En las calles del Centro Histórico de Mérida, entre turistas, comercios y peatones, un pequeño dispositivo metálico colocado en postes y paredes busca convertirse en una herramienta de defensa para las mujeres.
Se trata de los botones de alerta segura, un sistema conectado con la Policía Municipal que permite reportar situaciones de riesgo, entre ellas el acoso callejero.
La directora del Instituto de la Mujer de Mérida, Yahaira Centeno, explicó que el programa continúa vigente y opera de forma coordinada con las cámaras de videovigilancia instaladas en el primer cuadro de la ciudad.
Actualmente existen alrededor de diez dispositivos activos en el Centro Histórico. Cuando una mujer presiona el botón, el sistema activa de inmediato una cámara que comienza a grabar lo que ocurre y abre un canal de comunicación mediante un intercomunicador con personal de seguridad.
Al mismo tiempo, se envía una alerta a la Policía Municipal para que una patrulla acuda al lugar. “El protocolo establece un tiempo máximo de respuesta de seis minutos, mientras la persona puede comunicarse con el centro de monitoreo”, explicó la funcionaria.
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Las mujeres también pueden solicitar apoyo directamente a policías cercanos o llamar a la línea telefónica del Instituto de la Mujer, que opera las 24 horas para brindar orientación, acompañamiento psicológico y asesoría jurídica.
Si la víctima no puede permanecer en el sitio, el personal de apoyo puede solicitar –con su consentimiento– datos de contacto para darle seguimiento al caso y orientarla si decide presentar una denuncia formal.
Pocos reportes... pero no menos violencia
Pese a la presencia del sistema de alerta, el registro de incidentes es mínimo. De acuerdo con el Instituto de la Mujer, durante 2024 únicamente dos mujeres solicitaron apoyo de la Policía Municipal por situaciones de acoso en la vía pública, mientras que en el 2025 no se reportaron casos similares. En lo que va del 2026 tampoco hay solicitudes.
Sin embargo, especialistas y organizaciones feministas coinciden en que las cifras oficiales suelen reflejar sólo una pequeña parte del problema. El acoso callejero –que incluye persecuciones, comentarios sexuales, insinuaciones, tocamientos o grabaciones sin consentimiento– suele quedar sin denuncia.
El miedo a represalias, la normalización social y la desconfianza en las instituciones siguen siendo factores que limitan la denuncia.
Lo que dice la ley en Yucatán
En Yucatán, el acoso sexual está tipificado como delito en el Código Penal estatal. El artículo 308 Bis establece que quien asedie a otra persona con fines sexuales, pese a su oposición, puede recibir penas de dos a tres años de prisión y multas de hasta 500 días.
El delito también contempla el acoso reiterado en espacios públicos o transporte, la captación de imágenes de carácter sexual sin consentimiento y el exhibicionismo con connotación sexual.
Cuando la víctima es menor de edad, existe abuso de autoridad o se aprovecha una situación de vulnerabilidad, las penas pueden aumentar.
Además, el hostigamiento sexual, que ocurre cuando existe una relación de poder –como laboral o académica–, puede castigarse con tres a seis años de prisión.
En años recientes también se incorporaron nuevas figuras legales como el acecho digital y el ciberacoso, sancionados con penas de hasta cuatro años de cárcel dependiendo de la gravedad del caso.
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Un problema que aún permanece invisible
Aunque Yucatán suele aparecer en los rankings nacionales como uno de los estados con menor incidencia delictiva, especialistas en género, advierten que la violencia contra las mujeres muchas veces queda oculta en estadísticas incompletas.
Organizaciones civiles señalan que muchas víctimas prefieren no denunciar porque consideran que el acoso “no será tomado en serio” o que el proceso judicial resultará desgastante.
En ese contexto, los programas de prevención, vigilancia y atención inmediata buscan reducir los riesgos en espacios públicos.
Sin embargo, para activistas y académicas, la clave sigue siendo romper la normalización del acoso y facilitar mecanismos de denuncia accesibles y confiables.
Mientras tanto, en el Centro Histórico de Mérida, los botones de alerta permanecen como una herramienta silenciosa: un recordatorio de que la seguridad en las calles todavía es un desafío pendiente para muchas mujeres.