En Yucatán crece una preocupación latente: el consumo de sustancias entre niños, adolescentes y jóvenes está dejando una huella profunda en su salud física y mental. Tres de cada diez menores de 13 años ya han probado alcohol, según una encuesta estatal respaldada por el modelo Planet Youth aplicada a más de 20,000 estudiantes. En muchos casos, el alcohol fue suministrado por familiares; en otros, el hogar fue el escenario de consumo inicial.
Municipios como Kanasín, Umán, Progreso, así como colonias del sur y poniente de Mérida como Emiliano Zapata Sur y Ciudad Caucel, concentran una alta incidencia de consumo entre jóvenes de entre 12 y 17 años.
Especialistas del Hospital O’Horán y Centros de Integración Juvenil advierten que, en escuelas y parques de Yucatán, inhalantes como pegamento y marihuana se encuentran al alcance de menores de primaria y secundaria. En la clínica se atienden semanalmente seis nuevos casos de jóvenes experimentando sustancias, donde el uso experimental representa cerca del 50% de los casos detectados.
Problema en aumento
El problema lleva varios años en crecimiento. Datos del Sistema de Vigilancia Epidemiológica de Adicciones revelan un incremento cercano al 40% en consumo durante el 2023 respecto al año anterior. Se atendieron 1,753 personas con problemas de adicción, siendo el tabaco la sustancia de inicio más frecuente (36.1%), seguida del alcohol (34.7%) y la marihuana (20%).
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Paralelamente, el Observatorio Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama‑Omsmcd) documentó casi 5,000 casos de alteraciones mentales relacionadas con el consumo de sustancias en 2024.
Las condiciones más comunes incluyen ansiedad (2,632 casos), depresión (1,565), trastornos de conducta en adolescentes (223 casos) y otros como TDAH, estrés postraumático y discapacidad intelectual Además, se identificaron 368 casos vinculados exclusivamente al consumo de alcohol y 468 por múltiples drogas.
De acuerdo con los reportes oficiales, los municipios de mayor riesgo incluyen Kanasín, Umán y Progreso, junto con colonias de Mérida como Emiliano Zapata Sur y Ciudad Caucel.
Diagnósticos puntuales
En las escuelas secundarias, especialmente las ubicadas en zonas con alta incidencia, se han realizado diagnósticos puntuales. En Umán, por ejemplo, un estudio aplicado a 550 estudiantes de secundaria detectó que 27 presentaban signos de propensión al consumo de sustancias. Ante este hallazgo, el Centro Estatal de Prevención del Delito y Participación Ciudadana de Yucatán (Cepredey) activó protocolos de seguimiento con apoyo de la Secretaría de Salud y la Coordinación de Educación Inclusiva, brindando atención psicológica y orientación personalizada.
Estos datos reflejan una realidad que va más allá de lo anecdótico. De acuerdo con Zayuri Valle Valencia, directora del Cepredey, el alcohol continúa siendo la principal sustancia de inicio, pero el uso de vapeadores y otras drogas sintéticas ha crecido de manera alarmante. La funcionaria explica que los adolescentes se enfrentan a una oferta creciente de productos altamente adictivos, algunos de ellos promovidos de forma encubierta en redes sociales.
“Lo preocupante es que muchos de estos jóvenes no son conscientes de lo que están consumiendo, y en algunos casos ya es difícil revertir los daños”, advierte Valle Valencia.
Acciones preventivas
La estrategia estatal de prevención tiene como base el programa Aliados por la Vida, que busca involucrar a padres de familia, docentes, asociaciones civiles y medios de comunicación en un esfuerzo coordinado. Este modelo considera que los factores de riesgo deben ser atendidos desde el entorno inmediato: la familia, la escuela y la comunidad.
Con esa lógica se implementa también el modelo islandés Planet Youth, una metodología internacional basada en datos. En Yucatán, este año se ha aplicado la encuesta “Juventud y Bienestar” en 14 municipios con la participación de más de 21 mil jóvenes. Los resultados permitirán conocer las condiciones familiares, escolares y sociales que influyen en el consumo, y así diseñar políticas más efectivas y adaptadas a cada contexto.
En instituciones como el Cetmar No. 17 de Progreso, se han celebrado jornadas integrales con el lema “Si te drogas, te dañas”. Las actividades incluyeron torneos deportivos, concursos de murales, dinámicas musicales y rifas que refuerzan mensajes de prevención desde el lenguaje y los intereses juveniles. Estas acciones forman parte de la estrategia de normalización de la cultura del autocuidado.
Nuevo programa
Pero el trabajo de Cepredey no termina con las vacaciones. Para el mes de septiembre se tiene previsto el arranque del nuevo programa CAP (Comunidad, Aprendizaje y Prevención), diseñado para durar cinco meses en centros escolares y en hogares. Su objetivo es construir entornos protectores con la participación activa de madres, padres y docentes, a través de talleres presenciales sobre salud mental, límites familiares,
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“Trabajamos casa por casa, involucrando a las familias, porque la prevención no termina en la escuela: comienza en casa”, recalcó la funcionaria.
“El Gobernador ha sido claro: no basta con enterarnos de un caso, hay que actuar de inmediato. Por eso, a través del programa Aliados por la Vida, estamos asegurándonos de que cada joven y cada familia tenga acompañamiento, porque la prevención no termina en la escuela, comienza en casa”, afirma Valle Valencia.
Además, el mes de julio del año pasado, la Segunda Sesión Ordinaria del Consejo Estatal de Juventudes acordó ampliar la profesionalización de atención psicológica en escuelas y comunidades, generar un repositorio digital de servicios especializados, intercambiar protocolos para casos de adicciones y organizar una Jornada Estatal con enfoque preventivo
El reto continúa: combatir los estragos de adicciones iniciadas desde edades tempranas, prevenir reacciones irreversibles como trastornos mentales graves, y fortalecer el tejido comunitario en zonas vulnerables. La clave del éxito: mantener continuidad en los programas, certeza presupuestaria y participación real de familias y escuelas.
Esfuerzo que debe sostenerse
Si bien las acciones impulsadas por el Cepredey muestran un avance en términos de cobertura y enfoque, los expertos coinciden en que se necesita continuidad, evaluación y financiamiento suficiente para mantener los programas más allá del calendario escolar. Las comunidades, por su parte, demandan que los resultados de las encuestas se traduzcan en programas permanentes, con seguimiento clínico, orientación vocacional y oportunidades reales para la juventud.
Por lo pronto, el Cepredey asegura que continuará fortaleciendo su presencia en las zonas más vulnerables de la entidad yucateca, con especial énfasis en el regreso a clases, cuando los entornos escolares juegan un papel determinante en la detección temprana y la atención integral a las adicciones.