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Yucatán

Apodos afectivos entre los cónyuges yucatecos de hace un siglo

Roldán Peniche BarreraYucatán Insólito

Chino, China

Aparte de “amor”, “cariño”, “querido/a”, como se llamaban entre sí los cónyuges yucatecos de hace un siglo (y aún en los años cuarenta), las parejas practicaban otros sobrenombres que no sé de dónde los sacaban, para demostrar su afecto el uno por el otro.

Solíamos escuchar, en nuestras visitas infantiles a los vecinos de la cuadra (más que a los vecinos, íbamos por sus hijos, niños o adolescentes de nuestra misma edad, con los cuales jugábamos a la pelota o a los juegos caseros como el “brinca-burro”, el “pesca-pesca”, el “guarda-guarda” y aquellos llamados “encantados” que ciertamente nos divertían. Pero decíamos que era común escuchar que un cónyuge le dijera al otro la palabra “chino/a”, lo que, a nuestra edad, no dejaba de asombrarnos porque aquellos vecinos no eran chinos, ni japoneses, ni nada parecido a lo oriental; sin embargo, insistían en llamarse mutuamente “chinos”. Según Santamaría, “chino” es expresión de cariño como “chato”, “chico”, definición que nos aproxima más al dicho hábito yucateco.

Pero es el sabio filólogo Dr. Amaro Gamboa (citado por el Dr. Güémez Pineda) quien nos expresa con claridad:

chino s.m. 1 El término “chino” se convierte en hipocorístico o voz cariñosa para llamar o dirigirse a amigos y conocidos.

Proseguiremos mañana.

Christian Cardeña: ¡Novelista desde los once años! (II)

Las ideas emanadas de sus lecturas se amotinan en el cerebro de Christian Cardeña. Escribe, crea y recrea, y se inclina como está dicho por la ciencia ficción y nada como la práctica: con renovada fe va inventando todo un mundo de inusitados episodios que atrapan al lector en escenarios de violentos coloquios de cortas líneas y un mundo fabuloso que nos va llevando sin solución de continuidad por dimensiones extrañas.

Para ser novelista hay que ser audaz, y Christian lo es, sin tratar de “epatar al burgués” (como dicen los franceses), y sin tomarse libertades que acaso desvirtuarían el auténtico espíritu de la novela, especialmente del género de ciencia ficción, poco cultivado en Yucatán con buen éxito a la manera, sólo por brindar un ejemplo, de Juan José Morales, escritor brillante desaparecido no hará mucho. Algunas de las virtudes de nuestro joven novelista en el arte de Bradbury serían las siguientes:

a) Total comprensión de lo que una novela de este género ha de requerir.

b) Pulcritud gramatical indisputable: ortografía, sintaxis, estructuras morfológicas, etcétera.

c) Inventiva tanto en la descripción de sus escenarios como en la de su dramatis personae (válganos el término teatral), esto es, los personajes de los argumentos: el Raptor, los yumers, Astal, Mulgur, Raynor, Regor, Fulderin, Mandores, nombres extraños que nos recuerdan a Diávolo, Brick Bradford, Mandrake, Ras Riley, la Maga Sonia, el Dr. X, Planetius, Genius, algunos de los personajes de ciencia ficción que devorábamos en los cuadernos de historietas de nuestra época los domingos.

d) Sustentar el suspenso sin decaimiento de ninguna naturaleza.

e) Amenidad narrativa que atrapa al lector.

(Concluye mañana).