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Yucatán

'El Charras” luchó por los derechos de la clase trabajadora

Los yucatecos deben mantener viva la memoria y los ideales de Efraín Calderón Lara (a) “El Charras”, luchar porque los derechos de la clase trabajadora sean reales y señalar con el índice de fuego a los autores materiales, ha de llegar la hora que sea dada a conocer la de los asesinos reales, afirmó el profesor Ariel Avilés Marín.

Por su parte, el economista Raúl Vela Sosa sostuvo que el movimiento estudiantil de 1974 fue real, autónomo y además de despertar la ciudadanía en los universitarios, fue uno de los más importantes para construir una sociedad crítica y reflexiva.

Ambos participaron en el desayuno que organizó la Academia Liberal de Yucatán con motivo de los 45 años del asesinato de Calderón Lara, asesor sindical que la oligarquía mandó desaparecer por haber tocado los intereses económicos de las clases pudientes en 1974.

Avilés Marín señaló que “la historia está plagada de hechos ocurridos por los más bajos intereses. La oligarquía ha manchado con sangre la historia, segado vidas fértiles y valiosas si se contraponían a sus intereses, especialmente si eran económicos”.

Mencionó que entre los defensores de los derechos de los trabajadores, tres nombres están inscritos, en primerísimo lugar Felipe Carrillo Puerto, poco tiempo después Rogerio Chalé y el caso más reciente es el de Efraín Calderón Lara.

“Tuvo logros de la mayor trascendencia, nueve sindicatos independientes constituyó con su asesoría. Los beneficios del personal de la Uady tienen la mano del Charras, esas asesorías acumularon el encono de los poderosos”, dijo.

Dijo que “era miembro de una familia profundamente chenera, es decir, de los poblados campechanos con el sufijo Chen. Adda Lara Vda. de Calderón, su madre, quedó viuda a temprana edad. Tenía además temple de acero, no se arredró ante la adversidad, trabajaba en la compañía de aviación en el cruce de las calles 58 por 61. Vivían en la 53 entre 70 y 72, a la vuelta de la Secretaría de Salud. Fue parte de un grupo que se autonombró La Honradez, fue miembro destacado.

“Llegada mi adolescencia me hago parte de un grupo de la 51 con 76 y 72, mis condiscípulos eran de la Modelo, el centro de reunión era casa de las hermanas Ferráez Hevia, formaba parte Rosaura Calderón Lara, tuve tal empatía que con ella bailé la primera vez”, recordó.

Narró que “la familia Calderón me recibía con cordialidad. Pronto, me intereso en los proyectos del Charras, y recuerdo que tenía un problema en la columna vertebral, usaba un chaleco de varillas, se aseguraba con una llave de tuercas. Los sábados me decía que ya era de confianza y le ayudaba a colocarse el artefacto”.

“Mi papá fue su profesor, admiraba a Carrillo Puerto, de ahí nacieron sus ideas. Mi abuelo y mi padre fueron socialistas, así que cuando hablaba con él sobre la función de los sindicatos. Al paso del tiempo la vida nos llevó por otros caminos”.

Y reaparece en las páginas de los periódicos con los conflictos de la industria de camioneros, de la construcción. Histórica fue la firma del primer contrato colectivo con la universidad. De pronto cunde la noticia de que El Charras ha sido levantado, acudo a expresar mi solidaridad a la familia, ahí coincido con Silvia Cárdenas Vales, encuentro a Fidel Rodríguez abatido, nos informa que hallaron el cuerpo sin vida.

“A consecuencia del crimen se desata la lucha, pronto va tomando otro giro, se añaden otras agrupaciones, el movimiento es amplio y extenso, lamentablemente lo más coherente terminó con una derrota. Tratan de perder la memoria de quién fue el Charras, al teatro de la Uady que llevaba su nombre se le quita el nombre y se le pone el de Felipe Carrillo Puerto”.

Vela Sosa expresó que se dio el primer cierre de calles, paro general, y los estudiantes escuchamos impactos de bala en el edificio central, eso agravió más a la universidad y desvió cualquier acusación de oportunismo político. El rector Alberto Rosado G Cantón hizo un pronunciamiento. La rectoría no pudo ser tomada, sino que era nuestra.

El Consejo Universitario acordó formular la más enérgica protesta por la agresión y apoyó el paro pacífico de los estudiantes, tenemos postura al lado de los estudiantes.

El ponente expresó que se despertó la ira ciudadana con la protesta permanente en instituciones, movilizaron sindicatos, se vivió el movimiento más importante. El movimiento social de 1974 fue tan trascendente que tuvo muchos protagonistas, en 45 años se han dado testimonios, es necesario que se siga haciendo, enriquece la información y consolida la memoria de Efraín, sin negar méritos de más profesionistas al decir movimiento estudiantil es con fines didácticos.

Entre las hipótesis que formuló dijo que las diferencias en los movimientos anteriores al 74, es que tuvieron orígenes diversos pero reivindicaron demandas en el seno de la universidad y sus estudiantes, pero la de ese año obedeció la legítima protesta por la agresión. No fueron un protagonista más, fueron los actores.

“El movimiento del 74 no podía tener compensaciones de movimientos anteriores. Asumieron un papel histórico para exigir la verdad. A la luz de la sociedad el edificio central se arraigó como el referente simbólico de una lucha auténtica”, dijo.

Señaló que estuvo desvinculado de la violencia, en cierres de calles, asambleas, marchas, todo fue en orden. Prevaleció la cultura universitaria como arma de cohesión, orientó con mensajes de no provocación.

Dijo que el peso social de la universidad ante el conflicto, ese fue el epicentro del movimiento, concurrían todas las clases sociales, incluida la clase media.

“La vertiente pedagógica del movimiento, para la generación del 74 la participación fue formativa, obligó a ser analíticos de los fenómenos”, indicó.

Además, contribuyó con la construcción de ciudadanía, formándose como ciudadanos responsables, se educa para un mejor sociedad, también se considera como el procedimiento del logro de una nación más democrática, creo una responsabilidad a la sociedad. El movimiento fue por algo justo.

(Rafael Gómez Chi)