Durante la conferencia matutina realizada en el Salón Tesorería de Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo fijó con claridad la postura del Gobierno de México frente a la posibilidad de fungir como mediador directo entre Estados Unidos y Cuba, en un contexto marcado por el prolongado bloqueo económico impuesto a la isla desde hace más de seis décadas.
Ante el cuestionamiento de un reportero sobre si aceptaría encabezar personalmente una mesa de diálogo entre el presidente cubano Miguel Díaz-Canel y el mandatario estadounidense Donald Trump, la jefa del Ejecutivo subrayó que esa decisión no depende de México, sino exclusivamente de la voluntad de ambas naciones.
México y su tradición diplomática
Sheinbaum recordó que tanto Cuba como Estados Unidos son países soberanos e independientes, por lo que cualquier proceso de mediación debe surgir de ellos. En ese marco, destacó que la disposición de México para promover el diálogo no responde a intereses personales ni a protagonismos políticos, sino a una línea histórica de política exterior.
La mandataria explicó que esta postura se sustenta en principios consolidados desde hace más de un siglo, como la Doctrina Estrada, que prioriza el respeto a la autodeterminación de los pueblos y la no intervención.
Señaló que dicha doctrina, vinculada a gobiernos como el de Venustiano Carranza y consolidada en etapas posteriores, ha marcado la actuación internacional de México en distintos momentos de su historia, tanto en escenarios complejos como en etapas de mayor reconocimiento diplomático.
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Defensa de la soberanía y solución pacífica de conflictos
La presidenta enfatizó que México, por convicción y por mandato constitucional, defiende la soberanía de los pueblos y apuesta por el diálogo como vía para resolver conflictos internacionales.
En ese sentido, reiteró que el país siempre ha estado dispuesto a “poner la mesa” para facilitar acercamientos, siempre que existan las condiciones políticas necesarias.
No obstante, dejó claro que cualquier avance en la relación entre Washington y La Habana debe surgir de un entendimiento directo entre ambas partes. “Tiene que venir de ellos, no de nosotros”, puntualizó, al subrayar que México actúa como Estado y no como una figura individual.
Un rol histórico sin imposiciones
Sheinbaum concluyó que la disposición de México a apoyar procesos de diálogo responde a su mejor tradición diplomática, orientada a garantizar la paz, la seguridad regional y el respeto mutuo entre naciones.
Sin imponer agendas ni buscar reflectores, aseguró que el país seguirá abierto a contribuir, cuando así lo soliciten las partes involucradas, a la solución pacífica de los conflictos internacionales.
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