Cultura

Ecos de mi tierra

Por Luis Carlos Coto Mederos

330

A Serafina en su cumpleaños

Dejemos vanas porfías,

“Sera”, pues según mi cuenta,

andará usted por los treinta

más catorce o quince días.

Son muchas las alegrías

que hasta ahora recibió,

pero aquí pregunto yo

a nombre de mi serrallo:

¿Cómo anduvo anoche el gallo?

El gallo… ¿cómo cantó?

Una joven treintañera

es difícil de servir;

siempre se pone a pedir

lo que menos uno espera.

Por eso es que yo quisiera

(si hasta aquí no se ofendió)

que a lo que pregunto yo

respondiera sin desmayo:

¿Cómo anduvo anoche el gallo?

El gallo… ¿cómo cantó?

Dicen que es tarea dura

atender a una chiquita;

a veces, la pobrecita,

usa más de una frescura.

Mas si hay buena levadura

en quien con ella se unió,

urge gritar como yo:

¡Al machete y a caballo!

¿Cómo anduvo anoche el gallo?

El gallo… ¿cómo cantó?

Reciba mi parabién

y mi cariño sincero;

ya sabe usted que la quiero

de Nicolás a Guillén.

Y aunque todo anda muy bien,

pues que todo se arregló,

mi pregunta no cambió,

y no me rindo ni callo:

¿Cómo anduvo anoche el gallo?

El gallo… ¿cómo cantó?

Nicolás Guillén

331

Ambigüedad

Don Saturnino Callejas,

un vecino del Capiro,

a vender llevaba un güiro

reboso de miel de abejas.

Se tropezó con dos viejas

en un puesto de la plaza,

que por una calabaza

peleaban y discutían

y para reñir tenían

un palo y una tenaza.

De las dos, la más bajita,

que se nombraba Pancracia

empezó a caerle en gracia

y hasta la encontró bonita.

Le suplicó: Señorita,

deje a un lado esa porfía,

señora, para otro día.

Y la vieja contestó:

Y, además, ¿quién lo llamó

si la calabaza es mía?

Si es así yo la respaldo,

siguió diciendo Callejas,

porque las gallinas viejas

siempre dan el mejor caldo.

Mire, como un aguinaldo,

voy a regalarte el güiro.

Y ella, lanzando un suspiro,

arrojando la tenaza

contestó: La calabaza

no se la doy, se la tiro.

Y pegándole liviano,

con la violencia de un tiro,

la calabaza y el güiro

se chocaron en la mano.

Los dos quisieron en vano

por salir del trance aquel,

pero, perdiendo el nivel

fueron de la tierra en pos

y allí perdieron los dos

güiro, calabaza y miel.

Joaquín Díaz Marrero

332

La nariz de Remberto

Nace el sábalo en el río,

el pargo en la mar salobre,

y la foca nace sobre

el hielo mojado y frío.

En el campestre bohío

nace el pobre campesino,

en la China nace el chino,

el poeta en el concierto,

y en la nariz de Remberto

nace un mango filipino.

Rafael García