María Teresa Jardí
Nos equivocamos todos. No era ¡Nunca Más! Desde el primer día debió ser: ¡Ni perdón, Ni olvido! Y no va a volver a ser ¡Nunca Más!, para siempre es ¡Ni perdón, ni olvido!
Mucho es lo que hemos perdido de lo que como haber teníamos los mexicanos. La educación fue bajada a niveles catastróficos para convertir al pueblo en esclavo incluso de manera “legalizada” por las falsas leyes del macabro sexenio encabezado por Enrique Peña Nieto.
En cumplimiento del mandato yanqui con la complicidad de autoridades de todos los niveles y de empresarios nacionales y extranjeros, sobre todo de extranjeros, convertidos en derrama para los primeros, y en fuente de riqueza inimaginable que gastan en sus países o esconden en paraísos fiscales porque ahí se lava esa riqueza teñida con la sangre de los indígenas arrinconados a los que ahora se quiere despojar de las migajas que conservan. Riqueza producto del suelo arrasado de países tercermundistas con gobiernos sin grandeza, por más legítimos que sean.
Gobiernos incapaces de entender, a pesar de no estar encabezados por corruptos y a los que la pobreza de los muchos les duele: Allende, Lula, Evo, AMLO…, que la lucha es en contra del capitalismo y que el cambio pasa por acabar con el extractivismo. Todo cambio por bueno que sea acaba convertido en más de lo mismo sin esa lucha que es por la vida. No hay capitalismo bueno ni religión sana y menos aún cuando la misma lleva impreso el signo fatídico del fanatismo y ahí está de regreso el fascismo que como fantasma amenaza de nuevo al mundo.
Triste siglo el del retroceso, incluso en lugares como México, donde se está desperdiciando la construcción del cambio que se ofreció y que es por lo que votamos por MORENA, a pesar de ver y entender las alarmas amenazantes que significaban muchos de los que de la mano de AMLO se preparaban para regresar al poder, para conservarlo o para dar el salto a ser ellos y no los otros.
De los otros ya se sabía lo que eran y nada se esperaba. Pero de éstos, aún siendo de los mismos, se esperaba que efectivamente fueran otra cosa llegados con quien ofrecía reconciliación como premisa para alcanzar la paz, asesinada por la falsa guerra calderonista convertida abiertamente en genocidio por el producto televisivo. Y, sí qué bueno que Los Pinos se acabaron como mansión imperial y se convirtieron en Centro Cultural. Pero no se está entendiendo lo que va más allá de errores comprensibles. Lamentable es la primera declaración de Rosario Piedra sobre la no existencia de periodistas asesinados en la 4T. Mal informada la primera presidenta que tiene en su haber venir de una familia de víctimas y el ser ella misma una víctima también. Samir Flores era periodista y fue ejecutado en vísperas de la consulta sobre la Termoeléctrica Morelos porque denunciaba la aplicación, que del Plan Puebla Panamá, revivido, se empezaba a hacer. Ahora ya el descaro es absoluto y nos informan que los de “Singapur” manejarán puertos mexicanos, incluido el del Istmo de Tehuantepec.
Pero igual un error perdonable el de Piedra, lo mismo que si ganó con dos votos más o con dos menos e incluso si hubiera sido nombrada de dedazo también habría sido aceptable. Coincido en que la CNDH necesita un cambio total y creo que Piedra puede impulsar ese cambio que le permita ser un organismo defensor del pueblo, lo que pasa efectivamente, como dice Piedra, por desmantelar ese elefante blanco que tanto dinero costaba y que tan magros resultados daba.
Pero hay errores incomprensibles. El odio que siente AMLO por el EZLN nada bueno le augura a MORENA de cara a un futuro que aunque se sueñe lejano siempre llega. Y lo mismo se puede decir de la falsa consulta sobre el tren maya. Los mayas lo están diciendo y alto claro: “No vendemos ni rentamos la tierra. No luchamos por alguna negociación por el precio de la tierra, nuestra tierra no es negociable, no queremos ser despojados de ella porque es la fuente de nuestra vida, de nuestra alimentación, de nuestro aprendizaje, de nuestra lengua y cultura, por eso no podemos estar fuera de ella ni permitir que sea lastimada...”.
¡Ni perdón, ni olvido! Nos equivocamos antes al pensar que el ¡Nunca más! iba a atajar al fascismo.