En el marco del Día Mundial del Parkinson, que se conmemora hoy 11 de abril, la gerontóloga Cristina Angélica Ruiz Ojeda del Centro de Salud Mérida destacó la importancia de generar conciencia sobre esta enfermedad neurodegenerativa que afecta principalmente el movimiento y la calidad de vida de quienes la padecen.
La especialista explicó que el Parkinson se origina por la pérdida progresiva de neuronas encargadas de producir dopamina, una sustancia clave para la coordinación de los movimientos. Aunque suele presentarse con mayor frecuencia en personas mayores de 60 años, también puede diagnosticarse en edades más tempranas, incluso desde los 25 años, aunque los casos entre los 40 y 50 años no son tan comunes. Asimismo, señaló que la enfermedad se presenta con mayor incidencia en hombres que en mujeres.
Entre los síntomas más característicos se encuentran los temblores, la rigidez muscular, la lentitud en los movimientos y la inestabilidad postural. Estas manifestaciones pueden derivar en consecuencias como sedentarismo, caídas, fracturas y una disminución significativa en la calidad de vida, e incluso, en etapas avanzadas, pueden contribuir al fallecimiento del paciente.
Ruiz Ojeda subrayó que, si bien el Parkinson no tiene cura, un tratamiento oportuno y adecuado permite mejorar considerablemente las condiciones de vida de quienes lo padecen.
Indicó que diversos factores pueden influir en su desarrollo, entre ellos la genética —incluso con antecedentes de hasta tres generaciones, así como el estilo de vida, la alimentación y el estado general de salud.
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Enfermedades crónicas como la hipertensión, la obesidad y la diabetes, además del consumo de sustancias adictivas, pueden incrementar el riesgo de aparición o complicar su evolución.
La gerontóloga enfatizó que el abordaje ideal debe ser multidisciplinario, integrando áreas como neurología, fisioterapia, psicología, enfermería, nutrición y gerontología, con el fin de brindar una atención integral.
Añadió que es fundamental realizar estudios neurológicos para un diagnóstico oportuno; en muchos casos, la valoración inicial puede efectuarse con un gerontólogo, quien posteriormente canaliza al paciente con el especialista correspondiente para determinar el tratamiento más adecuado.
En cuanto a la prevención y manejo no farmacológico, Ruiz Ojeda destacó la importancia de mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física de manera regular y seguir estrictamente los tratamientos médicos indicados.
También recomendó fomentar la rehabilitación física y las actividades cognitivas, así como adaptar el entorno del paciente para facilitar su autonomía y evitar limitar su independencia en las actividades básicas de la vida diaria.
En conclusión, la especialista subrayó que la sensibilización social es clave para comprender la realidad de quienes viven con esta enfermedad. En ese sentido, hizo un llamado a la población a informarse y a brindar apoyo a las personas diagnosticadas, recordando que un acompañamiento adecuado y el acceso a servicios de salud especializados pueden marcar una diferencia significativa en su bienestar y calidad de vida.