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Yucatán

Un día cotidiano en la Mérida porfiriana

Ricardo Manuel Wan Moguel1

Los caminos de hierro fueron utilizados en la vida cotidiana de Yucatán para mover personas y mercancías de una región a otra. Sin embargo, aún no hay un análisis riguroso y serio de la cantidad de productos que fueron movidos a través de ellos, pero algunos autores como Manuel Irabién Rosado dicen que solamente de 1892 a 1894 se transportaron alrededor de 685,913 toneladas en la línea Mérida a Progreso.2 Sin embargo, hay que preguntarse, ¿Todas esas mercancías llegaban en buen estado? ¿Qué pasaba si algunas de ellas resultaban dañadas? El objetivo de este breve texto es presentar el caso de algunos objetos que se dañaron al ser trasladados en un día cotidiano en la Mérida porfiriana.

Corría el verano en Mérida, era exactamente el 14 de julio de 1909 cuando el señor Francisco M. González envió una carta al Director General de la compañía Ferrocarriles Unidos de Yucatán. El señor González trabajaba en El Mundo Elegante, un negocio dedicado a la sastrería, camisería y a toda clase de artículos para caballeros,3 en el que pretendía vender 12 lunas de espejos que pidió a la ciudad de México a uno de los empresarios más importantes en el ramo de los cristales: Claudio Pellandini. Según González, los artículos llegaron en la locomotora de vapor “Sonora” número 1263 y fueron descargados en la estación de La Mejorada. Sin embargo, como él expresa en la misiva, por el descuido de algunos empleados, se cayeron y se rompieron.4

Cuando leí el documento, me pregunté ¿Qué ocurría en estos casos? ¿La empresa estaba obligada a reparar los daños por las pérdidas sufridas? El final de la carta expresa lo que el señor González pedía para resarcir sus pérdidas: “Por consiguiente; en equitativo arreglo de esta justa reclamación, propongo á Ud. Sr. director, que la compañía se haga cargo de los objetos dañados y pague la suma de $1,100 que es el precio de las lunas puestas en los almacenes, advirtiendo que el precio de ellas en México es de $1,500”.

Ante esta petición, los directivos realizaron una investigación minuciosa para obtener detalles de lo ocurrido y concluyeron que el agente de La Mejorada entregó la caja sin daño alguno y el destinatario no realizó observaciones cuando recibió el paquete. Además, dijeron que los objetos se pudieron haber lacerado en el traslado de la estación al negocio del comerciante. No obstante, el director general reconoció que la caja sí recibió golpes en las instalaciones de la empresa, por lo que propuso al Sr. González pagarle “una pequeña cantidad de gratificación”.

1 Historiador, ricardowanmoguel@gmail.com

2 Irabien Rosado, 1928, p.18.

3 Consultado en: http://acervo.bibliotecavirtualdeyucatan.com.mx/janiumbin/janium_zui.pl?fn=64779&jzd=/janium/AP2/LXXXIII-1911-1_2.15/d.jzd

4 Archivo General del Estado de Yucatán, Sección: Ferrocarriles Unidos de Yucatán, Serie: Consejo de Administración, Exp. 16.