El primer puente escolar del 2026 llegó como un respiro para miles de familias campechanas. Desde temprano, las calles de la ciudad comenzaron a lucir diferentes: menos tráfico en las avenidas principales y más movimiento en los parques, playas y plazas.
Los niños, felices de tener cuatro días libres, aprovecharon para estrenar bicicletas, patines y balones, mientras que los padres organizaron paseos familiares hacia Playa Bonita en Lerma o escapadas rápidas a los pueblos mágicos cercanos. En los mercados, los comerciantes notaron un repunte en la venta de frutas, mariscos y antojitos, pues muchos hogares decidieron celebrar el descanso con comidas especiales.
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En las colonias, se escucharon risas y música, recordando que los puentes no solo son días sin clases, sino también oportunidades para reforzar la convivencia comunitaria. Algunos aprovecharon para visitar a los abuelos en comunidades rurales, otros para recorrer el malecón y disfrutar de la brisa marina.
El ambiente festivo contrastó con la calma en las escuelas, que permanecieron cerradas, mientras los maestros se preparan para retomar actividades después del Consejo Técnico Escolar.
Más allá del descanso, este primer puente del año se convirtió en un recordatorio de que la vida escolar también necesita pausas, y que en Campeche esas pausas se llenan de tradición, familia y alegría.