Leona Vicario, Puerto Morelos vuelve a vestirse de luto y terror. El jueves 2 de abril, un fuerte operativo con camionetas polarizadas, elementos de la Marina y personal del Servicio Médico Forense irrumpió en la localidad, confirmando lo que los habitantes ya sospechaban: el crimen organizado sigue enterrando a sus víctimas en tierra quintanarroense.
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En un predio de la calle Bagre, cerca de una iglesia pentecostal, autoridades aseguraron marihuana y detuvieron a Karely de los Ángeles “N” por narcomenudeo.
Sin embargo, el verdadero horror surgió cuando un binomio canino de la Unidad de Personas Desaparecidas marcó positivo en un terreno colindante: al menos 12 restos humanos fueron localizados en lo que se perfila como una nueva narcofosa. Horas más tarde, en un segundo cateo sobre la calle Costera del Golfo, detuvieron a María Ceferina “N”, también por delitos contra la salud.
Los inmuebles fueron sellados, pero la información oficial sigue bajo hermetismo total. Vecinos expresaron su indignación ante la recurrente violencia en la zona. “Ya no es la primera vez. En noviembre del año pasado encontraron más de 16 cuerpos en el rancho Sac-Lol. ¿Cuántos más tienen que aparecer para que actúen de verdad?”, reclamó Rosa María Canché, residente desde hace 35 años y madre de un joven desaparecido en 2024.
Viven con temor
Pedro Tun, pescador y padre de familia, señaló que viven con miedo constante. “Sabemos que hay fosas y personas que se esfuman sin dejar rastro. La Marina y la Fiscalía llegan cuando ya hay cadáveres, pero ¿dónde están cuando ocurren los levantones?”, cuestionó.
Agregó: “Nos tienen abandonados. El municipio se vende como destino familiar, pero en las colonias estamos en zona de guerra”.
El historial es alarmante. Apenas en noviembre de 2025, en este mismo poblado, se localizó un entierro clandestino con al menos 16 restos. Puerto Morelos cerró marzo de 2026 con cinco ejecuciones y dos desapariciones.
La inseguridad no cesa; grupos delictivos disputan el control de rutas y el cobro de derecho de piso en una demarcación que debería ser pacífica.
“Mi hermano salió un día a trabajar y nunca regresó. Ahora nos enteramos de que hay fosas a la vuelta de la casa. ¿Cuántos más están bajo tierra aquí?”, expresó con voz entrecortada Laura Mendoza, familiar de una víctima.
Mientras las autoridades se limitan a asegurar viviendas y guardar silencio, los habitantes exigen respuestas concretas sobre la identidad de las víctimas y la relevancia de las detenciones.
La ciudadanía cuestiona hasta cuándo el Gobierno del Estado y el Ayuntamiento seguirán minimizando una crisis que convierte a esta región en un cementerio oculto.
Bacalar, Tulum y Puerto Morelos, antes sinónimos de paraíso en el Caribe Mexicano, hoy comparten el mismo flagelo.
La población ya no confía en operativos mediáticos; demanda justicia, la depuración de la Policía Municipal y un combate real a la delincuencia.
Mientras los turistas disfrutan de las playas, en Leona Vicario las madres siguen buscando a sus hijos entre la tierra removida.
El mensaje es contundente: la sociedad exige verdad y castigo a los culpables de las narcofosas que siguen lacerando al estado.
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JGH