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Yucatán

La fortaleza de la familia Carrillo Puerto se manifestó en Felipe y su madre

Juan Apolo Durán Castillo

Dos relatos inéditos de despojo y valentía

La vida de Felipe fue marcada por sus actos congruentes con su inquieta formación a favor de los más desposeídos. Fue la resonancia de la familia Carrillo Puerto de Motul. En su niñez compartió con sus compañeritos indígenas aquellas bancas binarias que tenían un agujero al frente en medio para poner el tintero en donde remojábamos la plumilla incrustada en un palillo para hacer las tareas de caligrafía y otras. Sintió de cerca el olor y sudor de campo de los niños campesinos en sus juegos infantiles de pesca pesca, encantados, brinca burro, tantinkul. El no era niño campesino y los recursos de sus padres provenían del producto de la tienda que tenían en Motul y otras actividades comerciales que realizaban. La bondad de doña Adela Puerto despertó en el niño Felipe un sentimiento de compasión porque ella compraba cuanta leña le llevaban los campesinos aún sin necesitarla y les pagaba lo justo y más para ayudarlos. En ese ambiente Felipe registró en su memoria las gratas palabras de la lengua maya que se hablaba en aquella época en todas las poblaciones de Yucatán.

En la adolescencia de Felipe Carrillo Puerto, por las frecuentes correrías que hacia en los montes y haciendas aledañas a Motul, conoció a una anciana maya que vivía detrás de los terrenos de Dzununcán y solamente se expresaba en lengua maya. El la visitaba con mucha frecuencia para llevarle algunas provisiones y perfeccionar su incipiente conocimiento de la lengua maya, eso despertó hacia ella un profundo cariño. En una ocasión al ir a verla, como de costumbre, se encontró que el dueño de la hacienda había ordenado que se cerrara con albarradas el único camino que recorría en sus frecuentes visitas a su amiga la Xteban. La molestia de los campesinos se manifestó y lo dieron a conocer a las autoridades municipales que finalmente no les hicieron caso. Fue cuando el joven Felipe personalmente derribó aquel obstáculo, que a la queja de los dueños lo aprehendieron y lo llevaron al palacio municipal con la intención de castigarlo. La intervención de su padre Justiniano Carrillo Pasos, respetable comerciante, resolvió aquel entuerto producto de un impulso juvenil de verdadera justicia.

Es muy larga la relación de hechos que ubican a Felipe Carrillo Puerto congruente y se anotan el que fue empleado de un circo y alguno de sus biógrafos le atribuyen que su joven corazón lo impulsó a seguir a una bella cirquera. Por su figura esbelta y su atractivo rostro participó en algunos actos circenses.

Su incursión en el periodismo con el Heraldo de Motul fustigando a los explotadores del pueblo maya y a los pobres, le granjeó el odio de los potentados que escogieron a un foráneo avecindado en Motul llamado Néstor Arjonilla para que lo asesinara. El desafío final, después de varias disputas, sucedió en el parque del pueblo en donde Felipe acabó con la vida de su rival, quien pretendió matarlo a traición. Fue liberado determinándose que fue en defensa propia.

Es poco conocida su incursión en la Revolución Social Mexicana iniciada con las armas al clamor del Plan de San Luis en 1910 de Francisco I. Madero. Fue cuando Felipe Carrillo marchó a Morelos para unirse en 1913-14 a los zapatistas alzados al grito de tierra y libertad del Plan de Ayala. Su participación en Comisión Agraria para la entrega de tierras en Cuautla le sirvió para graduarse como auténtico agrarista que luego siendo presidente del Partido Socialista del Sureste, a través de las Ligas de Resistencia en todo los municipios y como gobernador de Yucatán, se implantaron en beneficio y defensa de los campesinos y obreros. En Maxcanú, mi pueblo, mi tierra y mi serranía se llamó Liga de Resistencia Manuel González, que desafortunadamente hoy el local está convertido en mercado de todo, quedando en las paredes el eco de las voces campesinas que se reunían para planear proyectos productivos o defender sus derechos. Hoy la única voz de protesta en remembranza a aquellos días es la de mi amigo Lorenzo Ho apodado “Garza”, casi ciego e inválido, que yo veo con simpatía. Algún día volverá a ser el foro campesino.

Concluyo esta incompleta nota con el grato encuentro, el domingo pasado en Chuburná Puerto del municipio de Progreso, con parte de los descendientes de Acrelio Carrillo Puerto, hermano del Mártir del Proletariado. Me causó ternura Doña Libia Eli Carrillo Gómez con sus ciento cuatro años de edad hija del aludido, a Doña Magali Hernández nieta quien me relató dos pasajes supongo inéditos: que después del injusto sacrificio de Don Felipe, su abuelo Acrelio fue despojado del estanquillo que tenía en los bajos del palacio municipal y que por muchos días se escondió en unos sótanos de la penitenciaria debido a la persecución que el chacal Ricárdez Broca había ordenado; que la familia colocó en la Rotonda una placa en la que señalaba que Felipe y sus hermanos habían sido asesinados, pero que manos extrañas la quitaban y colocaban otra en que señalaba que fueron fusilados. Su tía Adela Puerto, después de insistente vigilancia, salió rifle en mano y con toda valentía se enfrentó a los militares usurpadores. Desde entonces la placa familiar permaneció en la Rotonda del Partido Socialista.

Ahí en ese casual encuentro estaba Claudia Granados Hernández, bisnieta, y su esposo Efrén Nick y la tataranieta Ivana Nick. Los testimonios directos son válidos para la historia y doña Libia Eli Carrillo Gómez es uno de ellos con su ya larga vida. Mi agradecimiento por tan amable charla en la que se nota el orgullo de sus orígenes.