El Día del Amor y la Amistad, que se celebra este sábado 14 de febrero, suele estar asociado con regalos, cenas y demostraciones de afecto.
Sin embargo, también representa una oportunidad para reflexionar sobre el concepto de amor romántico, una idea que durante décadas ha sido moldeada por normas sociales, culturales y económicas.
Desde edades tempranas, se nos enseña que el amor debe responder a un modelo específico: una pareja heterosexual, monógama y con el matrimonio como meta principal.
Esta narrativa, profundamente influida por estructuras patriarcales, ha definido roles de género que condicionan la manera en que las personas se relacionan.
El amor romántico como una construcción cultural
La noción del “amor verdadero” no surge de forma espontánea. Ha sido reforzada por películas, series, canciones y literatura que repiten mitos como la búsqueda de la “media naranja”, la normalización de los celos o la creencia de que el sufrimiento es parte inevitable de amar.
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La escritora Coral Herrero Gómez ha señalado que el amor romántico funciona como un producto cultural basado en mitos que perpetúan desigualdades.
Mientras a las mujeres se les asigna el papel de figuras abnegadas y emocionales, a los hombres se les coloca como protectores y proveedores, reproduciendo relaciones asimétricas.
Las consecuencias de idealizar el amor
Idealizar el amor puede llevar a normalizar dinámicas dañinas. Dependencia emocional, sacrificio excesivo o control disfrazado de cuidado son algunos de los efectos de un modelo que convierte las relaciones tóxicas en algo aceptable.
La filósofa Simone de Beauvoir advertía que el amor solo puede ser una fuente de vida cuando nace desde la fortaleza y no desde la debilidad, subrayando el riesgo de construir vínculos desde la desigualdad.
Nuevas formas de amar: vínculos más libres e igualitarios
En los últimos años, movimientos como el feminismo han cuestionado el modelo tradicional, abriendo paso a nuevas formas de relacionarse: vínculos abiertos, poliamorosos o sin etiquetas, centrados en la autonomía, el respeto y la equidad.
El desafío actual es construir relaciones basadas en la confianza y la igualdad, sin imposiciones culturales que perpetúen desigualdades.
Este 14 de febrero puede ser más que una celebración: también puede ser un momento para repensar cómo amamos y qué tipo de vínculos queremos construir.
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