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Cultura

La tan mentada transparencia no ha llegado al Congreso de Yucatán

Conrado Roche Reyes

La esperada sesión en el Congreso del Estado para tratar el asunto del matrimonio igualitario terminó en fracaso. Este esperado cambio no se logró establecer en la Constitución del Estado de Yucatán. Al no lograr la referencia a hombres y mujeres por cónyugues de parejas homosexuales, no se consiguió a equiparar a toda la ciudadanía ante la ley.

Según estudiosos de gran nivel, lo mismo que científicos e intelectuales, tener la posibilidad de contraer matrimonio es un derecho que toda persona debe tener, hagan uso de él o no. Las personas o parejas heterosexuales no siempre terminan en matrimonio, pero esa opción siempre está sobre la mesa.

Cuando los homosexuales reivindican poder contraer matrimonio, no están demandando un privilegio. Al contrario. La negación de esa opción supone una limitación a sus derechos como personas. Es decir, son considerados un colectivo inferior que no puede acceder a lo que sí es privilegio de los heterosexuales. Estar casado con nuestra pareja –en mi caso, mi mujer– tiene una serie de ventajas. Tanto el matrimonio hétero, como el homosexual puede beneficiarse de estas.

El hecho de que el matrimonio homosexual sea reconocido es una manera excelente de dar visibilidad a estas personas. Así, ya no viven en un estado de marginación dentro de nuestra sociedad, sino que formarían parte de la ciudadanía.

Ejercer un derecho que se debe de poseer o no es algo con total independencia a la existencia de ese mismo derecho.

Si el Estado utilizara el estado civil para muchas regulaciones, el matrimonio homosexual facilitaría los trámites para estas personas. Estos trámites van desde la recepción de una herencia a la solicitud de un permiso en el trabajo.

Sin haber contraído matrimonio, se encontrarían con impedimentos para algo tan simple como hacer una visita al hospital; en cambio, si se hubiese aprobado el matrimonio igualitario, abre las puertas de la igualdad en multitud de situaciones.

Cuando nuestro estado civil pasa de soltero/a a casado/a, obtenemos ciertas ventajas fiscales. Al equiparar el matrimonio heterosexual con el igualitario, toda la ciudadanía puede disfrutar de aquellas por igual.

El matrimonio igualitario permitiría que más parejas puedan convertirse en padres y madres de niños y niñas sin familia. Considerar que se necesita de un hombre y una mujer exclusivamente para criar a alguien es un grave error.

Siempre han existido parejas muy diversa y todas con la misma capacidad de criar personas sanas y estables.

Pero sucede que aquí, en esta tierra considerada como muy culta y con una larga historia de gente progresista, nuestros ínclitos diputados echaron para abajo la intencionalidad del matrimonio igualitario en una acalorada y fanático-religiosa sesión. Pero esto que ya de por sí es grave, lo es mucho más aún el hecho de que la votación fuera ¡secreta! que para proteger la integridad de los diputados (¿?), hágame usted el maldito favor, que por… “lo polémico del caso”. ¡Jesús María y José!, qué argumento más baladí.

Ciertamente, esta medida tiene visos de una implícita cobardía por parte de “nuestros representantes populares” (a mí no me representa ninguno ni ninguna de estos/as), ya que siempre han sido estos personajes unos “levanta manos” en casos más álgidos y complicados. Por lo que vemos, en estos tiempos de transparencia y pluralidad, esta no ha llegado al Congreso del Estado Libre y Soberano de Yucatán.

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