La quietud que caracteriza a la vida cotidiana en Yucatán contrasta con un fenómeno cada vez más frecuente y dañino: la proliferación de delitos cibernéticos y las extorsiones digitales que acechan desde el mundo virtual hasta hogares, negocios y dispositivos personales.
Aunque en la región la violencia física ha sido históricamente baja en comparación con otras partes del país, la amenaza digital avanza con pasos firmes.
El comandante Marco Antonio Maya, director de Antiextorsiones y Delitos Cibernéticos de la Secretaría de Seguridad Pública de Yucatán (SSP), advierte que el aumento de estos crímenes tiene en muchos casos un denominador común: el descuido de la ciudadanía al compartir datos e información sensible en línea.
Entrevistado en POR ESTO!, Antonio Maya subraya que este fenómeno tiene raíces profundas en la forma en que la sociedad interactúa con las tecnologías digitales.
“Muchos usuarios exponen en redes sociales su información privada: fotografías, ubicación en tiempo real, detalles de viajes e incluso datos sobre sus propiedades”, explicó el comandante. Esta sobreexposición se convierte en un mapa de vulnerabilidades que los ciberdelincuentes explotan para identificar y dirigir sus ataques.
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La comodidad de realizar transacciones en un clic –comprar, vender, comunicarnos o acceder a servicios– ha sido también un factor que ha facilitado el terreno para fraudes sofisticados que van más allá de una simple llamada telefónica.
Aunque esta actividad delictiva no es algo nuevo y existe desde hace 20 años aproximadamente, en la entidad cada vez es más frecuente en estos tiempos sobre todo en llamadas de extorsión y ventas falsas en redes sociales, que van desde teléfonos celulares, equipos de cómputo hasta automóviles.
Secuestro virtual y extorsión telefónica
En Yucatán la extorsión telefónica, particularmente en su modalidad de secuestro virtual, ha arraigado con fuerza. El mecanismo es siempre el mismo: una llamada desde un número desconocido informa a la víctima que un familiar ha sido secuestrado y exige pago bajo amenaza. A pesar de que la persona supuestamente “retenida” no está en verdad en peligro, el pánico se siembra con rapidez y la víctima –o sus familiares– termina cediendo.
Organismos como Coparmex han reportado que alrededor del 43 por ciento de las extorsiones en la entidad se dan por medio de engaños telefónicos de este tipo.
Aunque Yucatán no figura entre las entidades con mayor incidencia nacional, esas cifras han mostrado tendencias al alza que preocupan a expertos locales.
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La combinación de fraude, extorsión y robo de identidad se traduce en miles de llamadas y reportes cada año, con cifras que a veces ni siquiera se denuncian por temor o desconfianza en el sistema.
El rol de la Inteligencia Artificial
Una dimensión relativamente nueva de esta problemática es la utilización de inteligencia artificial (IA) por parte de los delincuentes. Según Maya, herramientas digitales permiten ahora falsificar voces, gestos e incluso generar comprobantes bancarios falsos con una sola fotografía de la víctima.
Estas técnicas –conocidas en el ámbito de seguridad informática como deepfake y manipulación generativa– elevan la complejidad y el impacto de los fraudes, puesto que los engaños parecen mucho más reales y convincentes.
La amenaza no se limita al ámbito de las extorsiones puras. Los ciberdelincuentes también simulan comunicaciones oficiales de instituciones bancarias o gubernamentales para obtener datos confidenciales que posteriormente utilizan para extorsionar o vaciar cuentas.
El comandante Maya recalca la importancia de obtener información de fuentes oficiales y verificar siempre la autenticidad de cualquier contacto que solicite datos personales o financieros.
Los números detrás del fenómeno
Los datos oficiales y encuestas recientes reflejan la magnitud del reto digital. En Yucatán, la Unidad de Policía Cibernética de la SSP canalizó al Ministerio Público más de 800 reportes relacionados con delitos cibernéticos en 2024, entre los que destacan el acoso digital, amenazas, usurpación de identidad, difamación y extorsiones, además de fraudes en comercio electrónico.
A nivel más amplio, encuestas sobre victimización sitúan al fraude como el delito de mayor incidencia en el estado, con más de 200 mil casos reportados y altísimas cifras negras –delitos que no se denuncian formalmente– que superan el 98 por ciento.
Más allá de fraudes y extorsiones, otros estudios han revelado que una proporción significativa de la población yucateca ha sufrido algún tipo de agresión digital, ya sea acoso, ciberbullying o amenazas, especialmente a través de plataformas como Facebook y WhatsApp.
Prevención y denuncia
Frente a este panorama, las autoridades llaman a la prevención activa. Marco Antonio Maya ofrece recomendaciones claras: verificar la autenticidad de URL y candados de seguridad en sitios web, evitar compartir información sensible en plataformas no certificadas, y nunca proporcionar datos personales o bancarios a través de medios no oficiales. También insistió en que, si una persona cae víctima de un fraude o extorsión, es esencial mantener la calma, denunciar de inmediato –al 911 o al 089– y colaborar con las autoridades para permitir la investigación correspondiente.
“La denuncia no sólo ayuda a la víctima individual, sino que permite a las instituciones trazar patrones, identificar redes criminales y fortalecer las estrategias de combate digital”, señaló el comandante.
Una amenaza en crecimiento
En un mundo cada vez más interconectado, la línea entre seguridad y vulnerabilidad digital es cada vez más delgada. Los delitos cibernéticos y las extorsiones digitales, que no dejan huellas físicas pero sí profundas secuelas económicas y emocionales, exigen no sólo respuestas tecnológicas, sino también educación social y cultura de prevención.
Mientras el crimen digital evoluciona, la sociedad yucateca enfrenta el reto de adaptarse, informarse y fortalecer su defensa en el terreno invisible pero determinante de la red.