La tradicional actividad chiclera está en peligro de extinción por el desinterés de las nuevas generaciones en mantener este legado.

Los jóvenes prefieren emigrar a la zona hotelera para obtener ingresos sin arriesgar la vida en un árbol de chicozapote; sin embargo, el 2025 registró la mayor recuperación financiera de comercialización al alcanzar los 170 pesos por kilo de la goma masticable, el mejor precio de los últimos años.

Según los jornaleros, la temporada cierra con cifras excelentes al lograr un valor 70 por ciento mayor al registrado en el 2024, periodo en que el producto se vendió a 100 pesos el kilogramo.

Del árbol al paladar: el viaje del chicle natural campechano

Noticia Destacada

El legado del árbol: El chicle natural de Campeche sobrevive al paso del tiempo

Desplome del comercio

Un productor comentó que, al iniciar su labor, la cooperativa compraba el kilo a 40 pesos. Con el tiempo, los costos subieron paulatinamente; sólo el año pasado se adquiría en 100 pesos y actualmente lo recolectan en 170.

La decadencia del oficio

Con el paso de las décadas los chicleros han envejecido y abandonado la práctica, mientras que los egresados de las escuelas emigran a polos turísticos. Buscan el dinero que deja el sector servicios y dejan en el olvido las faenas del campo.

Hace varios años, en el pueblo Pino Suárez se contaba con un promedio de 160 a 180 trabajadores de la resina; hoy en día solamente quedan seis, cuyas edades superan los 47 años y sólo uno de ellos tiene 30 años.

Ante la falta de interés de jóvenes que emigran a la zona hotelera,  sólo una fracción de habitantes en Pino Suárez conserva el oficio.
Ante la falta de interés de jóvenes que emigran a la zona hotelera, sólo una fracción de habitantes en Pino Suárez conserva el oficio. / Justino Xiu Chan

Manuel Chuc Pat mencionó que en su trayectoria enfrentó problemas, principalmente durante la pandemia, cuando la actividad se colapsó por la falta de mercado para la goma. Fue en el 2025 cuando el valor del insumo repuntó, vendiéndose hasta en 170 pesos a la cooperativa de la comunidad Señor, la cual forma parte de la empresa Chicza, encargada de comercializar el chicle natural en el estado.

“Anteriormente no había otras fuentes de ingreso, es por eso que las personas optaban por ser chicleros”, expresó. Recordó que desde pequeño acompañaba a sus progenitores y ya conocía la técnica de corte; al salir de la escuela tomaba sus herramientas y se internaba en la selva, práctica que mantiene hasta la fecha.

Abundó que es un trabajo apasionante en el que aprendió todo el proceso: desde extraer la resina hasta seleccionar los ejemplares cuya corteza debe cortarse para obtener el líquido que se convierte en goma natural.

Mencionó que, en aquel entonces, la situación económica era difícil y el recurso era necesario para continuar sus estudios.

Mujeres de comunidades como X-Yatil participan en la elaboración, fortaleciendo la economía rura
Mujeres de comunidades como X-Yatil participan en la elaboración, fortaleciendo la economía rura / Justino Xiu Chan

En los días libres aprovechaba para ayudar en el hogar, ya que eran ocho hermanos. Le tocó contribuir al gasto común, especialmente cuando sus familiares formaron sus propias células domésticas y él permaneció apoyando a sus padres.

En la selva conocen varios tipos de chicozapotes, desde el chacyah hasta el sacyah, que son de corteza gruesa y aportan más resina, así como el zapote morado. Para obtener una carga importante, deben trabajar por lo menos 40 árboles.

“Debemos seleccionar el ejemplar que brinde seguridad, ya que no podemos subir a cualquiera. Primero debemos evitar accidentes”, relató.

“En mis más de 35 años de labor he sufrido percances, como una fractura de columna al caer de una altura de más de cuatro metros tras cortar accidentalmente la soga”, expresó.

Culminó narrando que “estaba solo y cuando reaccioné pude regresar a mi casa”.

La falta de equipo   de protección y  seguridad social con vierte el ascenso, a más de cuatro metros, en  una de las faenas de  mayor peligrosidad de  esta labor.
La falta de equipo de protección y seguridad social con vierte el ascenso, a más de cuatro metros, en una de las faenas de mayor peligrosidad de esta labor. / Justino Xiu Chan

El gusto por trajinar en la selva maya

Al terminar la secundaria intentó aventurarse fuera del pueblo para laborar en la Riviera Maya. Consiguió empleo en un centro avícola, luego como lavaplatos y posteriormente de ayudante almacenista, donde asumió la titularidad del área a los pocos meses. Tras cuatro años volvió a su localidad en el 2004 para atender las abejas de un pariente y no volvió a salir.

La temporada inicia a finales de mayo y concluye en enero, cuando la lluvia es considerable. Para trabajar se desplaza más de 10 kilómetros al sur de José María Pino Suárez; recorre seis kilómetros sobre la carretera federal y cuatro más dentro de la selva.

Dependiendo de la humedad, un árbol puede dar hasta litro y medio de resina o sólo un cuarto de litro si es pequeño. Si un trabajador logra intervenir 10 ejemplares, capta hasta 10 litros de líquido, pero tras la cocción al fuego sólo se obtienen entre cuatro y cinco kilogramos de chicle. Para alcanzar una marqueta de 11 kilogramos se requieren entre 30 y 40 árboles; en una temporada buena, un chiclero constante puede obtener hasta 150 kilos.

El legado chiclero en la  Península de Yucatán se  mantiene vivo gracias  a los adultos mayores,  quienes consideran esta  labor un pilar de sus  usos y costumbres.
El legado chiclero en la Península de Yucatán se mantiene vivo gracias a los adultos mayores, quienes consideran esta labor un pilar de sus usos y costumbres. / Justino Xiu Chan

Usos y costumbres

Chuc Pat señaló que, al ser considerada una actividad de riesgo, la juventud prefiere trabajar fuera. Por ello, los actuales productores mantienen la labor como parte de un legado cultural. Mediante exposiciones y redes sociales, han contactado a catedráticos interesados en este proceso como estudio universitario. Asimismo, este oficio ha inspirado a cantantes locales como el rapero maya Pat Boy para sus videos musicales.

Isidro Chuc, pionero de la comunidad, vivió momentos de peligro y no abandonó la actividad hasta que la fuerza física se lo impidió. Hoy es visitado por diversas personas para conocer sus conocimientos. Incluso artistas y académicos acuden a él para que su memoria siga viva.

Las marquetas, ya listas para su venta, son entregadas en centros de almacenamientos como la cooperativa de la comunidad Señor
Las marquetas, ya listas para su venta, son entregadas en centros de almacenamientos como la cooperativa de la comunidad Señor / Justino Xiu Chan

Peligro sin atención médica

Rafaela Pat, chiclera de la comunidad X-Yatil, admitió que ningún trabajador cuenta con seguro de vida, lo que hace más peligrosa la tarea al escalar los árboles. Actualmente las cooperativas se ubican en Petcacab, Yoactún, Dzulá y X-Yatil, así como en Campeche, zonas que recibieron por parte del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) la Indicación Geográfica “Chicle Maya de la Península de Yucatán”.

“Es un gran trabajo lo que hace mi esposo y nosotras participamos en el proceso de elaboración”, refirió. El precio del kilogramo ya enmarquetado oscila en 150 pesos. En X-Yatil existen unos 10 campesinos que aún practican el corte, la mayoría adultos mayores, pues los jóvenes prefieren los hoteles de la Riviera Maya.