En un entorno internacional marcado por la desaceleración económica, las tensiones geopolíticas y la fragilidad de los mercados financieros, la economía mexicana volvió a mostrar en octubre señales claras de resiliencia y recomposición interna, desmontando los discursos que insisten en una narrativa de estancamiento o recesión.
De acuerdo con cifras desestacionalizadas del Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), publicadas por el INEGI, la actividad económica creció 1.6% a tasa anual y 1.0% respecto al mes previo durante octubre de 2025. No se trata de un rebote aislado, sino de un avance con bases sectoriales diferenciadas y lectura estructural.
El dato más contundente del mes provino de las actividades primarias, que registraron un crecimiento anual de 11.8%, el mayor entre todos los sectores. Este desempeño confirma que el sector agropecuario se ha convertido en un amortiguador clave frente a la volatilidad externa, resultado tanto de mejores condiciones productivas como del impulso acumulado de políticas orientadas a la soberanía alimentaria y al fortalecimiento del mercado interno.
A la par, las actividades terciarias crecieron 2.5% anual, mostrando un dinamismo amplio y relativamente generalizado. Destacan el comercio al por menor (+4.1%), los servicios profesionales, científicos y técnicos (+7.5%), los servicios de apoyo a los negocios (+9.3%), la salud y asistencia social (+5.6%) y los servicios culturales y recreativos (+5.7%). Estos datos reflejan que el consumo interno y la actividad cotidiana siguen siendo el principal sostén de la economía nacional.
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No es un crecimiento concentrado ni artificial: es un avance que se distribuye en sectores intensivos en empleo y ligados a la demanda interna, lo que explica su mayor capacidad de resistencia frente a choques externos.
El único componente con desempeño negativo a tasa anual fueron las actividades secundarias, con una contracción de -0.7%, explicada por la caída en minería (-0.7%) y manufacturas (-1.4%). Aquí el factor externo es determinante: la desaceleración industrial en Estados Unidos, los ajustes en las cadenas globales de valor y la incertidumbre comercial siguen pesando sobre el sector exportador.
Sin embargo, el dato no es homogéneo ni terminal. La construcción creció 1.5% anual, señal de continuidad en obra pública e inversión privada, mientras que los servicios de energía, agua y gas avanzaron 1.7%. Más aún, en la comparación mensual, las actividades secundarias crecieron 0.7%, lo que sugiere que el sector podría estar tocando fondo y estabilizándose gradualmente.
Un dato que incomoda a la narrativa del desastre
El comportamiento económico de octubre contradice frontalmente el discurso opositor que insiste en un país al borde del colapso económico. Los datos muestran:: Crecimiento anual y mensual, Un mercado interno activo, Servicios en expansión y un sector primario fortalecido.
Lejos de una economía paralizada, lo que se observa es un modelo de crecimiento más apoyado en la demanda interna y menos expuesto a los vaivenes externos, particularmente a los ciclos industriales de Estados Unidos.
Crecer con estabilidad: la diferencia estructural
Este avance ocurre sin desequilibrios macroeconómicos visibles: inflación contenida, estabilidad cambiaria y continuidad institucional. Esa combinación explica por qué el crecimiento, aunque moderado, resulta más resistente que en ciclos pasados, cuando el dinamismo dependía casi exclusivamente del sector exportador.
Expertos coinciden en que el reto hacia adelante no es menor: reactivar la manufactura sin caer en dependencia extrema del mercado estadounidense, elevar la productividad de los servicios y convertir el dinamismo interno en inversión de largo plazo.
Pero los datos de octubre dejan una señal inequívoca: la economía mexicana no se ha detenido; se está reacomodando.