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Opinión

El insepulto

Jorge Lara Rivera

Dos sangrientos atentados recientemente ocurridos en 2 convulsas partes del mundo (Africa y Asia –Oriente Medio– del conexo continente Euroasiaticoafricano) desmienten el certificado de defunción que con apresuramiento “express” expidió el presidente estadounidense Donald Trump al fanático “Califato” o Estado Islámico, además de recordar la siniestra persistencia de Al Qaeda causante de la invasión a Afganistán y responsable del ataque a las Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York en 2001.

La fiera actividad de la primera agrupación, directa o por interpósito grupo vinculado a ella ejercida, a la vez que desmiente el deceso de esta fuerza proscrita en Siria y Turquía, y enemiga acérrima de Israel, dio el miércoles 16 al traste con la feliz coartada de su exterminio que el presidente Trump y sus acólitos (Michael Richard Pompeo, su Srio. de Edo., el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Bolton; el vicepresidente Joseph Robinette Biden Jr., y el nuevo secretario de Defensa, Patrick Shanahan) esgrimieron cínicamente para justificar su ambigua decisión de retirar las tropas norteamericanas involucradas en la guerra civil que desde hace 8 años divide a Siria, dejando en la incertidumbre la suerte de sus aliados y de los kurdos que fueron instrumento de sus propósitos ofensivos. La primera acción, ocurrida el martes 15 contra el complejo hotelero y de oficinas Dusit en un elegante barrio de Nairobi, la capital de Kenia, dejó un saldo sangriento de 21 muertos y varios heridos, que fue reivindicada por el grupo islamista somalí Al Shabab conectado a Al Qaeda (vía comunicado en que refiere en 2 páginas que se trató de una respuesta a la decisión del presidente Donald Trump de trasladar la embajada en Israel a Jerusalén, lo que presupone el reconocimiento explícito de esta ciudad como capital del Estado de Israel), provocó el asedio de 20 horas y la evacuación de 700 civiles por fuerzas de seguridad del país africano, a cargo del operativo para liberar a los rehenes.

La organización Al Shabab fue expulsada en 2011 de Mogadiscio, Somalia, tras perder la mayoría de sus bastiones, aunque continúa en control de zonas rurales relevantes desde las cuales prepara misiones guerrilleras y atentados en que explota una bomba, sea por kamikaze o coche bomba, seguida de la irrupción de un comando al lugar asesinando el mayor número de individuos. Entre los heridos hay un ciudadano español residente en Kenia, mientras que las víctimas mortales contaron 11 kenianos, 1 británico, 2 personas de nacionalidad desconocida y al estadounidense Jason Spindler, cofundador de una sociedad especializada en proyectos de economía para los países en vías de desarrollo y quien sobrevivió a los atentados del 11 de Septiembre de 2001 en las Torres Gemelas (donde se encontraban las oficinas de la sociedad de inversiones Salomon Smith Barney en las cuales, como integrante de su personal, laboraba). Empezó con una explosión a la entrada que se oyó a 5 kilómetros del lugar realizada por un yihadista que se inmoló, seguida de disparos que se prolongaron una hora por 4 elementos que usaban fulares rojos atados en la frente y cartuchos atados al pecho, armados con AK-47, armas automáticas y granadas.

En tanto el segundo, el miércoles 16, un brutal ataque suicida con explosivos acaecido en el Norte de Siria, en la ciudad de Manbech, cuya autoría fue reclamada por los guerrilleros de Isis, produjo al menos 16 víctimas fatales, entre quienes se contaron 4 estadounidenses vinculados con la coalición internacional (2 soldados, 1 asesor y 1 empresario relacionado con el retiro del equipo del contingente basado en la zona) que realizaban un patrullaje de rutina en la zona.

Ambos ataques, aparte de minar la poca credibilidad que le queda y amargarle la fiesta a Donald Trump quien enfrenta por estos días con la parálisis del gobierno la resistencia del Congreso norteamericano a entregarle fondos para construir una cerca como solución mágica al complejo problema que las migraciones desde Latinoamérica afronta su país, reviven el malestar de los sectores duros del Partido Republicano a la criticada retirada de Siria, así como conceden razón a los integrantes del complejo militar/industrial estadounidense sobre lo precipitado y riesgoso de ésta, además de reforzar la oposición de los demócratas.

Es un hecho que el autollamado Estado Islámico sigue activo; si es un cadáver, lo es insepulto, mientras que el fantasmal Al Qaeda conserva suficiente capacidad de fuego o se ha regenerado para decepción de los triunfalismos de la Casa Blanca.