El Centro Histórico de Mérida está dominado por edificios antiguos y construcciones más recientes que, al paso del tiempo, han reducido significativamente las áreas verdes.
Entre calles, fachadas y banquetas, los espacios naturales son cada vez más escasos en el paisaje urbano; no obstante, la naturaleza ha encontrado otras maneras de manifestarse.
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En grietas, muros, canaletas y techos, pequeñas plantas emergen como signos de adaptación y resistencia; brotes espontáneos que evidencian la capacidad de la vegetación para abrirse paso incluso en entornos dominados por el concreto.
Aunque discretas, estas presencias son parte del paisaje cotidiano y recuerdan que, pese al crecimiento urbano, la naturaleza reclama su espacio y convive con la arquitectura histórica.
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Especialistas señalan que esta vegetación espontánea tiene un valor simbólico y ecológico, al reflejar la resiliencia de los ecosistemas y aportar, de manera limitada, a la regulación térmica y a la presencia de vida en zonas altamente intervenidas.
Estos detalles que suelen pasar desapercibidos invitan a reflexionar sobre la necesidad de integrar más espacios verdes en la planeación urbana sin perder la identidad histórica de Mérida.